5 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos fundamentos (II) – El reino

¿Eres tú el Rey de los judíos?… Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí (Juan 18:33-36)

         Todo rey tiene su reino. En la lógica humana una persona que es proclamada rey debe tener un reino en algún lugar. Ese fue el razonamiento de Pilatos en su conversación con Jesús. El gobernador romano quiso incidir sobre los aspectos de su reinado al ver que Jesús era anunciado por las multitudes como rey de los judíos. La respuesta del Maestro tuvo que dejarle desconcertado: mi reino no es de este mundo.

Como muchos de nosotros, Pilatos tuvo que pensar que no había peligro para su posición, y menos aún para la estabilidad del Imperio Romano, si el reino que se anunciaba no pertenecía a la esfera terrenal, se trataba del hecho religioso, y eso entraba dentro de un terreno que parece no preocupar a la política.

Sin embargo, aunque el reino de Dios no es de este mundo, sí opera en este mundo y tiene una incidencia mayor de la que suponen muchos gobernantes humanos.

Por otro lado, el reino de Dios tiene dos manifestaciones complementarias, por un lado en el corazón de los hombres que reciben al rey como Señor de sus vidas aquí y ahora, y eso siempre tiene consecuencias prácticas en la sociedad; y por otro, debemos entender que el reino de Dios tiene una manifestación futura que sí será palpable y tendrá una repercusión definitiva sobre todos los demás reinos.

El profeta Daniel lo vio de esta forma al interpretar el sueño de Nabucodonosor: Hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días… Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó… Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra… Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre (Dn.2:28-44).

Por tanto, hay una manifestación invisible del reino de Dios que no es de este mundo, pero habrá otra que si será visible y derribará todos los demás reinos. Es lo que llamamos el reino mesiánico, del que hablaremos ampliamente en esta serie. Hoy, dice Pablo, el reino de Dios no consiste en comida y bebida, sino en justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom.14:17).

         El reino de Dios no es de este mundo, aunque ha leudado el mundo con su poder manifestado en justicia, paz y gozo por el Espíritu en sus hijos.

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