4 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos fundamentos (I) – El rey

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de YHVH de los ejércitos hará esto (Isaías 9:6,7)

         Identificar al rey que había de nacer era una prioridad en la esperanza de Israel. Estaba anunciado por los profetas. Vendría de la tribu de Judá, de la familia de David, y nacería en Belén efrata. Cuando este niño nació vinieron de oriente unos magos preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle (Mt.2:2). Cuando el rey Herodes escuchó la noticia entró en pánico. Se sintió amenazado. Y partir de ese momento hizo lo indecible para impedir el nacimiento y posterior crecimiento del niño destinado a ser rey de los judíos.

Unos cuántos en Israel conocían las Escrituras que apuntaban al hijo de José y María como el rey anunciado. Otros no lo identificaron. Estaban confusos. Algunas de sus manifestaciones concordaban con él, pero no acababan de verlo claro. Reconocer la identidad del Mesías necesita una revelación dada por el Padre (Mt.11:25-27) a quienes le esperan, y mantienen una actitud de niños, sin la arrogancia de los pensamientos altivos, y el orgullo de la mente humana.

Cuando el Maestro preguntó a los suyos qué decía la gente de él surgieron distintas opiniones formadas: unos Juan el Bautista; otros que Elías; otros que Jeremías, o alguno de los profetas. Y al preguntar a los discípulos: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo [el Mesías, el Ungido], el Hijo del Dios viviente. Pedro sabía por revelación del Padre que Jesús era el Mesías, el Ungido, un título real para el descendiente de la casa de David que había de venir.

Fue lo que clamaron las multitudes cuando el Señor entró en Jerusalén: ¡Hosanna al Hijo de David! Y está escrito que: Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna (Mt.21:4-11).

El rey ha sido identificado mediante las profecías que anunciaban su llegada como un niño que tendría el principado sobre su hombro, sería llamado Admirable y su reino no tendrá límites. No hay duda: Yeshúa, el rey de los judíos, es el rey que había de venir… Y volverá.

         Los profetas de Israel identificaron al rey que había de venir. Muchos otros testigos posteriores confirmaron que Jesús era ese rey. 

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