19 – ORANDO CON EL SALMISTA

Orando con el salmista - PortadaA ti clamo, oh Señor; roca mía, no seas sordo para conmigo, no sea que si guardas silencio hacia mí, venga a ser semejante a los que descienden a la fosa. Escucha la voz de mis súplicas cuando a ti pido auxilio; cuando levanto mis manos hacia el lugar santísimo de tu santuario (Salmos 28:1,2).

Este salmo, como muchos otros, es de David. Sin embargo, el mensaje no es de rey, sino de siervo. No es de una persona autosuficiente, sino de quien expresa dependencia absoluta en Dios. A ti clamo, oh Señor, con voz de súplica pido auxilio. Tiene su mirada puesta en el lugar santísimo. La sangre de Jesús nos ha abierto un camino nuevo y vivo para poder penetrar más allá del velo, por tanto, podemos acercarnos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna. Ese camino, es camino de santidad, no de soberbia y arrogancia, si no de dependencia en la gracia y la misericordia de Dios.

Gracias Padre que podemos acercarnos en confianza hasta tu trono por la sangre de Jesús. Muestra este camino nuevo y vivo a Israel, y danos en nuestro país la humildad necesaria para reconocer que te necesitamos. Amén.

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