Israel es mi primogénito

Israel primogénitoHay expresiones en la Escritura que no dejan lugar a dudas. Sabemos que muchos las tuercen, hacen decir a la Biblia lo que ellos mismos quieren que diga.

No es nada nuevo. Cuando el sembrador vino a sembrar la buena semilla, de noche hubo uno que estuvo interesado en sembrar cizaña, de tal forma que a la mañana siguiente crecieron juntas la semilla de trigo y cizaña; el aspecto de ambas es parecido, aunque sus naturalezas son muy distintas. Eso mismo ocurre con algunas verdades de la Escritura, que como verdaderos tesoros y perlas, acaban siendo pisoteadas perdiendo el brillo original.

         Una de esas perlas tiene que ver con Israel. Recordemos algunas de ellas. Cuando el Señor envió a Moisés de vuelta a Egipto para entrevistarse con Faraón, le dio un mensaje claro: Y dirás a Faraón, YHVH ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito [1]. Israel es el primogénito de Dios. Es el heredero de las promesas.

Mucho tiempo después, otro enviado del Señor, el apóstol Pablo, mantuvo el mismo mensaje cuando escribió su carta a los Romanos. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas [2]. Las promesas fueron dadas al primogénito, Israel.

         El mismo apóstol mencionó una y otra vez que el evangelio era primeramente para los judíos [3]. También lo enseñó el apóstol Pedro en su discurso ante las autoridades de Jerusalén. Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad [4]. «A vosotros primeramente». El mismo principio. Israel es el primogénito de Dios. Heredero de las promesas.

         También se dice en la Escritura con claridad que Israel es su especial tesoro, su ungido, y el que os toca, toca a la niña de sus ojos. Leamos: Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel [5]. No hay duda, Israel es el especial tesoro de Dios en la tierra.

         También es su ungido, el que ha sido marcado, sellado para una misión especial. En un sentido más amplio, Jesús es el Ungido de YHVH, pero eso no anula la verdad de que Israel es el ungido de Dios con una misión específica en la historia. El salmista se refirió a ello cuando dijo: No consintió que nadie los agraviase, y por causa de ellos castigó a los reyes. No toquéis, dijo, a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas [6]. Todo el contexto del pasaje se está refiriendo a Israel, aunque hoy algunos autodenominados «los ungidos» quieran el monopolio y la exclusividad para sus propios ministerios, amenazando con palabras torcidas a quienes se oponen a sus desvaríos.

         El profeta Zacarías, refiriéndose a Sión, el monte de Jerusalén, dice: Porque así ha dicho YHVH de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo [7]. Sion, (Israel), es la niña del ojo del Señor. El salmista dice del monte de Sion: Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sion, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey [8].

         También tenemos un mensaje claro en la Escritura sobre el pacto que Dios hizo con Abraham y su descendencia, que le daría la tierra de Canaán como herencia para siempre, para mil generaciones. Además dijo a Moisés que los ojos de YHVH están sobre ella. La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo; tierra de la cual YHVH tu Dios cuida; siempre están sobre ella los ojos de YHVH tu Dios, desde el principio del año hasta el fin [9]. Eretz Israel, (la tierra de Israel), ha tenido una historia única entre las naciones; hoy es el epicentro de una gran disputa mundial, y así será hasta que venga el Deseado de todas las naciones [10] para poner sus pies en Jerusalén [11], la ciudad del gran Rey [12].

         Todo esto para volver a recordar cuál es el motivo central del antisemitismo universal, la judeofóbia posterior, o el antiisraelismo político de hoy. La prueba de la existencia de Dios, dijo un sabio al Káiser alemán, es los judíos. Israel sigue siendo el primogénito de Dios, su especial tesoro. Sion y Jerusalén ha sido escogida por el Señor para llevar adelante sus planes redentores. Una tierra y un pueblo escogido, por tanto, despreciado por quienes no son de Dios [13], o viven ciegos de engaño.

         Y no olvidemos que los creyentes (gentiles) en el Mesías judío, Rey de Israel y Deseado de todas las naciones, no le hemos reemplazo, sino que hemos sido injertados en los pactos y las promesas hechas a los padres. No debemos robar las Escrituras al pueblo que fueron dadas, sino beneficiarnos de ellas. En esa posición participamos de la historia pasada y futura de Israel, y por ello compartimos propósito hoy, aunque sea en ámbitos distintos. No hay lugar para el antisemitismo en la vida de la iglesia del Señor, anunciadora de la Sión celestial y esperanza de gloria en la persona de Jesús.

Notas:

[1] – Éxodo 4:22

[2] – Romanos 9:3-5

[3] – Romanos 1:16; 2:9, 10

[4] – Hechos 3:24-26

[5] – Éxodo 19:5,6

[6] – Salmos 105:14,15

[7] – Zacarías 2:8

[8] – Salmos 48:1,2

[9] – Deuteronomio 11:11,12

[10] – Hageo 2:7

[11] – Zacarías 14:4

[12] – Mateo 5:35

[13] – 1 Juan 5:5,6

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