74 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (LXVI) – Babilonia (58)

Por tanto, Aholiba, así ha dicho YHVH el Señor: He aquí que yo suscitaré contra ti a tus amantes, de los cuales se hastió tu alma, y les haré venir contra ti en derredor; los de Babilonia, y todos los caldeos…  (Ezequiel 23:22,23)

         Curiosa forma de terminar un enamoramiento: devorado por sus encantos. La Escritura dice que el corazón del hombre es engañoso, y que solo el Señor lo conoce de verdad. Una y otra vez somos engañados por nuestros sentimientos, que en algunos casos concluyen en tragedia. Fue el caso de la ciudad de Jerusalén después de haberse enamorado perdidamente de los babilonios. Aquellos caldeos vigorosos y viriles acabaron siendo sus propios verdugos.

Hoy tenemos una vez más el tema de la violencia de género en primer plano de las noticias. Algunos hombres que un día prometieron amor eterno, hicieron votos de fidelidad y entrega por su amada, terminan matando a sus amantes después de un proceso degenerativo de la relación que acaba trágicamente. Eso en el terreno de las relaciones personales, siempre complejas.

El caso que nos ocupa en nuestro texto tiene que ver con la fornicación idólatra de una sociedad que acaba siendo devorada por otra. La ciudad de Dios, Jerusalén, ha sido hechizada por la ciudad de perdición, Babilonia.

El juicio no se hace esperar, y es el mismo Señor quién usa a los antiguos amantes para culminar su castigo por la ruptura del pacto de su pueblo. No es un caso liviano. No tiene que ver con un desliz ocasional, una caída en pecado sin la práctica que lo sustente, es más bien un comportamiento sostenido en el tiempo, corregido y censurado por sus profetas en múltiples ocasiones pero sin arrepentimiento.

Estamos ante el pecado de la generación de Manasés, aquel rey de Judá que multiplicó la maldad más allá de lo que había sido la práctica de los pueblos cananeos que habitaban la tierra con anterioridad. Estamos ante la decadencia progresiva y el aumento de la maldad que subió a unos niveles de iniquidad que ni siquiera las reformas del rey Josías, siguiente rey de Judá, pudieron evitar el juicio de Dios sobre el reino del sur.

La voz del profeta Ezequiel liberó el juicio del Santo sobre su propio pueblo. Y me dijo YHVH: Hijo de hombre, ¿no juzgarás tú a Ahola y Aholiba, y les denunciarás sus abominaciones? Porque han adulterado, y hay sangre en sus manos, y han fornicado con sus ídolos; y aún a sus hijos que había dado a luz para mí, hicieron pasar por el fuego, quemándolos (23:36,37). El aborto que se practica hoy en las naciones es un culto idólatra a Moloc.

         El juicio de Dios viene cuando la idolatría produce obras perversas en una sociedad decadente, sin temor de Dios, que incluso mata a sus hijos.

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