17 – Las guerras árabe-israelíes

EL ENIGMA ISRAELComo hemos dicho, los árabes no aceptaron la partición de Palestina, querían un solo Estado Palestino con los judíos viviendo en él como ciudadanos de segunda clase, por tanto, declararon la guerra creyendo que su potencial militar era más que suficiente para exterminar a los judíos y echarlos al mar.

Esas fueron sus intenciones manifiestas y a ello se entregaron con verdadera pasión. Sin embargo, Israel resistió las embestidas del primer mes de guerra, luego se anunció una tregua (hubo varias hasta el final de la contienda) que permitió a los hebreos rearmarse y recibir material bélico que estaba retenido en diversos países.

Cuando se reanudaron las hostilidades Israel fue avanzando y los árabes retrocediendo, hasta llegar al final de la primera guerra, llamada de la Independencia, que duró hasta Julio de 1949. Los árabes no solo no habían exterminado a Israel, si no que perdieron la guerra y el nuevo Estado consiguió más territorio del que inicialmente les fue concedido por la ONU. A partir de este momento se origina el conflicto de los refugiados palestinos. Para entenderlo debemos saber que los países árabes habían obligado a los ciudadanos palestinos de origen árabe a quedarse en la tierra con la promesa de que muy pronto conseguirían derrotar a Israel y dominar todo el territorio. Como no fue así muchos palestinos quedaron atrapados en campamentos a la espera de que fueran reagrupados en sus territorios que ahora dominaba Israel. Los árabes han usado durante mucho tiempo a los refugiados palestinos como moneda de cambio, sin importarles realmente sus necesidades. Al firmar el último acuerdo entre Israel y Siria se puso fin a la guerra. Israel fue el indiscutible vencedor ampliando su zona inicial en 5.728 kilómetros cuadrados de superficie.  El nuevo Estado había perdido el 1% de su población total, 6.373 personas (4.000 soldados y el resto civiles). Por su parte los árabes no se sabe exactamente cuáles fueron sus pérdidas, pero se estima que pudieron rondar entre 10.000 y 15.000.

La guerra del canal de SuezLa Guerra de 1956llamada también el conflicto del Canal de Suez, fue una consecuencia de la beligerancia que Egipto mantuvo contra Israel desde el final de la guerra de independencia. La figura de Nasser, líder egipcio, se había levantado como un enemigo de Israel. Mandó cerrar el canal de Suez a los barcos israelíes. El Consejo de Seguridad de la ONU ordenó a Egipto abrir el canal, puesto que era parte del armisticio de la guerra anterior. Egipto se negó y manifestó su deseo de que Israel desapareciera del mapa del Oriente Medio. Nasser, a partir del 1955 comenzó a importar armas del bloque soviético para una nueva confrontación con Israel. Exigió venganza y la muerte de Israel. El 25 de octubre de ese mismo año Egipto formó un acuerdo con Siria y Jordania que ponía a Nasser al frente de los tres ejércitos. Antes había nacionalizado el canal de Suez, bloqueado el de Tirán a la navegación israelí, así como el de Aqaba, todo ello junto con los ataques de terroristas en suelo Israelí llevó a Israel, con el apoyo de Gran Bretaña y Francia a atacar a Egipto el 29 de octubre de 1956. El ataque israelí fu un éxito y tomaron la Franja de Gaza, y gran parte del Sinaí. Mientras Israel se dedicaba a construir un país asolado por miles de años y edificar un Estado para sus ciudadanos, Egipto se había dedicado a destruir y matar ese intento. El embajador israelí en las Naciones Unidas, Abba Eban,  dio el siguiente informe el día 30 de octubre sobre las provocaciones egipcias:

«Durante los seis años que esta beligerancia ha operado en violación del Convenio de Armisticio han ocurrido 1.843 casos de robo a mano armada; 1.139 casos de choques con fuerzas armadas egipcias, 435 casos de incursiones desde territorio controlado por los egipcios, 172 casos de sabotajes perpetrados por unidades militares y fedayines egipcios en Israel. Como resultado de estas acciones de hostilidad egipcia dentro de Israel, 364 israelíes fueron heridos y 101, muertos. En 1956 solamente, como resultado de este aspecto de la agresión egipcia, 28 israelíes fueron muertos y 127 heridos».

La guerra de los seis díasLa Guerra de los Seis Días se llevó a cabo desde el 5 de junio hasta el 10 de junio de 1967. Fue el momento elegido por las fuerza aéreas israelíes para atacar la flota egipcia y paralizarla antes ni siquiera de entrar en combate. Sin este ataque la tenaza y estrangulamiento que las fuerzas árabes estaban realizando contra el territorio de Israel hubiera sido mortal para su existencia. La escalada belicosa de Nasser, la coalición con Siria, Jordania y Líbano, así como más tarde con Irak, y las maniobras que se estaban llevando a cabo juntamente con un lenguaje altamente bélico y provocador, estaban llevando al Estado de Israel y su gobierno a una situación límite, soportaron una presión tan fuerte bajo amenaza real de aniquilación que solo podemos entender el resultado final de esta guerra como una de las hazañas de los escuadrones de Israel que encontramos en la Biblia. El lenguaje de las autoridades árabes era de este tenor:

«Desde hoy, ya no existe una fuerza de emergencia internacional que proteja a Israel. Se agotó nuestra paciencia. No nos quejaremos más a la ONU sobre Israel. El único método que aplicaremos contra Israel es la guerra total, que resultará en el exterminio de la existencia sionista».

Una vez más la amenaza de exterminio. Una vez más la unión de las fuerzas árabes rodeando el pequeño territorio de Erets Israel para provocar su liquidación. En seis días Israel pudo neutralizar al poderoso ejército egipcio en el sur, frenar en el norte al ejército de Siria y en el este luchar contra Jordania que había decidido apoyar la coalición árabe entrando en guerra con Israel. En esas condiciones es muy difícil entender cómo fue posible que al final de esos seis días Israel había vencido en todos los frentes y estaba en condiciones de entrar en las capitales de los países árabes agresores: En Damasco, en Amán y el Cairo.

Después de esos seis días Israel se había anexionado el Sinaí, las Alturas del Golán (desde donde los sirios habían estado atacando a la población agrícola del valle en la Galilea), la Franja de Gaza y Cisjordania (la antigua Judea y Samaria) y había unificado la ciudad de Jerusalén bajo su autoridad. Este último hecho produjo un éxtasis en la población de Israel que vio como podían acceder al Muro de las Lamentaciones (había estado prohibida su entrada a los judíos todo el tiempo que estuvo bajo gobierno jordano), el lugar donde estuvo el templo de Salomón. Jerusalén volvía a estar en manos de los descendientes del rey David desde que en el año 70 d.C. el general Tito la destruyera, junto con el templo. Una guerra producida por el odio, la venganza y el deseo de hacer desaparecer a Israel de Oriente Medio trajo como resultado una ampliación considerable del territorio de Israel, pero además provocó una humillación a los árabes que ha traído consecuencias hasta nuestros días, condujo a la siguiente guerra, causó un gran daño a la población hebrea por sus bajas y un conflicto añadido al de los refugiados palestinos. Sin embargo, a día de hoy,  aproximadamente el 94 por ciento de los territorios ganados en esa  guerra defensiva han sido entregados por Israel a sus vecinos árabes en el curso de las negociaciones posteriores, sin que haya servido para poner fin al conflicto, si no tal vez para agravarlo.

La guerra del Yom KipurLa guerra del Yom Kipur (6 de octubre de 1973). Este día se celebraba en Israel la fiesta más sagrada del calendario judío; el país estaba con la guardia baja, entonces estalló la tormenta. En el norte 1.400 tanques sirios se enfrentaban contra 180 tanques israelíes. En el Sur unos 500 defensores tuvieron que hacer frente a un ejército de 180.000 egipcios. El efecto sorpresa había causado una gran conmoción en el seno del gobierno de Golda Meir. Hasta que se pusieron en marcha los reservistas la situación fue dramática para Israel. Luego, paso a paso, se le fue dando la vuelta a la situación y al cabo de dos semanas de lucha el ejército judío penetraba ampliamente en territorio enemigo haciendo retroceder el ataque inicial. Precisamente en esos momentos, cuando se veía venir otra derrota humillante para los árabes, la ONU impuso un alto el fuego que no había tenido voluntad de hacer en los momentos cuando se preveía una victoria árabe. A pesar del éxito de última hora que supuso para Israel, esta guerra se consideró un fracaso diplomático y militar por sus múltiples bajas. Murieron 2.688 soldados israelíes. Aunque los principales agresores fueron los países de Egipto y Siria, una vez más intervinieron otros muchos enviando tropas. Lo hizo Irak, Arabia Saudí, Kuwait, Libia, Argelia, Túnez, Sudán, Marruecos y Jordania. Y una vez más una mayoría aplastante de enemigos de Israel no pudieron cumplir con su voluntad de exterminio.

Algunas consideraciones

Después de estas guerras ha habido otras que se han desarrollado de forma distinta. La estrategia árabe cambió al ver la imposibilidad de vencer a Israel en lucha abierta escogiendo el terrorismo, la presión y manipulación de los medios de comunicación, la Intifada y una aparente voluntad negociadora en diversos momentos. Todo ello no ha servido para poner fin a este conflicto que tomó un cariz distinto a partir de que se creara la Organización para la Liberación de Palestina (OLP, creada en 1964) y cuyo representante más conocido ha sido Yasser Arafat.

En todo este tiempo se han sucedido diversos gobiernos israelíes, unos con mayor acierto y otros con menos. Israel ha cometido fallos y errores, pero hay que tener en cuenta que ha estado sometido desde su nacimiento como Estado moderno a una presión continua del radicalismo islámico que no ha escatimado en fanatizar a sus jóvenes para convertirlos en terroristas suicidas y matar sin piedad a la sociedad civil en cualquier  lugar de su territorio cuando ha podido. Israel ha tenido que invertir en Defensa una gran parte de su presupuesto,  (es hoy una de las potencias militares en la zona, lo cual ha disuadido a los árabes para cambiar de estrategia), aunque no ha dejado de crecer como una sociedad pujante, dedicada mayormente al desarrollo en todos sus aspectos como un país moderno, democrático y libre.

La amenaza más peligrosa que enfrenta en estos momentos es Irán, con su presidente volviendo una vez más al lenguaje de exterminio y negación del holocausto. Nada nuevo debajo del sol, pero no por ello menos preocupante, dada la posibilidad de obtener armamento nuclear por parte del gobierno persa. Sin embargo, la palabra profética de Dios, el Dios de Israel, seguirá dirigiendo el curso de los acontecimientos. En su momento se activará alguna otra fase de ese determinismo providencial hasta llegar al día postrero, el día final cuando aparezca el Príncipe de Paz y Mesías de Israel. Los creyentes que oramos por la paz de Jerusalén y creemos en el cumplimiento de las profecías de la Biblia no debemos dejar de orar y apoyar en todos los aspectos posibles la restauración de Israel en su tierra.

16 – El resurgir de una nación (El estado moderno de Israel)

EL ENIGMA ISRAELEl Holocausto significó la culminación de una tradición antisemita que duraba siglos y que había estado presente de manera principal en la teología cristiana tradicional, aunque el antisemitismo alemán tuvo un origen racial muy fuerte; basado en el hecho biológico.

La raza judía era perseguida al margen de sus características personales o familiares, había que destruir a una especie de hombres por el hecho de ser de un origen particular. Desgraciadamente el antisemitismo sigue muy vivo hoy en día, aunque se disfraza en muchos casos de anti sionismo o antiisraelismo, es decir, se confunde la política del gobierno de Israel con la totalidad del pueblo. Nada nuevo debajo del sol. Una vez terminada la segunda Guerra Mundial en el año 1945, derrotado el nazismo y suicidado Hitler, los sobrevivientes de la Shoah aún no tuvieron facilidades para viajar a Palestina, a muchos les quedaba todavía un largo calvario que recorrer hasta dar con sus vidas en la Tierra Prometida. Muchos salieron de una guerra y se encontraron con otra muy pronto, ahora en la tierra de acogida, pero vayamos por partes.

Una vez que las potencias ganadoras de la gran guerra se reunieron para establecer en nuevo orden mundial y repartirse las distintas influencias de poder en las naciones que vivieron el desastre (en el caso de gran parte de las naciones del Este de Europa quedaron detrás  del telón de acero que el régimen soviético impuso y que duraría hasta la última década del siglo XX), se comenzó a abordar el problema de Palestina. Los británicos ya habían anunciado que abandonarían la región y concluirían con el mandato que había durado unos treinta años. De esta forma se llegó a la decisión en la ONU de partir Palestina en dos estados.

La partición de la ONU

El libro de Dominique Lapierre y Larry Collins «Oh, Jerusalén»  hace una narración extraordinaria de los hechos que precedieron y sucedieron a la partición que se llevó a cabo en la ONU el año 1947. La palabra que habían anunciado los profetas de Israel iba a entrar en una nueva fase no exenta de grandes dificultades. Siempre ha sido así. Isaías en su segunda parte del libro que lleva su nombre comienza con un mensaje de esperanza y restauración del bienestar de Israel en su tierra:

Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado ha sido perdonado… (Isaías 40:1,2).

Israel estaba ante el retorno a su tierra para establecerse como nación después de casi dos mil años de diáspora. Tanta persecución sufrida no había bastado para destruir a este pueblo que lleva el sello inequívoco de la Soberanía de Dios en su existencia. La higuera, como dijera el mismo Jesús, iba a rebrotar en su tierra, el tiempo de los gentiles en el solar de Israel estaba llegando a su fin y nuestra generación testigo de un milagro que inaugura un nuevo tiempo profético y que nos llevará hasta el final del presente siglo malo.

¿Quién oyó cosa semejante? ¿Quién vio tal cosa? ¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sión estuvo de parto, dio a luz a sus hijos (Isaías, 66:8).

La votación para la partición de Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe se llevó a cabo el día 29 de noviembre de 1947 en New York, sede de las Naciones Unidas, recién formada, y que la constituían 56 países. La Asamblea General aprobó la partición con el siguiente resultado: 33 naciones votaron a favor, 13 en contra y 10 se abstuvieron.

La relación de países que apoyó la partición fue esta: Australia, Bélgica, Bielorrusia, Bolivia, Brasil, Canadá, Checoslovaquia, Costa Rica, Dinamarca, República Dominicana, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Haití, Holanda, Islandia, Liberia, Luxemburgo, Nueva Zelandia, Nicaragua, Noruega, Panamá, Paraguay, Perú, Polonia, Suecia, Sudáfrica, URSS, Ucrania, Uruguay y Venezuela.

Los que votaron en contra de ella fueron: Afganistán, Arabia Saudí, Cuba, Egipto, Grecia, India, Irán, Iraq, Líbano, Pakistán, Siria, Turquía y Yemen.

Y las naciones que se abstuvieron son estas: Argentina, Colombia, Chile, China, El Salvador, Etiopía, Honduras, México, Reino Unido y Yugoslavia.

Israel aceptó la partición en dos estados, sin embargo los árabes la rechazaron y convocaron una reunión de  La Liga árabe que aprobó otra resolución rechazando frontalmente la de la ONU y advertían que para anular el que se llevara a cabo la partición usarían todos los medios a su alcance, incluyendo la guerra. Esa amenaza se cumplió y las Naciones Unidas no hicieron nada para impedirlo.

Esta resolución de noviembre de 1947 entraría en vigor una vez que acabara el mandato británico en Tierra Santa, fijado para mayo de 1948. Mientras tanto la presión de los árabes contra los judíos en Palestina creció de manera insoportable poniendo a los habitantes de Jerusalén al borde de su desaparición.

Estos meses fueron extremadamente dramáticos para el futuro Estado judío; finalmente el día 14 de mayo de 1948 David Ben Gurión proclamó el Estado de Israel, un día antes de la marcha de los británicos para que no coincidiera con el Shabat, el descanso judío. La alegría se desbordó en unos y la preocupación en otros. Ben Gurión era consciente de la extremada debilidad del joven Estado y la inmensidad de enemigos que lo amenazaban. Merece la pena recordar buena parte del discurso del líder judío ese día cuando Israel volvía a ser una nación en su tierra.

David Ben Gurión«El país de Israel es el lugar donde nació el pueblo judío. Allí se formó su carácter espiritual, religioso y nacional. Allí adquirió su independencia y creó una importante civilización, a la vez nacional y universal. Allí escribió el Libro de los Libros para regalarlo al  mundo. Exiliado de Tierra Santa, el pueblo judío le permaneció fiel en todos los países de la dispersión, orando sin cesar por acordarse de él y esperando siempre, a través de los siglos, regresar al país de sus antepasados y reconstruir su Estado.

Durante estos últimos decenios regresaron en masa. Roturaron el desierto, hicieron renacer su lengua, edificación ciudades y pueblos y fundaron una vigorosa comunidad en continua expansión, con vida económica y cultural propias. Buscaban la paz, pero estaban dispuestos a defenderse. Trajeron los beneficios del progreso a todos los habitantes… La hecatombe nazi, que aniquiló a millones de judíos en Europa, demostró de nuevo la urgencia de la restauración del Estado judío, único capaz de resolver los problemas del judaísmo apátrida, al abrir las puertas a todos los judíos y conferir a su pueblo la igualdad en el seno de la familia de naciones. Los supervivientes de la catástrofe europea, así como los judíos de otros países, reivindicaron su derecho a una vida de dignidad, de libertad y de trabajo, y, sin dejarse vencer por los riesgos  ni los obstáculos, buscaron sin descanso penetrar en Palestina. Durante la Segunda Guerra Mundial, el pueblo judío de Palestina contribuyó plenamente a la lucha de las naciones ansiosas de libertad contra el azote nazi…

En virtud del derecho natural  e histórico del pueblo judío, proclamamos la fundación del estado judío en tierra Santa. Este Estado llevará el nombre de Israel. El Estado de Israel estará abierto a la inmigración de los judíos de todos los países en que estén dispersos. Desarrollará el país en beneficio de todos sus habitantes. Estará basado en los principios de libertad, justicia y paz, tal como fueron concebidos por, los profetas de Israel. Respetará la completa igualdad social y política de todos sus ciudadanos, sin distinción de religión, raza o secta. Garantizará la libertad de religión, de conciencia, de educación y de cultura. Protegerá los Santos Lugares de todas las creencias.

Aplicará lealmente los principios de la Carta de las Naciones Unidas… Invitamos a los habitantes árabes del Estado de Israel a preservar los caminos de la paz y a desempeñar su papel en el desarrollo del Estado, sobre la base de una completa e igual ciudadanía y una justa representación en las instituciones, provisionales o permanentes. Tendemos la mano en un deseo de paz y buena vecindad a todos los Estados que nos rodean; los invitamos a cooperar con la nación judía independiente, para el bien común de todos.

El Estado de Israel está dispuesto a contribuir al progreso del conjunto del Oriente Medio… Depositando  nuestra confianza en el Eterno Todopoderoso, firmamos esta declaración sobre el suelo de la Patria, en esta ciudad de Tel-Aviv y en esta sesión de la Asamblea provisional reunida la víspera del sábado, 5 Iyar de 5708, o sea, el 14 de mayo de 1948… Ha nacido el Estado de Israel. Se levanta la sesión».

Los profetas de IsraelLas profecías tomaban forma y una vez más la Palabra de Dios dirigía la Historia. Recordemos lo que habían dicho algunos profetas de Israel:

Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida. No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré. Diré al norte: Da acá; y al sur: No detengas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra, todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice (Isaías, 43).

No obstante, he aquí vienen días, dice el Señor, en que no se dirá más: Vive el Señor, que hizo subir a los hijos de Israel de tierra de Egipto; sino: Vive el Señor, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había arrojado; y los volveré a su tierra, la cual di a sus padres (Jeremías, 16).

Y traeré del cautiverio a mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y comerán el fruto de ellos. Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho el Señor  Dios tuyo (Amós, 9).

Mientras tanto, al día siguiente de la proclamación, los británicos se marchaban y una coalición de países árabes (Egipto, Jordania, Siria, Líbano e Irak) declaraba la guerra al incipiente Estado de Israel, había comenzado la primera guerra árabe-israelí que los judíos llamaron de la Independencia.

15 – La restauración en su génesis

EL ENIGMA ISRAELDando un salto cronológico desde el final de la Edad Media, dejando el Renacimiento, pasando por la Ilustración y la emancipación de muchos judíos, incluso la asimilación después de que las leyes posteriores a la revolución francesa que pusieron énfasis en la igualdad de todos los hombres sin atender a su condición social, cultural o religiosa (bastante soñadora, por cierto, por su utópica implantación y su práctica irreal, aunque esforzándose en su aplicación) trajeran algunas mejoras en las condiciones de vida del pueblo hebreo, llegamos al periodo cuando surge el Sionismo moderno, la realización del sueño eterno del judío errante de regresar a su tierra, tener un lugar donde sentirse una vez más nación soberana y ver el cumplimiento del mensaje de los profetas de volver a Sión, a Eretz Israel, la tierra de sus padres dada por Dios a Abraham y su descendencia para siempre. Dejamos atrás muchos episodios de la Historia de Israel que no podemos abordar aquí. Queremos ahora centrarnos en un periodo vital para comprender el resurgir del Estado moderno de Israel en su tierra y clarificar en lo posible la gran controversia del conflicto árabe-israelí.

Los orígenes del Sionismo moderno

El apóstol Pablo nos dice en una de sus cartas que es Dios quién produce en nosotros el querer y el hacer por su buena voluntad (Filipenses 2:13). En la Biblia se nos enseña que todas las cosas tienen su tiempo debajo del sol, que Dios envía su palabra a la tierra y esta corre veloz para hacer lo que el Eterno ha dispuesto en Su Soberana voluntad. Que Dios usa a hombres y mujeres para realizar sus planes, no siempre hombres y mujeres sometidos a Su voluntad, creyentes diríamos en un contexto evangélico, sino que si se necesita usar un burro para frenar la locura de un profeta, una ramera para esconder a los espías de Josué, una prostituta para casarse con el profeta Oseas o un Judas para entregar a Jesús a sus perseguidores, lo hace y no siempre comprendemos sus formas, sus caminos, sus propósitos y mucho menos el que haya usado a personas que nosotros nunca pensaríamos en hacerlo. Dios es soberano, no está obligado a dar explicaciones de sus obras, aunque Su carácter, Naturaleza y Atributos muestran  y revelan en muchas ocasiones cual es Su voluntad, oculta a aquellos que tienen un corazón engrosado por sus propios razonamientos, su altivez, orgullo o arrogancia, la cual Dios siempre resiste. Con todo ello queremos decir que los caminos de Dios son más grandes que los nuestros y sus pensamientos siempre son más elevados que los de aquellos que pretenden ser más entendidos que el Creador y Dador de la vida, engañados por su propia presunción y autosuficiencia. No todas las cosas se pueden explicar milimétricamente o mediante un tubo de ensayo; haremos bien concentrándonos  en lo que sí podemos comprender y dejar para tiempos mejores aquello que escapa a nuestra razón para entrar en el ámbito de la fe fundada en la revelación que Dios da, no a todos, sino a los que tienen un corazón perfecto (“completamente suyo” en la Biblia de las Américas) para con El (2 Crónicas, 16:9).

Cuando pienso en el desarrollo del Sionismo  moderno, sin entenderlo todo, veo que hay un componente humano, los deseos naturales del hombre, mezclados con la palabra de los profetas de Israel que hablaron siempre de restauración aunque en sus mensajes iniciales hubiera juicio y castigo por los pecados del pueblo. El mensaje de los profetas siempre acaba con la restauración de Israel en su tierra. También vemos que Dios usa las circunstancias que nos rodean para poner en marcha Su voluntad que acaba coincidiendo con nuestros deseos íntimos e irrefrenables, lo que llamamos el impulso interior, el propósito de la vida, nuestra realización o vocación.

El pueblo de Israel siempre acaba sus fiestas de Pesaj (la Pascua) con las palabras “el próximo año en Jerusalén”, por lo que entendemos que su profundo anhelo  todo el tiempo que ha durado la larguísima diáspora entre las naciones ha sido regresar a la tierra de sus padres.

Theodor HerlzTheodor Herzl (1860-1904), padre del sionismo político moderno era un periodista destinado en Francia como corresponsal del periódico vienés en el que trabajaba. Estando en la capital gala tuvo ocasión de conocer un episodio más de antisemitismo conocido como el caso Alfred Dreyfus (1859-1935). Para conocer los inicios del despertar sionista en la persona de Theodor Herzl quiero darle la palabra al excelente escritor judío de origen austriaco Stefan Zweig, en su libro de memorias “El mundo de ayer” (Págs. 139-143). A pesar de su extensión merece la pena por sus múltiples connotaciones con otros episodios bíblicos e históricos, donde se mezcla lo temporal y eterno en la fragilidad del ser humano. El relato de los hechos nos recordará la misión de Moisés ante Faraón y la respuesta de muchos de los israelitas acomodados en Egipto, así como la tragedia de no haber reaccionado mas contundentemente para salir de Europa y escapar del exterminio nazi, en fin, así está escrito:

“Theodor Herzl había tenido en París una experiencia que le afectó hondamente, uno de esos momentos que transforman toda una vida; había asistido como corresponsal a la degradación pública de Alfred Dreyfus, había visto como le arrancaban las charreteras mientras éste, pálido, gritaba a viva voz: “¡Soy inocente”! Y en el fondo de su corazón había sabido en aquel instante que Dreyfus en efecto era inocente y que lo habían hecho culpable de aquella tremenda sospecha de traición por el simple hecho de ser judío. Pues bien, Theodor Herzl, ya en su época de estudiante, había padecido el destino judío en su íntegro orgullo varonil o, mejor dicho, gracias a su instinto profético, lo había presentido –“pre padecido” en toda su tragedia- en una época en que poco se podía augurar que sería destino trágico. Con el sentimiento de haber nacido para ser líder –posición para la cual le habilitaba un porte magnífico e imponente, además de una amplitud de miras y una mundología considerables-, había concebido el fantástico plan de poner fin, de una vez para siempre, al problema judío, uniendo el judaísmo con el cristianismo mediante un bautizo voluntario en masa. Siempre pensando de forma trágica, se había imaginado a sí mismo conduciendo en una larga procesión a los miles y miles de judíos de Austria a la iglesia de San Esteban para salvar para siempre, en un acto ejemplar y simbólico, al pueblo perseguido y sin patria de la maldición de la segregación y el odio. Pronto tuvo que reconocer lo inviable de este plan; la dedicación a sus quehaceres propios durante años lo había distraído del problema principal, en cuya “solución” veía él su verdadera misión; pero en el instante de la degradación de Dreyfus, el pensamiento del eterno exilio de su pueblo se le clavó en el pecho como un puñal. Si la segregación es inviable, se decía a sí mismo, ¡que sea total! Si la humillación tiene que ser nuestro destino eterno, ¡aceptémosla con orgullo! Si sufrimos por ser apátridas, ¡creémonos una patria nosotros mismos! Y, así, publicó el opúsculo El estado judío en el que proclamaba que para el pueblo judío era imposible cualquier intento de asimilación, cualquier expectativa de tolerancia total. Era preciso fundar una nueva patria, la propia, en la vieja patria de Palestina.

Cuando apareció dicho opúsculo, conciso pero dotado del poder de penetración de una flecha de acero, yo todavía estudiaba en el instituto, pero recuerdo perfectamente la estupefacción y el enojo general de los círculos judeo-burgueses de Viena. ¿Qué le ha ocurrido, decían, a ese escritor por lo general tan juicioso, agudo y culto? ¿Qué tonterías dice y escribe? ¿Para qué queremos ir a Palestina? Nuestra lengua es el alemán y no el hebreo, nuestra patria es la bella Austria. ¿Por ventura no vivimos bien bajo el reinado del buen emperador Francisco José? ¿No nos ganamos la vida decentemente y disfrutamos de una posición segura? ¿No somos súbditos con los mismos derechos, ciudadanos leales y establecidos desde hace tiempo en esta querida Viena? ¿Y no vivimos en una época de progreso que en cuestión de pocas décadas habrá eliminado todos los prejuicios religiosos? ¿Por qué él, que habla como judío y dice que quiere ayudar a los judíos, da argumentos a nuestros peores enemigos e intenta separarnos, cuando cada día nos acercamos más y más al pueblo alemán? Los rabinos se exaltaron en las sinagogas, el director de la Neueu Freie Presse prohibió mencionar siquiera la palabra sionismo en su periódico “progresista”. El Tersitas de la literatura vienesa, el maestro de la burla venenosa, Karl Kraus, escribió otro opúsculo, Una corona para Sión y, cuando Theodor Herzl entraba en el teatro, la gente de todas las filas susurraba, burlona: “Su majestad acaba de entrar.” (El mundo de ayer. Memorias de un europeo de Stefan Zweig. Traducción de Joan Fontcuberta y Agata Orzeszek).

Al principio Herzl pudo pensar que lo habían interpretado mal; Viena, la ciudad en la que se creía más seguro debido a su popularidad de muchos años, lo abandonaba, mofándose incluso de él. Pero luego la respuesta retumbó de pronto con tanta furia y éxtasis que Herzl casi se asustó al comprobar que, con unas docenas de páginas, había promovido un movimiento tan fuerte y que lo superaba. La respuesta no vino de los judíos burgueses del Oeste, bien situados y acomodados, sino de las ingentes masas del Este, del proletariado de los guetos de Galitzia, Polonia y Rusia. Sin sospecharlo, Herzl había avivado las ascuas del judaísmo que ardían bajo las cenizas del exilio: el milenario sueño mesiánico del retorno a la Tierra Prometida, confirmado por los libros sagrados; había avivado esa esperanza que era al mismo tiempo certeza religiosa, la única que todavía daba sentido a la vida de millones de personas pisoteadas y esclavizadas. Siempre que alguien, profeta o impostor, a lo largo de los dos mil años de golus o exilio tocaba esta cuerda, el alma entera del pueblo empezaba a vibrar, pero nunca como aquella vez, nunca con una repercusión tan arrebatada y clamorosa. Con unas docenas de páginas, un solo hombre había aglutinado a una masa dispersa y mal avenida.

Aquel primer momento, mientras la idea aún tenía formas inciertas de sueño, estaba destinado a ser el más feliz de la breve vida de Herzl. Tan pronto como comenzó a fijar sus objetivos en el espacio real, a unir fuerzas, tuvo  que reconocer hasta qué punto se había vuelto dispar su pueblo entre los distintos pueblos y destinos; aquí los judíos religiosos, allá, los librepensadores; aquí los socialistas, allá los capitalistas; todos polemizando con todos en todas las lenguas y todos poco inclinados a someterse a una única autoridad. En aquel año de 1901 en que lo vi por primera vez, se hallaba en plena lucha y quizá también en lucha consigo mismo: todavía no creía lo bastante en su éxito como para renunciar a la posición que lo alimentaba a él y a su familia. Todavía tenía que repartir su tiempo entre la pequeña labor de periodista y la misión que constituía el núcleo de su vida. Todavía era el Theodor Herzl redactor del folletín quien me recibió entonces”.

El sonido del Shofár

ShofarEl inicio del Sionismo moderno puso en marcha un movimiento de restauración del pueblo de Israel a su tierra que sería imparable, aunque su desarrollo no fue fácil ni lo rápido que debería, además tuvo muchos factores que confluyeron en este momento de la Historia. En primer lugar quiero resaltar la importancia de la palabra profética activándose y dirigiendo la Historia una vez más como vemos a lo largo de la Biblia. El proceso de la restauración de Israel a su Tierra anunciado por los profetas me recuerda otros dos episodios claves en su devenir, uno la salida de Egipto y otro el regreso de Babilonia después de la cautividad. En todos ellos hay elementos comunes: La voluntad de Dios expresada por medio de sus profetas que pone en marcha el desarrollo de los acontecimientos.

Después aparece la oposición implacable mediante los enemigos que se oponen a ella, surgen los faraones o gobernantes contrarios, los Sanbalat y Tobías, junto con los árabes en el caso del regreso a Judea desde el imperio persa y en la restauración del Estado de Israel vemos lo mismo. Las Escrituras nos enseñan que Dios envía su palabra a la tierra y esta corre veloz para hacer su voluntad.

El envía su palabra a la tierra; velozmente corre su palabra  (Sal. 147:15).

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié (Is. 55:10,11).

El salmista también lo expresa inequívocamente al relatar los sucesos que ocurrieron en la vida de José, el hijo de Jacob; los sufrimientos que vivió, lo incomprensible de sus experiencias y el propósito divino que existía en todo ello; una lección realmente consoladora para los tiempos de dolor y frustración. Llega el momento cuando se activa la palabra de Dios y los acontecimientos comienzan a sucederse  de tal manera que son imparables.

El es Adonai nuestro Dios;

En toda la tierra están sus juicios.

Se acordó para siempre de su pacto;

De la palabra que mandó para mil generaciones,

La cual concertó con Abraham,

Y de su juramento a Isaac.

La estableció a Jacob por decreto,

A Israel por pacto sempiterno,

Diciendo: A ti te daré la tierra de Canaán

Como porción de vuestra heredad…

Trajo hambre sobre la tierra,

Y quebrantó todo sustento de pan.

Envió un varón delante de ellos;

A José, que fue vendido por siervo.

Afligieron sus pies con grillos;

En cárcel fue puesta su persona.

Hasta la hora que se cumplió su palabra,

El dicho de Jehová le probó.

Envió el rey, y le soltó;

El señor de los pueblos, y le dejó ir libre (Salmo, 105:7-20).

Sin embargo, la palabra de Dios siempre es perseguida por el Adversario que se opone a Su voluntad y usa a los hijos de ira y desobediencia, a los ignorantes de la verdad revelada para mover las circunstancias en su contra. Esto mismo sucedió en el retorno de los judíos a Erets Israel. Otro factor que hay que tener en cuenta es que antes de que el pueblo de Dios se ponga en marcha impulsado por la palabra profética, ésta viene precedida de persecución y opresión. Lo vimos en Egipto, cuando Faraón promulgó leyes que oprimieron a los israelitas y estos levantaron su voz al cielo para ser librados. En el tiempo que nos ocupa ahora los pogroms o persecuciones implacables contra los judíos de Rusia y el este de Europa dio a muchas familias hebreas el sentir de moverse, unos emigraron a Estados Unidos y otros a la tierra que en ese tiempo se llamaba Palestina. También aparecieron los llamados Protocolos de los sabios de Sión, un panfleto que culpaba a los judíos de una conspiración para tomar el dominio del mundo y que se ha comprobado que eran falsos de toda falsedad, pero que muchos siguieron creyendo (aún hoy lo hacen algunos países árabes) y usando para justificar su antisemitismo. Por otra parte después  del caso Dreyfus en Francia muchos judíos se convencieron que no tenían otra alternativa que la de formar su propio estado, aunque muchos otros habían intentado asimilar la cultura europea y diluirse en ella. Una vez más las persecuciones pusieron en evidencia que no habría facilidades de integración de los judíos sino en su propia tierra.  Al inicio de la Primera Guerra Mundial vivían en Palestina (el gentilicio palestino no era usado por los árabes aún en 1920, incluso se llama palestinos a los judíos que vivían en Palestina) 85.000 judíos;  en 1921, por iniciativa de Winston Churchill se acordó un Libro Blanco que prohibía la emigración judía a unas cantidades por año insuficientes  para que en ningún caso superara  a la población árabe del lugar. De esta forma cuando llegó la persecución nazi las puertas de la tierra de Israel estaban cerradas para los judíos, por lo que muchos no pudieron escapar, otros emigraron a Norteamérica.

Entre las dos guerras se había puesto en marcha por parte de la Agencia Judía un plan para comprar grandes extensiones de terreno improductivo a precios desorbitados  que permitió a los judíos iniciar la puesta en marcha de granjas agrícolas con maquinaria moderna que pronto produjo resultados económicos  y una mejora en las condiciones de vida de aquella generación de pioneros. Paralelamente se estaba produciendo el comienzo del nacionalismo árabe que colisionó con la alyá  judía. Después de la Primera Guerra Mundial y la derrota del imperio Otomano, el Imperio Británico tomó la responsabilidad de gobierno en Palestina mediante el denominado Protectorado Británico que duró desde 1918 hasta 1948. También se había producido en 1917 la llamada Declaración Balfour que manifestaba la buena disposición del gobierno británico para que  hubiera un hogar en Palestina para el pueblo judío. En 1938 la población judía alcanzó la cifra de 300.000 en Palestina, millones quedarían atrapados en Europa.

Para que todos estos datos y acontecimientos no sean un puzle incomprensivo pongamos más o menos en orden los sucesos que culminaron en el Holocausto nazi. Antes veamos el testimonio de las profecías que anunciaban el retorno de Israel a su tierra en el final de los tiempos, su restauración, o en palabras de Jesús, el rebrotar de la higuera.

También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Lucas 21:29-33)

Aquí tenemos el rebrotar de la higuera (Israel, Joel 1:6,7) y los demás árboles (figura de las naciones  Ezequiel, 17:24), es decir, el resurgir de los nacionalismos que hemos visto a partir del siglo XIX y XX. Tenemos también, como dijo el apóstol Pedro, la palabra profética más segura, a la cual debemos estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro.

Di, por tanto: Así ha dicho el Señor Dios: Yo os recogeré de los pueblos, y os congregaré de las tierras en las cuales estáis esparcidos, y os daré la tierra de Israel. Y volverán allá, y quitarán de ella todas sus idolatrías y todas sus abominaciones (Ez.11)

Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro paísHabitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios… Así ha dicho Dios el Señor: El día que os limpie de todas vuestras iniquidades, haré también que sean habitadas las ciudades, y las ruinas serán reedificadas. Y la tierra asolada será labrada, en lugar de haber permanecido asolada a ojos de todos los que pasaron. Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas. Y las naciones que queden en vuestros alrededores sabrán que yo reedifiqué lo que estaba derribado, y planté lo que estaba desolado; yo Adonai he hablado, y lo haré. (Ez.36).

Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho el Señor Dios: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo. Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos. Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Dios el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Adonai, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Adonai hablé, y lo hice, dice el Señor (Ez.37).

Para ver una selección más amplia de textos donde se habla del regreso de Israel a su tierra os remito al final del libro en los Apéndices. Bien, los profetas hablaron de un día cuando la diáspora judía terminaría y Dios los volvería a establecer en su tierra. Todo ello vino después de un tiempo de gran tribulación. (Recordemos la muerte de los niños a manos de Herodes cuando nació el Mesías; la muerte de los niños en el nacimiento de Moisés y el Holocausto nazi antes de que naciera Israel como nación). Un proceso doloroso, a menudo bastante incomprensible, pero que se encamina a la realización de la voluntad de Dios en la tierra para alcanzar el fin de los tiempos. Hay que decir que paradójicamente el movimiento sionista en primer lugar fue laicista y socialista (sigue siéndolo en gran parte hoy); muchos de los judíos religiosos estaban en contra de este movimiento porque pensaban que tomaba el lugar de la restauración que solo se podría producir con la llegada del Mesías. Más tarde los grupos religiosos se han sumado al establecimiento de Israel en su tierra como el sueño de muchas generaciones pasadas.

Dicho esto, recordemos algunos de los sucesos más llamativos del proceso de  restauración que estamos viendo. Arrancando  a finales del siglo XIX, cuando surge el sionismo moderno, tenemos la persecución por medio de los progroms en el Este de Europa, especialmente en Rusia y el imperio de los zares. La figura de Theodor Herlz y su libro El Estado Judío como resultado del caso Dreyfus. La asimilación de muchos judíos en centro Europa, la emigración a Estados Unidos, el retorno de muchos judíos a Palestina, la compra de tierra a los árabes a precios desorbitados, el estallido de la Primera Guerra Mundial, la derrota del imperio Otomano que tenía el gobierno sobre Palestina desde hacía unos quinientos años y que ahora se cambio por el Mandato Británico, la Declaración Balfour, el Libro Blanco, el surgimiento del nacionalismo árabe, la aparición de los primeros Kibutz, las diversas alyás o subidas de emigrantes hebreos a su tierra, la importancia de la nueva energía petrolera en manos de los árabes y compañías europeas para mover el avance de la industrialización en los países más desarrollados, todo ello hace de este proceso un conflicto que dura hasta nuestros días. Luego viene el Holocausto nazi y la maquinaria industrial puesta al servicio de la aniquilación de un pueblo; murieron unos seis millones de judíos por ser judíos, aunque muchos de ellos vivían más como alemanes o centroeuropeos.

El holocausto: Una densa oscuridad

Auschwitz BirkenauLa Biblia nos enseña que hay tiempos cuando una densa oscuridad se adueña de las naciones, hay días malos, tiempos en que el sol no brilla y una oscuridad domina la atmósfera espiritual de una nación que a su vez la descarga sobre otros pueblos. Jesús experimentó en su vida ese tiempo cuando la ciudad de Jerusalén quedó atrapada en el tiempo y el dominio de las tinieblas, visto como la potestad del reino de las tinieblas sobre una ciudad (Lucas 22:53). El profeta Isaías escribió: “He aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones…” (Isaías 60:2). Esta verdad intangible y abstracta toma forma en la vida de ciertas personas, especialmente gobernantes u hombres que están en autoridad; que a su vez y junto con otros del mismo espíritu elaboran leyes impías con el propósito de dominar a unos y destruir a otros. El reino de las tinieblas tiene su jerarquía. Cuando una persona le da lugar al diablo (acordémonos de Judas y como Satanás entró en él, Lucas 22:3-6), éste encuentra un camino para expresarse en el mundo físico y material, aunque él mismo es un ser inmaterial, lo hace a través de pensamientos, argumentos, ideologías que emanan de la combinación entre la naturaleza caída del hombre y su propia naturaleza de pecado. De esta forma se da curso a la manifestación del poder diabólico en las naciones de la tierra. Estas estratagemas siempre tratan de encontrar un envoltorio apropiado para que pueda ser aceptado con razonamientos que pueden ser coherentes y hasta tener una apariencia de bondad, una actitud  que justifica sus acciones a través de eufemismos como “razones de Estado”, “el bien general”, o “hemos sido elegidos democráticamente para gobernar”. Una vez que se comprenden y aceptan los motivos de leyes inicuas por estos parámetros que se usan para justificarlas la sociedad queda atrapada y paralizada (hechizada) por leyes aprobadas por consenso (las leyes de Núremberg de carácter antisemita fueron aprobadas por unanimidad el 15 de septiembre de 1935) en los gobiernos democráticos y un pueblo entero queda sometido a esas leyes a las que sabe debe someterse o quedar fuera de la ley y el sistema, haciendo recaer sobre su persona todo el peso de la autoridad del Estado y sufrir sus consecuencias.

Esto ha ocurrido en varias ocasiones en el pasado siglo XX a través de dos de los más destructores totalitarismos que hemos padecido: El comunismo y el nazismo. Hoy en día vivimos un proceso similar aunque las formas han cambiado, las leyes parecen más justas pero tienen el mismo propósito: tiranizar a las masas imponiendo un estilo de vida desde la “imposición” de gobernantes democráticos. El mismo perro con distinto collar. El hombre no ha cambiado mucho en su naturaleza real a pesar de los avances científicos y tecnológicos que hemos logrado.

Dicho esto a modo de introducción,  nos sirve para ver el trasfondo de cómo se llevó a cabo en Europa el mayor asesinato en masa que han conocido los tiempos, y esto a través de un pueblo, el alemán, muy culto, serio, responsable, diligente, sujeto a las leyes y viviendo con toda normalidad sus vidas familiares como si nada ocurriese ante sus ojos. Hay que decir que cuando hablamos del pueblo alemán no me estoy refiriendo a la totalidad sino al proceso que sigue una nación cuando sus gobernantes la dirigen a la ruina. Cómo se produce el desarrollo paulatino que puede conducir a la destrucción de otros pueblos y el propio. Porque en Alemania con la llegada al poder de Hitler y su partido Nacionalsocialista, (los nazis), elegido democráticamente en 1933 se puso en marcha un proceso que llevó a Europa y el mundo a su mayor destrucción y al pueblo judío a su casi aniquilación, al menos sobre los que vivían en el viejo Continente en ese tiempo. Y todo esto ocurrió ante la mirada indiferente y pasiva de pueblos enteros y sus gobernantes. Los aliados (Inglaterra, Francia, Estados Unidos y muchas otras naciones) ni siquiera se molestaron en bombardear los ferrocarriles por donde llevaban (y se sabía) a los judíos como ovejas al matadero. Nuestra Historia reciente está manchada de sangre.

Por supuesto que hubo excepciones honrosas, pero fueron puntuales y aunque sirvieron para salvar miles de vidas, no tenían la fuerza de detener la masacre. Gracias a Dios por el final de la guerra y la victoria de los aliados, de lo contrario la aniquilación hubiera sido total y la solución final hecha realidad. A pesar de ello se estima que murieron unos seis millones de judíos, junto con otros muchos millones de ciudadanos europeos, americanos y asiáticos que sufrieron la contienda mundial. En España, paradójicamente, el gobierno “fascista” del general Franco salvó a muchos judíos que pasaron la frontera de los Pirineos y no fueron entregados a las autoridades alemanas como sí hicieron en otros países de Europa. Incluso se les dio visado español a muchos descendientes de judíos españoles llamados sefardíes, y a muchos otros que no lo eran. “Esta ayuda de Franco al pueblo judío ha sido y sigue siendo agradecida y reconocida por muchos judíos. Por ejemplo, Enrico Deaglio dice en su libro “La banalidad del bien”: “Si bien el papel de la España franquista en las operaciones de salvamento de los judíos europeos ha sido silenciado casi del todo, fue decididamente superior al de las democracias anti hitlerianas. Las cifras varían entre 30.000 y 60.000 judíos liberados del holocausto.” Así mismo, afirma el señor Duque que “Francisco Franco tiene su nombre en el Libro de la Vida. Y con letras de oro. En las sinagogas de EE.UU. todos los 20 de noviembre se pronuncia un responso o “kadish” en memoria del hombre que libró a tantos hebreos del holocausto.”   (www.verdadeshistoricas.info)

El Holocausto, que muchos quieren hoy silenciar, incluso negar, fue un hecho único en la Historia de la Humanidad. La industria de la muerte que se llevó a cabo no conoce paralelos, aunque el hombre ha cometido tanta maldad desde tiempos antiguos. Cabe preguntarse por qué Dios, el Dios de Israel, permitió semejante brutalidad contra el pueblo judío. Esa pregunta abre un gran interrogante ante nosotros, demuestra que la combinación de la naturaleza del hombre unida a leyes impías y las potestades de las tinieblas pueden hacer mucho mal, aunque Dios pondrá freno en su momento y del levantamiento de los justos con el Espíritu de Dios pone fin a la perversión. Cuando el hombre abandona el temor de Dios y se constituye en dominador de sus semejantes es capaz de lo peor, la Historia lo viene demostrando una y otra vez. Lo que sí podemos decir es que después del Holocausto judío no quedaba ninguna duda de que el retorno a la tierra de Israel era la única manera de poder defenderse creando su propio Estado. Se dieron las condiciones para llevar a la ONU la causa judía y proponer la partición en dos estados de Palestina.

Para los que quieran profundizar en el tema del Holocausto puedo recomendaros los libros siguientes: “Hitler y el Holocausto” de Robert S. Wistrich. “Auschwitz, los nazis y la solución final” de Laurence Rees. Los libros de Primo Levi “Si esto es un hombre”. “Decisiones trascendentales” de Ian Kershaw. “La brigada”, la historia de unos soldados judíos que no se sometieron a la voluntad nazi, de Howard Blum. Hay muchos otros pero estos son los que yo conozco.

Durante el tiempo cuando se estaba llevando a cabo el genocidio de los judíos en Europa la tierra denominada Palestina estaba bajo mandato británico, que había comenzado de facto desde 1917, aunque entró en vigor oficialmente en junio de 1922 encomendado por la Sociedad de Naciones. Estaba activado el llamado Libro Blanco, que impedía que los judíos pudieran regresar a su tierra en una cantidad estipulada al año en 15.000 durante los próximos cinco años, después de los cuales no podría entrar ningún judío más, salvo que lo permitieran las autoridades palestinas. Las palabras del líder judío David Ben Gurión muestran con claridad el daño causado a los emigrantes judíos que estaban atrapados en Europa entre las leyes antisemitas alemanas y la promulgación del Libro Blanco de los británicos, sus palabras son estas: “Ayudaremos a los británicos como si no hubiera Libro Blanco, y lucharemos contra el Libro Blanco como si no hubiera guerra”. Por otro lado hay que recordar que en Palestina la mayor  autoridad de los árabes era el llamado Gran Mufti de Jerusalén (Amin al-Husayni), pariente del futuro líder palestino Yasser Arafat, y que era un declarado admirador de Hitler, antisemita extremo y que apoyó todo lo que pudo la entrada de los nazis en Palestina y el exterminio de judíos en el Holocausto. Sin embargo, la batalla de El Alamein que se libraba en el norte de África, entre los generales Montgomery (inglés) y Rommel (alemán), se decantó finalmente por los aliados, impidiendo de esa forma la entrada de las tropas alemanes en Palestina que hubiera causado el exterminio de la comunidad judía en aquel lugar.

Cuando visité Israel en 1992 tuve ocasión de ver el Museo del Holocausto. Me impresionó la cantidad de niños que murieron, una cinta magnetofónica iba narrando los nombres de cada uno de ellos. Esa densa oscuridad que barrió Europa a mediados del siglo pasado no debe olvidarse. Es necesario que recordemos siempre con pesar la maldad que el ser humano puede llegar a cometer sobre otro ser humano. En este sentido es de justicia reseñar  la decisión del Gobierno español, dirigido por José Luis Rodriguez Zapatero, que ha convertido la fecha del 27 de enero en recuerdo institucional de la Shoah, el Holocausto judío, aunque anteriormente hubiera levantado la polémica colocándose el pañuelo palestino.

14 – La gran diáspora judía: 1800 años

EL ENIGMA ISRAELNo es nuestra intención hacer un recorrido exhaustivo de un periodo tan largo como dieciocho siglos de historia del pueblo judío. Solo queremos acercarnos a los sucesos que nos parecen más relevantes y que pueden darnos una panorámica general de lo sucedido.

En primer lugar hay que resaltar que lo ocurrido con Israel es un caso único en la Historia de la Humanidad. No es posible encontrar a otro pueblo que después de haber estado dieciocho siglos fuera de su tierra, errante, diseminado entre las naciones, perseguido, expoliado, expulsado de muchas naciones donde vivieron con gran arraigo, soportar leyes injustas que hicieron la supervivencia casi imposible, de haber vivido en guetos y soportado el holocausto nazi haya podido resurgir de sus cenizas, dar al mundo las grandes aportaciones que ha dado en ciencia, economía, cultura, premios Nobel, etc. etc. para restablecerse en su tierra, Erets Israel, con el mismo idioma hebreo de miles de años y ser hoy una democracia pujante rodeado de unos mil millones de enemigos que quieren echarlo al mar.

Si este testimonio a las naciones no es suficiente para reconocer que el Dios de Israel les ha sostenido y guardado y preservado para dar cumplimiento a las profecías que quedan por cumplir y que están ubicadas en la tierra de Judá e Israel, entonces la incredulidad ha llegado a cotas tan altas que oscurecen la posibilidad de que la verdad pueda resplandecer en algunos corazones. Sin embargo, hay muchos otros que podemos ver lo providencial de la existencia del pueblo judío a través de los siglos como un hecho inequívocamente sobrenatural.  A la pregunta de Federico el Grande “¿Puede usted citarme una sola prueba de Dios que no haya sido desmentida?”,  respondió el Marques Dargens, Jean Baptiste du Boyer, “Sí, majestad, ¡Los judíos!”.

Como digo veremos un resumen de los episodios que nos parecen más relevantes de todo este período hasta alcanzar el tiempo de la restauración. Para el lector que quiera profundizar en una historia más completa le recomiendo estos libros: Historia de los judíos de Werner Keller; la Historia de los judíos de Paul Johnson o Los judíos del autor Luis Suárez. Todas ellas muy bien documentadas. Dicho esto, veamos los hechos.

Padres de la iglesiaAlgunos escritos de los padres de la iglesia y el Talmud

Hemos dicho anteriormente que a comienzos del siglo II la mayoría de los líderes de las iglesias eran de origen gentil con el consiguiente alejamiento de la tradición hebrea de las Escrituras. En ese período entramos en lo que se conoce en la historia eclesiástica  como los padres de la iglesia. Algunos fueron verdaderos defensores de la fe cristiana frente al paganismo de Roma y muchos otros dieron su vida en el martirio para defender la verdad del evangelio. Lo paradójico de algunos de ellos es que mientras hacían una defensa valiente de la fe recibida de los judíos se convertían en verdaderos enemigos de éstos en algunos de sus escritos. Tenemos aquí una vez más la contradicción del ser humano, capaz de los mejores logros y de los mayores atropellos en una misma persona.

También debemos decir que sospechosamente la mayoría de los historiadores cristianos ocultan esas manchas en nuestros ágapes, como diría el escritor Judas, y no mencionan los dichos vergonzosos que algunos de los llamados padres de la iglesia escribieron contra los judíos. Estos escritos fueron generando un caldo de cultivo para el incipiente antisemitismo que se va a producir en el seno de la llamada iglesia. Siempre me ha gustado aprender de la historia y ver como ha sido posible que hombres usados por Dios para el beneficio de muchos también fueron tropiezo para otros, en algunos casos dramáticamente. Veamos algunos de los escritos mencionados.

Justino Mártir (cerca de 160 d.C.), refiriéndose al pueblo judío dijo: “Las Escrituras no son de ustedes, sino nuestras”. Vaya contradicción de las mismas Escrituras. El apóstol Pablo dijo: “¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿O de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios” (Ro.3:1,2).

Ireneo, obispo de Lyon (alrededor de 177 d.C.) y uno de los grandes maestros de la iglesia primitiva que están entre mis favoritos  declaró: “Los judíos han sido desheredados de la gracia de Dios”. Sin embargo, el apóstol dijo: “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció”  (Ro.11:1,2).

Tertuliano (160-230 d.C.), en su tratado Contra los Judíos, anunció que Dios había rechazado a los judíos para favorecer a los cristianos. Una vez más la contradicción de las Escrituras en maestros que debían conocerlas y enseñarlas al pueblo en su justa medida.

Hilario de Poitiers (291-371 d.C.) escribió: “Los judíos son una nación maldecida por Dios eternamente”. Eso no fue lo que Dios le dijo a Abrahán, el padre de la nación hebrea, sino todo lo contrario. “Pero el Señor había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra (Gn.12:1-3). Y Cuando Balac contrató al profeta Balaam para que maldijera a Israel la respuesta de Dios fue esta: “Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es” (Números 22:6-12).

Gregorio de Nyssa (335-394 d.C.), Obispo de Capadocia, dijo: “Los judíos son una cría de serpientes, aborrecedores de todo lo bueno”. Jesús dijo que la salvación viene de los judíos, y el apóstol Pablo nos dice  “que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Romanos, 9:4,5).

San Jerónimo (347-407 d.C.) describe a los judíos como “…serpientes, portando la imagen de Judas; sus salmos y oraciones son el bramido de asnos.” Ha sido tan injusto en la Historia del pueblo judío cargar el pecado de algunas personas a toda la nación, olvidando todo lo demás que hemos recibido del pueblo elegido por la Soberanía de Dios para bendecir a todas las naciones en la persona del Mesías.

Juan Crisóstomo (387-407 D.C.) el gran orador y Obispo de Constantinopla, llamado “pico de oro” por su elocuencia, es tal vez el ejemplo más negativo por su antisemitismo exacerbado. Algunas de sus homilías contienen expresiones llamativamente duras hacia el pueblo judío. Pronunció las siguientes palabras –entre muchas otras: “La sinagoga es peor que un burdel. Los judíos son una banda de criminales. Odio a las sinagogas y a los judíos”. (Citado en Los Judíos el Pueblo del Futuro de Ulf Ekman). Este predicador valiente en muchas de sus denuncias del pecado de su generación, también llegó a adjudicar a todo el pueblo judío la culpa de la muerte de Cristo.

Con escritos como estos es fácil comprender como se pudo llegar a la persecución y el odio más visceral contra el pueblo judío durante tanto tiempo. Un ejemplo claro de adulteración del mensaje del evangelio que nos enseña a amar al prójimo, incluso a nuestros enemigos. Toda una herencia que nos ha acompañado hasta nuestros días  y de la que debemos alejarnos y ser redimidos, como dijo el apóstol Pedro: “La vana manera de vivir heredada de nuestros padres” (1 Pedro 1:18 LBLA).

Por su parte Agustín de Hipona (354-430 d.C.) marcó una tesis un tanto más cercana al apóstol Pablo en cuanto que comprendía el misterio que impedía la aceptación del evangelio por parte de los judíos, y la posibilidad de que un día, por el ejemplo de los cristianos llegarían a convertirse. “La tesis expuesta por San Agustín, según la cual la persistencia de los judíos obedecía a misteriosos designios de Dios y era útil porque, siendo depositarios de la Escritura se convertían en testigos excepcionales del cumplimiento de la promesa. Un día, influidos por el ejemplo de los cristianos, llegarían a convertirse. Sin embargo, eran muchos los eclesiásticos que disentían de este planteamiento, culpaban a los judíos de la crucifixión y condenaban en ellos, como un gran pecado, el rechazo del Mesías, que ya había venido” (pág. 282 de Los Judíos de Luis Suárez). Hay que decir también que en la enseñanza del obispo de Hipona se encuentra así mismo la semilla de la teología del reemplazo. La obra de Luis Suárez lo recoge en su página 402 cuando dice: “Ello nos obliga a volver a la doctrina de San Agustín: Si la iglesia es verdadero y definitivo  Israel y el Antiguo Testamento solo puede ser comprendido a través del Nuevo, la única consecuencia que puede extraerse es que Dios ha conservado a los judíos no por méritos propios sino en razón de la utilidad que tienen para el Cristianismo… Respetar y amparar a los judíos es cumplir la Voluntad de Dios”. A esta doctrina se acogerían algunos papas en los siglos venideros para defender a los judíos del antisemitismo que se fue extendiendo por toda la Edad Media.

El mismo Martin Lutero (1483-1546 d.C.) contagiado por la tradición religiosa llegó a escribir un libro titulado “Sobre los judíos y sus mentiras”, publicado en 1543. En él hace algunas declaraciones como estas: “¿Qué haremos nosotros los cristianos con este pueblo rechazado y condenado? Les daré mi sincero consejo: En primer lugar, quemar sus sinagogas… en honor de nuestro Señor y de la Cristiandad, para que Dios vea que somos cristianos… Aconsejo que sus casas también sean arrasadas y destruidas… Aconsejo que sus libros de oración y textos talmúdicos sean tomados de ellos para ser destruidos… Aconsejo que a sus rabinos se les prohíba enseñar de ahora en adelante bajo pena de pérdida de la vida…” Hay que decir también que el reformador quiso atraérselos al inicio de la Reforma, pero una vez que  chocaron con la pertinaz resistencia de los judíos cambió su actitud al final de sus días.

Para tener un cuadro más amplio de la situación y comprender mejor el tiempo que estamos viendo en nuestro recorrido histórico, debemos incluir también otro factor importante en el devenir de los hechos, nos referimos al Talmud. Durante mucho tiempo se enfrentó los escritos del Nuevo Testamento con el Talmud judío.

Talmud (2)El Talmud, según la explicación de los propios rabinos judíos, consta de la Mishná, es decir, la explicación oral de la Torá (los cinco primeros libros de la Biblia) y la Guemará, que son los comentarios sobre el texto de la Mishná. Se escribió entre los siglos III y VI en arameo y hebreo. En esta obra inmensa que contiene mucha sabiduría por un lado, también se habla despectivamente de Maria, de Jesús y de sus seguidores. Esta obra no era conocida por los gentiles, ni siquiera por los líderes religiosos, sin embargo, cuando algunos de los judíos que se convirtieron al cristianismo y llegaron a ser autoridades en materia de enseñanza, eran conocedores de los comentarios negativos que se hacían en el Talmud sobre Jesús, Maria y el cristianismo en general, lo pusieron en conocimiento de los papas y la jerarquía católica que a su vez fue un motivo más para la controversia y el enfrentamiento. Hubo en la Edad Media varios enfrentamientos entre rabinos defensores del Talmud y maestros cristianos, especialmente conversos, defensores del Nuevo Testamento. La obra citada del historiador español  Luis Suárez relata ampliamente estos debates.

El Cristianismo actual, en buena medida, es heredero de este conflicto. Hemos heredado las características del pecado de Jeroboam, (visto en un capítulo anterior), que se establece a través de la tradición religiosa pasando de generación en generación hasta el tiempo de la restauración de todas las cosas de que habla el apóstol Pedro. Por último, decir que una vez que se asentó la Cristiandad como religión oficial del Imperio los judíos quedaron en una situación de debilidad frente al poder dominante que surgió con la caída del Imperio Romano. La diáspora judía en las naciones cristianas fue dura y difícil. Se dictaron leyes injustas en diversos periodos que llevaron mucho sufrimiento y desprecio al pueblo de la Biblia.

MahomaLa llegada del Islam, Mahoma y el Corán

Con la decadencia del cristianismo a mero formulismo institucional, convertido mayoritariamente en una religión unida al poder político, tiene lugar en la historia la aparición del Islam con la predicación de Mahoma (570?-630 d.C.) en Arabia. Cito a continuación de la Historia del pueblo judío de Werner Keller. “Como la mayor parte de los habitantes de su ciudad natal, Mahoma se hizo también comerciante. En los mercados de la Meca y en sus numerosos viajes que, primero con las caravanas comerciales de su tío Abu-Talib y luego con las de su primera mujer Kadidja, le llevaron a través del Hedjaz y hasta Siria, conoció los relatos del Antiguo Testamento y del Talmud, historias sacadas de los evangelios y leyendas cristianas. A menudo iban también a la Meca judíos de Yatreb (ciudad que luego cambiaría su nombre por al-Medina), y en sus muros vivían algunos cristianos. Lo que le conmovía de modo más profundo, lo que quedó grabado en él con huella imborrable y tanto contribuyó en su pensamiento fue lo que aprendió del Judaísmo: la creencia en el Dios único, universal, y la creencia en Abraham, en los patriarcas y en los famosos profetas de este pueblo”.

Con cuarenta años, Mahoma tiene transformaciones profundas, se retira a lugares solitarios y aparece más tarde con el mensaje de que el ángel Gabriel se le ha aparecido y le ha mostrado nuevas verdades divinas. Comienza a predicar el monoteísmo y contra la idolatría de su entorno. En la Meca le rechazan y viaja a Yatreb (Medina), donde había conseguido que le siguieran algunos peregrinos, acaricia la idea de que las tribus judías, muy influyentes en ese lugar, aceptaran su mensaje y nueva religión. Mahoma se esforzó por ganarse la simpatía de los judíos, incluso les hizo concesiones haciendo coincidir el día del ayuno más importante con la fecha del Yom Kipur, fiesta de la expiación judía. Werner Keller sigue diciendo en su historia: “Mahoma vio frustradas sus esperanzas. Solo unos pocos judíos le siguieron. La mayoría le rechazaron. Entonces la inclinación del profeta se transforma en odio. Rompe para siempre con los judíos, que se niegan a aceptar su doctrina, y se convierte en su más encarnizado enemigo… Dedica una sura, “sura de la vaca”, llena de improperios contra los judíos”. En el año 623 cambió la dirección del rezo, antes lo había orientado hacia Jerusalén, ahora debe ser hecho con dirección a la Meca. También cambio el ayuno en el día del Yom Kipur judío y lo fija en el mes de Ramadán, establecido de esa forma hasta nuestros días. Y además ordena que el día de descanso de los musulmanes sea el viernes en clara oposición al sábado de los judíos.

Cómo me recuerda este episodio, una vez más, al pecado de Jeroboam. Recordemos que el rey de Israel cambió a su antojo las formas establecidas por Dios en la Torá, cambió días, fiestas, lugares y sacerdotes con el fin de que no tuvieran que ir a adorar a Jerusalén, todo un sistema nuevo, copiando la estructura pero adaptándola caprichosamente a sus intereses políticos y religiosos. Una vez más vemos en el nacimiento del Islam los mismos principios para la formación de un nuevo sistema religioso que se estableció y se extendió rápidamente después de la muerte de Mahoma a través de las invasiones árabes del siglo VII. Precisamente el Islam penetró en gran parte del imperio Bizantino (antiguo imperio romano de oriente) y en el norte de África donde el cristianismo tuvo gran apogeo, hasta llegar a la Península Ibérica en el año 711.

Se puede decir que buena parte del Corán es una mala copia de escritos del Antiguo Testamento, aparecen cambios en sucesos y personajes totalmente inauditos. Los judíos no podían aceptar semejante falsificación y pronto mostraron su rechazo a la predicación de Alah. Con las conquistas árabes vivieron tiempos cuando fueron tolerados y otros cuando fueron perseguidos y masacrados. Resumiendo debemos decir lo siguiente. Las tres religiones monoteístas: Judaísmo, Cristianismo y el Islam hunden sus raíces en la revelación que Dios ha hecho a los judíos, los patriarcas y los profetas. Los judíos como nación no aceptaron la llegada del Mesías, Jesús de Nazaret, que sí recibieron los gentiles, llegando con el tiempo a apropiarse de las Escrituras de Israel y rechazando a ese pueblo a través de la teología del reemplazo. De la decadencia del cristianismo tuvo su aparición la fe musulmana que se extendió rápidamente por la mayoría de las naciones que antes había abrazado el cristianismo, especialmente en la parte oriental del imperio romano y el norte de África, mayoritariamente naciones cristianas hasta ese momento. Fue en el norte de Hispania donde se frenó el avance de las huestes islámicas y con ello su incursión en la Europa occidental. El Islam toma su base doctrinal de la influencia del Antiguo Testamento y unas revelaciones supuestas del ángel Gabriel a su profeta Mahoma. Traza de esa forma un nuevo sistema religioso basado en un credo que dice “Hay un solo Dios y Mahoma es su profeta”. También reconoce que la revelación de Dios en el mundo es progresiva y encuentra seis fases de ella: Adán, Noé, Abraham, Moisés, Jesús y Mahoma. Después de él no hay necesidad de más profetas; él es el último y en el Corán queda  recogida la palabra de Dios final y mejor. Sus cinco pilares doctrinales son: La profesión de fe, que ya hemos citado; la oración echa cinco veces al día en dirección a la Meca; la limosna, deben darla al menos una vez al año a las personas más pobres de la comunidad; el ayuno, hecho en el mes de ramadán y obligatorio para todo musulmán y por último el peregrinaje a la Meca que debe hacerse obligatoriamente al menos una vez en la vida.

En el año 638 cae Jerusalén en manos de las tropas musulmanas, conquistando la ciudad que estaba en poder de los bizantinos y que defendieron tenazmente.  Fue el califa Omar ibn al Katab quién entró en ella y mandó construir una mezquita en el mismo lugar donde había estado antes el templo de Salomón; aunque realmente no se llegó a ver cumplido su deseo hasta cincuenta años más tarde con el califa Abd-el-Malik que realizó la obra imponente que ha llegado hasta nuestros días y que domina la explanada de las mezquitas en la Jerusalén actual. Decir también que cuando entró el califa Omar en la ciudad de David revocó la ley que prohibía entrar a los cristianos en la ciudad desde tiempos de Adriano.

Las cruzadas (2)Las cruzadas, la peste y la Inquisición

A partir de este momento de la historia se produce una lucha abierta entre dos cosmovisiones religiosas en el mundo conocido, por un lado la cristiana y de otro la musulmana. Los judíos, que seguían dispersos por las naciones ahora se movían entre dos poderes dominantes, la cruz y la media luna. Tuvieron que adaptarse al medio sin perder su identidad. Hubo tiempos cuando vivieron mejor en naciones donde los reyes eran cristianos nominalmente y otras en que fueron mejor tratados en naciones dominadas por los califas. En ninguno de los dos casos tuvieron paz duradera, siempre encontraban en los judíos el chivo expiatorio para cargarles todas las culpas de las miserias vividas por sus pueblos y a las que sus reyes no sabían ofrecer soluciones. Con la conquista de Jerusalén por los musulmanes se consolidó un dominio que duraría hasta la época de las cruzadas. Los judíos habían mantenido comunidades en la Galilea y en otros lugares de Eretz Israel, aunque sometidos al poder dominante en cada periodo. Ahora tocaba soportar a los árabes bajo el califato de Bagdad, y desarrollar su identidad y misión en esas condiciones. Como hemos dicho, una de las mejoras que experimentaron fue que pudieron regresar a vivir en la ciudad de Jerusalén que les había sido vetada por los romanos y bizantinos.

A mediados del siglo XI un nuevo pueblo musulmán, el de los turcos selyúcidas, conquistó el califato árabe de Bagdad e impuso su dominio desde Jerusalén hasta las costas del golfo Pérsico. Los sultanes o reyes turcos arrebataron Asia Menor al imperio bizantino, estableciendo su capital en Nicea, ciudad que no distaba más de 100 Km de Constantinopla. Luego derrotaron a los musulmanes de El Cairo, se apoderaron de Jerusalén (1078) y conquistaron la antigua tierra de Israel y Siria. Todos estos sucesos tuvieron gran repercusión en Europa que se movilizó para rescatar Jerusalén y los lugares santos de las manos de los turcos. Fue el papa Urbano II (1088-1099), quién en el concilio celebrado hacia fines de 1095 en la ciudad de Clermont (sur de Francia) inició la predicación de la Cruzada. El mensaje era sacado de las palabras del evangelio: “Renuncia a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”. La multitud manifestó su aprobación con el grito de “Dios lo quiere”. De esta forma se puso en marcha la primera cruzada que tendría consecuencias desastrosas para el pueblo judío.

“La indulgencia plena atribuida al viaje a Jerusalén sirvió para recordar a los cristianos que ellos eran el nuevo y definitivo Israel y que la tierra de Palestina era santa para ellos. No una santidad compartida sino vehículo de odio contra los judíos que, en ella, se hicieron responsables de la muerte del Salvador. Los predicadores hicieron referencia a esta circunstancia y el propio Urbano II, al desencadenar la primera expedición, llamó a los caballeros de la cruz “hijos de Israel”. En 1095 masas desorganizadas se pusieron en marcha guiados por fanáticos inexpertos como Gualterio o Pedro “el ermitaño”. Un cronista judío recurrió a un verso de los Proverbios (30:27) para describir esta expedición: “Las langostas no tienen rey, pero van juntas en bandadas”. Los cruzados, en esta primera onda sin control, hablaban de vengar la sangre de Nuestro Señor y, a su paso,  organizaban matanzas y saqueos en las juderías, tratando de obligar a sus moradores al bautismo” (Luis Suárez págs. 348,349). Aquel verano de 1096 será recordado en la tradición judía como el de los martirios, muchos judíos “santificaron el nombre de Dios” entregando su vida.

Las cruzadas fueron ocho, no todas de la misma intensidad, alcanzando un periodo de casi dos siglos (1095-1275). En la primera Godofredo de Bouillon  consiguió el objetivo de conquistar Jerusalén, además  Asia Menor fue devuelta al Imperio Bizantino y la tierra santa fue liberada de la dominación musulmana. Los cruzados establecieron en Siria un estado  independiente llamado el reino latino de Jerusalén. La segunda y tercera no fueron exitosas para los intereses de los reinos cristianos. En 1187 Jerusalén volvió a manos musulmanas tras la conquista de Saladino. Las demás cruzadas fueron de menor intensidad, algunas de ellas insignificantes. En 1291 los turcos expulsaron a los últimos cristianos de Siria. Habían pasado dos siglos desde que se proclamara en el concilio de Clermont la cruzada contra los infieles y después de todo ese tiempo no se había logrado debilitar la fuerza del Islam, por tanto, podemos decir que las cruzadas fueron un rotundo fracaso, una obra de la carne que asoló las juderías, incluso ciudades del Imperio Bizantino que eran cristianas, produjo muerte y destrucción a su paso y dejó una huella imborrable en la conciencia judía que ha llegado hasta nuestros días, relacionando la cruz con persecuciones, el término cruzada con destrucción y el bautismo con la imposición o muerte. También el concepto de conversión ha llegado a tener en la mente judía una connotación de obligatoriedad de  la fe cristiana contra el aniquilamiento de la fe judía, nada más lejos del pensamiento bíblico y el mensaje de los apóstoles y del mismo Jesús. A nivel social las cruzadas  introdujeron  nuevas posibilidades de intercambio entre Occidente y Oriente. También debemos decir que sin el levantamiento de los reyes cristianos en este tiempo el Islam hubiera seguido avanzando y anexionándose territorio tras territorio para la fe musulmana.

Peste negraAvanzando en el periodo de la Edad Media nos encontramos con la llegada de la peste (1348), éste enemigo mortal que produjo en toda Europa una mortalidad dantesca, se cree que pereció la tercera parte de la población europea que en aquel tiempo pudo ser de unos 20 millones de personas,  encontró en las comunidades judías unas condiciones higiénicas y dietéticas superiores por lo que experimentaron una menor mortandad que en ciertos barrios cristianos, esto se interpretó como señal de que los judíos serian los causantes de la plaga y habían producido el contagio.

En Saboya, donde se celebraron los primeros juicios formales en septiembre de 1348, se confiscó la propiedad de los judíos mientras estos permanecían en prisión esperando que se probasen las acusaciones que contra ellos se levantaron. Las acusaciones fueron comprobadas por el método medieval: confesiones obtenidas mediante tortura. Se dijo que existía una conspiración judía internacional con base en Toledo, de donde partían emisarios que llevaban el veneno escondido en pequeñas bolsas, así como instrucciones rabínicas sobre la forma de envenenar pozos y manantiales. Los judíos fueron encontrados culpables; once de ellos fueron quemados vivos y el resto de la comunidad judía tuvo que pagar un impuesto de ciento sesenta florines al mes durante seis años para seguir residiendo en la ciudad.  

Las confesiones obtenidas en Saboya, distribuidas por carta de ciudad en ciudad, formaron la base para una serie de ataques a lo largo y ancho de Suiza, Alsacia y Alemania. El Papa intentó frenar la histeria con otra bula en la que decía que aquellos cristianos que inculpaban a los judíos de la peste habían sido seducidos y engañados por el diablo. Señalaba que la peste afectaba por igual a todo el mundo, incluidos los judíos, y que lugares donde no vivía ninguna comunidad judía la plaga era tan terrible como en el resto del mundo. Animó además al clero a acoger a los judíos bajo su protección, pero desgraciadamente su voz no fue oída. En Basilea, el nueve de enero de 1349, toda la comunidad judía, de varios cientos de personas, fue quemada en una casa de madera construida especialmente al efecto en una isla del Rin, y se emitió un decreto por el cual ningún judío podía volver a la ciudad en más de cien años. En Estrasburgo, el consejo municipal, que se oponía a la persecución, fue depuesto por el voto de los gremios y se eligió otro dispuesto a cumplir la voluntad popular. En febrero de 1349, antes de que la peste alcanzase la ciudad, los judíos de Estrasburgo, unos dos mil, fueron conducidos a un camposanto donde todos aquellos que no aceptaron la conversión fueron quemados en hogueras. Los últimos pogromos tuvieron lugar en Amberes y en Bruselas, donde toda la comunidad judía fue exterminada en diciembre de 1349. Cuando acabó la peste quedaban muy pocos judíos en Alemania y los Países Bajos.

La Inquisición medieval se fundó en 1184 mediante una bula papal como un instrumento para acabar con la herejía de los cátaros o albigenses en la zona de Languedoc (el sur de Francia). Sería el embrión del que nacería el Tribunal de la Santa Inquisición y el Santo Oficio. El primer inquisidor nombrado por el Pontífice romano fue Domingo de Guzmán (1170-1221), español de Caleruega (Burgos) y fundador de la orden de los dominicos. Otra bula del papa Inocencio IV en 1252 autorizó el uso de la tortura para conseguir la confesión de los reos. Se recomendaba a los torturadores que no se excedieran hasta el punto de mutilar o matar a los acusados. Los que se negaban a adjurar de su herejía, llamados herejes relapsos, eran entregados al brazo secular para la ejecución de la pena de muerte. En sus inicios funcionó esencialmente en el sur de Francia y el norte de Italia. A España llegaría más tarde, primero a la corona de Aragón y ya en la época de los reyes católicos a Castilla en 1478 por medio de otra bula papal con la finalidad de combatir las prácticas de los judaizantes judeoconversos españoles. En España tardó mucho más tiempo en desaparecer este Tribunal y dependía de la corona española, implantándose en todos sus reinos y más tarde en las Américas. El Santo Oficio fue un instrumento de persecución implacable contra todo lo que se salía de la ortodoxia católica. Sembró el terror allí donde se implantó, hizo de la acusación anónima una herramienta para sembrar la desconfianza entre las gentes y dio alas a aquellos que querían vengarse de algún vecino molesto desatando  la codicia sobre los bienes de muchos judíos ricos para arrebatárselos a través de las condenas que la Santa Inquisición llevaría a cabo, también los reyes obtuvieron grandes sumas de dinero y bienes por este medio.

Sello de la inquisiciónLa historia de la Inquisición en España es uno de los episodios más oscuros de nuestro pasado, creó una atmósfera de inseguridad, miedo, sospechas, acusaciones anónimas; las mazmorras donde se interrogaban y torturaban a los acusados eran lugares tenebrosos de donde salían en muchas ocasiones hombres y mujeres destrozados, marcados de por vida junto con sus familias y en muchos casos con destino a la hoguera “purificadora” para erradicar la herejía. Herejía que consistía en celebrar el shabat, o no comer cerdo, o no encender fuego el sábado, en el caso de los judíos; por su parte los procesos a los luteranos o protestantes era por introducir en España algún libro de la Reforma, los evangelios o la Biblia en la lengua del pueblo, por confesar su fe en Jesús según los principios de la Reforma luterana de sola fe, sola gracia y sola Escritura. Paradójicamente, estos sucesos tuvieron lugar en medio del Siglo de Oro español en las letras, es el tiempo de la gramática de Nebrija y la Celestina, de las coplas de Jorge Manrique, del Lazarillo de Tormes y los místicos: San Juan de la Cruz,  Santa Teresa de Jesús y muchos otros, es por supuesto el tiempo de la gran obra de la literatura universal de Miguel de Cervantes y el Hidalgo Don Quijote. Es el tiempo de las peores persecuciones de judíos (1391), del levantamiento de un gran icono del antisemitismo como fue el juicio por el asesinato “ritual” del santo niño de La Guardia (donde se construyó una capilla que ha llegado hasta nuestros días), es el tiempo de la conquista del reino de Granada y el fin de la Reconquista, es el momento del descubrimiento de América y además de la expulsión de los judíos de España en 1492 por ese edicto infame que promulgaron los reyes católicos y que puso fin a siglos de estancia de los judíos en nuestro país; el edicto de expulsión causó una herida en el alma del pueblo de Israel que aún hoy recuerdan con dolor a pesar de su amor por Sefarad. En fin, un periodo  largo y lleno de acontecimientos relevantes que pusieron a España en el centro de la Historia mundial y que han marcado nuestro destino como nación, con sus luces y sombras. Ese periodo dio lugar también a la leyenda negra que nos ha marcado y acompañado como una losa hasta nuestros días.

Hay que decir también que la expulsión de los judíos de España no fue la primera que se realizó en Europa, ni sería la última. En Francia fueron expulsados en varias ocasiones, la primera en 1182 ordenada por el rey Felipe Augusto, luego hubo expulsiones en 1306 ordenada por Felipe IV, 1321 y 1394. En Inglaterra fueron expulsados en 1290 en tiempos de Eduardo I, esta fue la primera gran expulsión de la Edad Media. De Austria fueron expulsados en 1421 después de una persecución que produjo 270 judíos quemados, confiscación de bienes y conversión forzosa de los niños. Y después de la expulsión de España en 1492 le siguieron la de Sicilia en 1493 ordenada por el rey Fernando de Aragón, la de Lituania en 1495, Portugal 1496 y 1497, en Brandeburgo (Alemania) en 1510, Túnez en 1535, Reino de Nápoles en 1451, Génova 1550 y 1567, Baviera en 1554 y los Estados Pontificios del Vaticano en 1569 y 1593 expulsados por el papa Pío V, exceptuando los residentes en las ciudades de Roma y Ancona. Detrás de todo este rechazo tuvo que haber una infinidad de dramas humanos y familiares, no es de extrañar la figura del judío errante. Lo que realmente llama la atención es que la mayoría de estos países señalados eran de religión y tradición cristiana, por tanto, de trasfondo hebraico, lo que nos devuelve una vez más al daño producido por la teología del reemplazo y la acusación de ser un pueblo deicida. Surgen muchas preguntas al pensar en todos estos hechos históricos, pero lo que me viene a la mente en estos momentos es el daño que puede producir la ignorancia, el fanatismo religioso, la intolerancia, la envidia, el celo sin sabiduría, en definitiva lo que el apóstol Pablo llama las obras de la carne en contraste con la obra del Espíritu en su carta a los gálatas. El ser humano caído, no redimido, aunque tenga una fachada o vestido religioso, un lenguaje de apariencia de piedad y un culto preñado de formalismo externo sin cambiar el corazón, el interior, se vuelve un enemigo depravado del otro, del diferente, en definitiva del prójimo a quién debe amar según los mandamientos básicos del evangelio y que tienen su fundamento en la Ley de Dios dada a Moisés, es decir, las Escrituras judías.

TorquemadaEn España la Inquisición se mantuvo mucho más tiempo que en otros países y además se consolidó como un instrumento de la corona para mantener la unidad religiosa y expurgar a todo disidente. Se aplicó con saña y el pueblo llano la asimiló y vivió cómodo con esta institución de dominio que le daba la oportunidad de vengarse de los judíos o protestantes y codiciar sus bienes, aunque en muchos casos se volviera contra ellos mismos en una especie de pez que se muerde la cola. Tenemos testimonios de masas desenfrenadas que se lanzaron contra los judíos en la matanza de la judería de Sevilla en 1391 y que se extendió a otras ciudades españolas, manipuladas por predicadores exaltados como el arcediano don Ferrán Martínez que el 6 de junio de 1391 agitó y dirigió a la población para asaltar la judería. Más de cuatro mil judíos fueron asesinados y solo consiguieron salvar la vida algunos que suplicaron el bautismo.

Cito a continuación la narración que hace Cesar Vidal en su libro (España frente a los judíos: Sefarad)  al relatar como se extendió la persecución que comenzó en Sevilla y continuo por muchas otras ciudades españolas. “El 5 de agosto, festividad de Nuestra Señora de las Nieves, era aniquilada la judería de más rancio abolengo de España, la situada en Toledo. El espantoso acontecimiento tenía un paralelo, cronológico y fáctico, en el arrasamiento de la aljama de Barcelona. El grito de los opresores era una verdadera declaración de principios: “Muera todo hombre y viva el rey y el pueblo”. En realidad, el pueblo cometía las atrocidades y lo hacía convencido de que el rey –desde luego, sus funcionarios- tenía que respaldarlas. De los judíos barceloneses tan sólo salvaron la vida aquellos que suplicaron ser bautizados. Antes de llegar a mediados del mes de agosto, el drama vivido por los judíos de Toledo y Barcelona se repetía en Palma, Lérida, Gerona, Mallorca, Burgos, Logroño, Zaragoza, Huesca, Teruel, Palencia y León. Cuando el día 13 del citado mes se detuvieron las principales matanzas de judíos, la inmensa mayoría de las juderías habían dejado de existir. Una tercera parte de sus componentes había perecido; otro tercio se había convertido al catolicismo. En otras palabras, los judíos habían perdido a dos terceras partes de sus efectivos en apenas unas semanas. Las muertes pudieron superar los cincuenta mil muertos, los daños materiales fueron incalculables… Las consecuencias significaron, por lo tanto, una incomparable desgracia que, sin embargo, no sólo afectó a los judíos. Por una de esas terribles ironías que se dan en la Historia, el pueblo llano fue uno de los sectores más perjudicados por las atrocidades que había cometido”.

Estas atrocidades, que no fueron condenadas oficialmente, dejaron pronto otro conflicto al que se entregaron con verdadera pasión los inquisidores de turno, me refiero al problema de los conversos, los judíos que habían abrazado  la fe católica en medio de la persecución y que siguieron practicando las tradiciones de sus padres. Muchos de estos judíos llegaron a ocupar puestos relevantes en la administración, incluso en la jerarquía católica. Cuando se anunció el edicto de expulsión el 31 de marzo de 1492 se les dio a los judíos residentes en España, algunos establecidos por siglos en su amada Sefarad por generaciones y generaciones, cuatro meses para que se convirtieran mediante el bautismo a la religión católica o que marcharan con lo puesto fuera del Estado español. Muchos salieron y otros optaron por el bautismo forzado para esperar mejores tiempos. A muchos de los que eligieron quedarse les esperaba la amenaza del Tribunal del Santo Oficio, la inquisición sobre sus vidas y prácticas, tenían que probar su fidelidad  al dogma. Muchos fueron acusados de mantener prácticas judaicas, se les llamó marranos y se les persiguió concienzudamente. Nacieron los estatutos  de pureza de sangre; el racismo y antisemitismo volvía a mostrar su cara más tenebrosa en nuestro país. Para un desarrollo de estos estatutos de limpieza de sangre ver los apéndices al final del libro.

Después de la expulsión de los judíos de Sefarad en 1492 por los reyes católicos, (una de las sombras más oscuras de nuestra historia), los judíos sefardíes se extendieron unos a la vecina Portugal, de donde pronto volverían a ser expulsados por las presiones de la corona española en 1496; otros cruzaron el Estrecho para entrar en el norte de África y muchos, seguramente la gran mayoría, acabaron dentro de los límites del imperio turco. Todos ellos mantendrían la lengua de Sefarad, y gran parte de su cultura hasta nuestros días. Como hemos dicho antes, esta ha sido una de las grandes heridas en el alma del pueblo de Israel. El daño causado por la expulsión no solo afectó a los descendientes de Abraham, sino que atrajo una gran oscuridad hacia nuestro país, un afincamiento en la intolerancia religiosa que condujo poco después a resistir la luz del evangelio y perseguir con saña a quienes abrazaron la verdad de las Escrituras que se liberaron en la Reforma que dio inicio en 1517. Todo ello en aras de una unidad fabricada, impuesta  con fines políticos que nunca tiene el respaldo en la revelación de Dios en Su Palabra. Ese tipo de unidad puede obtener frutos políticos a corto plazo, pero a la larga produce una gran Babel que confunde, ocupa el gobierno de Dios en los corazones de sus hijos y ejerce una tiranía que acaba destruyendo la vida humana. Ese tipo de unidad se ha repetido trágicamente en nuestro pasado siglo XX con dos grandes totalitarismos que han producido el mayor número de muertos de toda la Historia Universal.

13 – Las dos grandes crisis de la antigüedad

EL ENIGMA ISRAELHablando de grandes crisis podemos citar cinco que han acontecido en la Historia de Israel y que han marcado su desarrollo de manera especial, aunque podríamos mencionar algunas más, las que estoy pensando son estas: La destrucción del templo de Jerusalén a manos de Nabucodonosor y los caldeos en el año 586 a.C. La destrucción del segundo templo de Jerusalén en el año 70 d.C. por los romanos; la rebelión de Bar Kojba en el 132 d.C.; la expulsión de los judíos de España en 1.492 d.C. y el Holocausto de Hitler en el siglo XX. De estas cinco grandes crisis nos ocuparemos ahora de las que tuvieron lugar en el año 70 y en el año 132 d.C. Como dato curioso para el recuerdo decir que las cuatro primeras ocurrieron en el 9 de Av del calendario judío, fecha fatídica en su historia.

La destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 d.C.

La paz impuesta por Roma a todo el mundo Mediterráneo por la fuerza de sus legiones chocó con los rebeldes judíos que no quisieron aceptar el yugo romano. Los llamados zelotes, o nacionalistas radicales, mantuvieron un pulso con la capital del Imperio que desembocó en la revuelta iniciada en el año 66 d.C. y que culminó en el 73 d.C. con la toma de la fortaleza de Masada. El suceso que cambió el signo de los acontecimientos fue la destrucción de la ciudad de Jerusalén y el templo a manos del general Tito, futuro emperador de Roma. Se ha dicho que la voluntad del general romano no era destruir el templo, si no mantenerlo a salvo, pero un incendio provocado por un legionario dio lugar a su completa destrucción.

Jesús anticipó esa destrucción en su mensaje a los discípulos cuando les dijo:

Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida… Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan (Lucas 21:20-24).

Esta destrucción produjo una conmoción tan grande en la identidad del pueblo judío que su historia ya no sería la misma a partir de entonces. El templo, que había sido el centro de la actividad religiosa, social, cultural y política de la nación quedó arrasado, los sacrificios no se pudieron hacer más y ahora la sinagoga que ya había comenzado a tener gran importancia desde los días del destierro a Babilonia, se convirtió en el eje de la vida judía. Poco a poco la sinagoga quedaría enfrentada a la iglesia y ésta con aquella en un antagonismo que fue pronunciándose más y más hasta su separación total. Surgió así una división de base que alejó a los creyentes gentiles de sus raíces judías y los introdujo en una mezcla con el paganismo y el Helenismo griego que daría lugar a más alejamiento de la rica savia del olivo. Por su parte el Judaísmo ortodoxo se enrocó sobre sí mismo y anatematizó la mesianidad de Jesús, llegando a introducir en el Talmud maldiciones y proclamaciones execrables sobre la figura de Jesús de Nazaret que daría munición a la teología antisemita que se va a desarrollar durante la larga Edad Media.

La rebelión de Bar Kojba  en 132-135 d.C.

A pesar de la destrucción del templo de Jerusalén los rebeldes judíos mantuvieron la esperanza de romper el yugo de Roma y volver a la reconstrucción del templo y la ciudad como en los días del regreso de Babilonia.

El emperador Adriano viaja a Judea en el año 131 y se encuentra que cincuenta años después de ser arrasada Jerusalén sigue siendo un desierto pedregoso. Concibe la idea de reconstruirla como ciudad romana y hacer un templo nuevo a Júpiter en el mismo lugar donde había estado el de Salomón. Los judíos que mantenían la esperanza de poder volver algún día a reconstruir la ciudad y el templo mientras era un lugar desierto, vieron que esa esperanza se desvanecía para dar paso a un templo pagano y una ciudad romanizada, de esta forma Judea volvió a empuñar la espada.

Uno de los dirigentes judíos, rabino, llamado Akiba cuando vio a Simón Bar Kojba quedó tan impresionado que lo relacionó con la profecía de Balaán en Números 24:17. “Saldrá Estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel” de esta manera Bar Kojba se convirtió en “hijo de la estrella” y fue proclamado como mesías. Alrededor de él se formó un ejército imponente que el romano Dión Casio cifra en 580.000 efectivos. Pronto tomaron ciudades, en un año cayeron en sus manos Judea, Galilea y Samaria. Por su parte el emperador Adriano, después de estas derrotas, llamó a su mejor general, Julio Severo, quién sin enfrentarse en campo abierto con tan potente enemigo, fue tomando ciudades poco a poco sitiándolas y haciéndolas caer por hambre. Los enfrentamientos duraron unos tres años hasta que se impuso la enorme maquinaria de guerra de Roma. En las cercanías de Jerusalén (arrasada todavía desde hacía 65 años) el falso mesías se hizo fuerte con sus últimos seguidores  hasta que fue derrotado definitivamente. La masacre fue brutal, se cree que más de medio millón de judíos perecieron, muchos fueron hechos esclavos y llevados al cautiverio.

El emperador Adriano consiguió su deseo  de reconstruir una ciudad romana en la antigua Jerusalén con un templo a Júpiter. Prohibió la entrada de cualquier judío a la ciudad y persiguió con dureza su religión. Promulgó leyes que prohibían bajo pena de muerte celebrar el shabat, la circuncisión, las fiestas religiosas, la enseñanza de la Torah. Fueron perseguidos los maestros y rabinos del Judaísmo, en definitiva se quiso erradicar todo rastro de religión judía. Jerusalén fue llamada Aelia Capitolina, que se convirtió en colonia romana poblada por soldados retirados y extranjeros. La explanada del templo fue arada para borrar toda huella del antiguo santuario y construir un templo a Júpiter Capitolino.  Se levantó una columna con la figura del emperador Adriano y se prohibió a los judíos entrar en la ciudad bajo pena de muerte. Incluso se hizo desaparecer el nombre de Judea y desde entonces el país se llamó Siria Palestina, el nombre de los antiguos enemigos de Israel que habían habitado en la costa “tierra de los filisteos”. Sobre este tema volveremos más adelante cuando tratemos la falsa propaganda árabe-palestina sobre el nombre de la tierra de Israel y como ha calado erróneamente en los escritores, los medios de comunicación, historiadores, incluso bíblicos el falso concepto de denominar a Judea o Erets Israel con el nombre de Palestina incluso antes del tiempo que estamos tratando en la rebelión de Bar Kojba, allá por el año 132 de nuestra era.

Esta rebelión no fue apoyada por los judíos cristianos, puesto que anunciaba otro mesías distinto al que ya se había manifestado en Israel en el cumplimiento del tiempo y que hemos visto anteriormente. Jesús era el Mesías de Israel, por tanto, no podían reconocer en la persona de Simón Bar Kojba a otro mesías. Así llegamos a un periodo de la historia donde se consolidó la separación entre Judaísmo y Cristianismo. Tiempo después, cuando se aceptó el cristianismo como religión oficial del Imperio, ésta se convirtió en enemiga y perseguidora del Judaísmo e intentaron no solo la aniquilación política (llevada a cabo por Antíoco IV Epifanes y el emperador Adriano), sino también su existencia espiritual a través de la teología del reemplazo y otras que llenaron la Edad Media de oscuridad para el pueblo de Israel.

Después de esta gran prueba para la supervivencia de Israel como pueblo, se consolidó la movilidad del Judaísmo con la enseñanza de la Torah y las sinagogas en las nuevas ciudades donde iban a establecerse. Había comenzado la gran diáspora del pueblo judío que culmina en 1948 con el establecimiento del Estado moderno de Israel. Se fortalecieron los lazos con las comunidades ya dispersas en Siria, Asia Menor y surgieron nuevas especialmente en el norte de África.

12 – La plenitud (el tiempo) de los gentiles

EL ENIGMA ISRAELEn el capítulo anterior hemos ido dando pinceladas al conflicto que se presentó en el pueblo de Israel con la entrada masiva de gentiles en la ciudadanía de Israel una vez que aceptaron a Jesús como Mesías. Esto condujo a un conflicto identitario que marcó la convivencia entre judíos y gentiles por un lado y entre judeocristianos y el cristianismo de origen gentil por otro, aunque  en ambos casos se solapan y desdoblan las dificultades.

Hemos dicho antes que este proceso fue gradual, poco a poco fueron desapareciendo los apóstoles y la primera generación de discípulos de origen judío, que dieron paso a un liderazgo mayoritariamente de origen gentil. Con la crisis y destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. el epicentro del cristianismo primitivo se trasladó de la ciudad de David a Roma, con otros centros de influencia en Alejandría y el norte de África, y más tarde en Constantinopla. En este proceso hubo una crisis que marcó el punto de inflexión como fue la destrucción de Jerusalén y el Templo, también hubo otra crisis más adelante denominada la rebelión de Bar Kopca en el año 132 d.C.

En las Escrituras encontramos algunos textos que nos hablan de este proceso como de un propósito divino, denominado el tiempo de los gentiles, la plenitud de los gentiles y el misterio del endurecimiento de Israel como nación al evangelio de Jesús. Veamos.

Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito… (Ro.11:25).

El apóstol Pablo amplía este tema controversial en tres capítulos de la carta a los Romanos. En el texto mencionado habla de misterio, de endurecimiento en parte de Israel, y de un periodo de tiempo de los gentiles que acaba con la salvación de los judíos. Suficientes ingredientes para mantener un debate interminable. Por otro lado, el mismo Jesús habla de la diáspora del pueblo de Israel a todas las naciones, de la destrucción de Jerusalén por los gentiles, y la culminación de ese tiempo que dará lugar a una crisis mundial que antecede al día de la redención final cuando vendrá el Hijo del Hombre en una nube con poder y gran gloria.

… porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan. Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Lc.21:24-32).

Sin pretender analizar estos textos en profundidad es necesario que observemos también el rebrotar de la higuera (Israel), cuando los demás árboles (figura de las naciones, los nacionalismos), también lo hacen. Esto está sucediendo ante nuestros ojos hoy. Lo que creo que podemos ver y comprender con cierta normalidad es que en el tiempo que estamos estudiando, el primer siglo de nuestra era, vemos la convergencia de algunos factores muy llamativos. Por un lado, que Israel como nación rechaza al Mesías, aunque miles (Hch. 21:20) habían creído en él. Vemos que multitudes de gentiles de todas las naciones creen en el anuncio del evangelio  participando de los bienes espirituales de Israel (Ro. 15:27); que reciben la herencia de la bendición de Abraham (Gá. 3:14), y que son hechos coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo por medio del evangelio (Ef. 3:3-6). Vemos también que ese periodo se caracteriza por el predominio de los gentiles en la llamada iglesia de Dios; que los judíos viven una diáspora (no el abandono de Dios) en ese mismo tiempo hasta que entran en el rebrotar de la higuera, el retorno a su tierra en Eretz Israel, y que todo ello precede a crisis mundiales de diversos tipos y culmina con la aparición del Hijo del Hombre y la redención final, incluyendo la salvación de todos los judíos, dice el apóstol Pablo.

A todo esto se le llama misterio, el misterio del endurecimiento de Israel, (no que fueran desechados); enemigos en cuanto al evangelio, pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres (Ro.11:28). Medita también en estos textos: Romanos 9:30,31; 11:7; 11:30,31. A esto debemos incluir y no olvidar nunca, que los gentiles hemos sido injertados en los planes de Dios a través del Mesías para participar de las promesas, los pactos, y los demás bienes espirituales recibidos por el canal del pueblo de Israel. La salvación viene de los judíos, diría Jesús (Jn.4:22). Una vez dicho esto, pasemos a ver las dos grandes crisis de la Antigüedad en la Historia de Israel que nos adentrarán en la larga Edad Media.

11 – Cambios con la llegada del Mesías

EL ENIGMA ISRAELCon la llegada de Jesús se producen cambios que van a afectar a toda la estructura futura de Israel, a su Historia y por añadidura a todas las naciones con el anuncio de la buena nueva del evangelio de la gracia.

Yeshúa se va a convertir en la piedra angular del edificio de Dios, un edificio, una casa, un pueblo que ya estaba operativo desde los días del patriarca Abraham, pero que ahora va a experimentar una nueva dimensión que alcanzará a todas las naciones. Las autoridades se opusieron a estos cambios, rechazaron la mesianidad de Yeshúa y se aferraron a las tradiciones de los padres sin darse cuenta que se estaba cumpliendo ante sus ojos el anuncio de los profetas, incluso el anuncio que hizo el mayor de los profetas en el Judaísmo, Moisés.

Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oiréis; conforme a todo lo que pediste al Señor tú Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz del Señor mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. Y Adonai me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta (Dt.18:15-19).

El apóstol Pedro hizo referencia a este pasaje de Deuteronomio en su segunda predicación a los judíos de Jerusalén, identificando al profeta que menciona Moisés con Yeshúa.

Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad (Hechos, 3:22-26)

La brecha se fue haciendo cada vez más grande entre los judíos que aceptaron la mesianidad de Jesús y los que la rechazaron con fanatismo. Aquellos no perdieron su condición de judíos, siguieron siendo amantes de su pueblo, seguían aceptando que Israel era el pueblo de Dios, incluso se mantuvieron durante buena parte del primer siglo unidos a los destinos de Israel como nación, hasta que fue arrasada por los romanos en el año 70 d.C. Sin embargo, había nacido una nueva comunidad dentro del Judaísmo que con el tiempo se conocería como Cristianismo, aunque en un principio eran llamados discípulos, los del camino, nazarenos, o judeocristianos. Es decir, judíos que habían creído en Jesús como el Mesías sin dejar de ser judíos, celosos de la ley de Moisés. El tema es complejo y volverá a rebrotar ya en nuestros días. Lo que la Historia nos muestra es que gradualmente  se fue haciendo una separación entre creyentes en Yeshúa de origen judío y los creyentes de origen gentil, al final se fue imponiendo (en un proceso histórico que no podemos abordar ampliamente en este escrito) el cristianismo de origen gentil y se produjo una sima que ha llegado hasta nuestro tiempo.

Lo que yo quiero hacer notar aquí es que la llegada de Jesús, el Mesías de Israel y el anuncio del evangelio produjo o con llevaba cambios sustanciales que queremos relacionar brevemente, haciendo notar con total rotundidad que en ningún momento Israel dejó de ser pueblo de Dios, no fue rechazado por Dios como se dijo falazmente más tarde, y que este tema lo abordaremos más adelante dentro del capítulo sobre la teología del reemplazo. A modo de introducción diré ya ahora que los primeros creyentes en Yeshúa fueron prácticamente todos judíos, todos los apóstoles eran judíos, los escritores del Nuevo Testamento eran todos judíos excepto Lucas; María, la madre de Jesús era judía, el apóstol Pablo era un judío criado a los pies de Gamaliel y lo que  conocemos como la Iglesia fue originalmente una comunidad de creyentes o congregación que se reunían en casas y otros lugares alquilados y nunca se constituyeron como una Institución religiosa hasta bien entrado el siglo II y especialmente en el siglo IV con la supuesta conversión del emperador Constantino al cristianismo. Dicho esto, vamos a centrarnos ahora en los cambios que tuvieron lugar con la venida del Hijo de Dios.

En primer lugar debemos notar que la piedra que desecharon los edificadores vino a ser cabeza del ángulo, piedra principal del edificio de Dios. Para unos esto fue causa de tropiezo y para otros fue un mensaje precioso, especialmente para los gentiles, porque no tenían las trabas de la tradición religiosa, los esquemas mentales que se levantaron como una fortaleza que muchos no pudieron superar.

Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta (Mateo, 21:42-45) (Salmo, 118:22) (Hch.4:11) (1Pedro, 2:4-8).

Es necesario volver a repetir que este texto pone el acento sobre los edificadores, es decir, las autoridades de Israel en el tiempo de Jesús, porque la masa del pueblo le siguió, las multitudes le buscaban, pero éstas inducidas y manipuladas adecuadamente, extorsionadas con el temor a ser expulsados de la sinagoga, que representaba una buena parte de la ayuda social de la sociedad judía de ese tiempo, fueron inducidas a pedir la crucifixión de Jesús en el tiempo de las tinieblas, cuando había llegado la hora del Hijo del Hombre.

Es muy importante entender bien esto porque de una mala teología más adelante se llegó a otra manipulación con otros actores, en este caso los gentiles que se adueñaron de las Escrituras, despojaron al pueblo de Israel de su condición de pueblo escogido por Dios y ocuparon su lugar con el argumento de que Dios había rechazado a su pueblo por haber matado al Mesías. La historia se repitió pero a la inversa –aunque ha durado muchísimo más tiempo y ha producido muchísimo más dolor-, y esa teología ha llevado muerte y destrucción durante siglos al pueblo de Israel en muchos países donde el cristianismo se constituyó como religión oficial del estado. En este punto estamos tocando un tema muy sensible para «ambos pueblos» y que está impregnado de ignorancia, intolerancia y errores de bulto que han producido una separación irreconciliable, totalmente contraria a lo que Jesús llevó a cabo en la cruz del Calvario, derribando la pared intermedia de separación… (Ef. 2:14-16).

Dicho sea de paso, en el endurecimiento de Israel para no aceptar a Jesús como el Mesías en sentido nacional, hay un misterio que ha permitido a los gentiles entrar en el pacto, las promesas, el culto, ser conciudadanos y de la familia de Dios, en definitiva, ser injertados en el buen olivo (Israel) y participar de la rica savia del olivo; todo ello con el fin de  provocar a celos al pueblo de Israel para que fueran salvos, pero en lugar de eso, históricamente  se ha hecho todo lo contrario, aunque dice el apóstol que un día todo el pueblo de Israel será salvo. (Rom.11:1-36) (Romanos, 9:3-5) (Efesios, 2:11-22). Ahora no veremos estos textos con detenimiento, pero volveremos más adelante. Sigamos, por tanto, con los cambios que se produjeron con la venida del cumplimiento del tiempo, la manifestación del Hijo de Dios al pueblo de Israel y la trascendencia que se deriva de todo ello. Con la venida de Jesús no se produce una ruptura en los planes de Dios si no que es la plenitud de su voluntad que ahora se extiende desde Jerusalén a todas las naciones.

1.- Dios le ha hecho Señor y Mesías (Hch.2:26).

Una vez entregado a la muerte como el siervo sufriente de Isaías 53, Jesús se levantó de la tumba sueltos los dolores de la muerte, y ascendido a los cielos se sentó a la diestra del Padre. Recibió la bienvenida celestial y la proclamación de que Dios le había hecho Señor, (le dio el nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla y todos confiesen que Jesús es Señor para gloria de Dios Padre  Fil. 2:6-11); y Cristo, Mesías, (fue confirmado como Mesías de Israel y de todas las naciones, el enviado del cielo para dar vida a los hombres y establecer un Nuevo Pacto).

2.- La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo (Jn. 1:17-18).

El apóstol Juan nos dice que la ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesús, que es el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre y le ha dado a conocer. Esa gracia que ya estaba presente en el mensaje de los profetas, no era nueva para Israel, pero sí era una nueva dimensión, la plenitud de la gracia vino por medio de Jesús (Jn.1:16) (1 Pedro 1:10-12).

3.- El Nuevo Pacto establecido por el Mesías (Mateo 26:27-28) (Marcos 14:24) (Lucas 22:20).

Celebrando la pascua judía, Jesús alzó la copa de vino y señaló que era símbolo de la sangre que iba a derramar poco tiempo después por todos nosotros, esa sangre, prefigurada en la copa de vino, era la sangre de un Nuevo Pacto, establecido sobre mejores promesas, dice el autor de los Hebreos (Heb. 8:6). Este Nuevo Pacto estaba anunciado por los profetas y era dirigido a Israel en primer lugar. «He aquí que vienen días, dice el Señor, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice el Señor. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce  al Señor; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice el Señor; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado» (Jeremías, 31:31-34). En este pacto hemos entrado también los gentiles por medio de Jesús, el Mediador de un Nuevo Pacto. Por tanto, Jesús es el nexo de unión, no de separación, entre Israel y las demás naciones (Rom.9:3-5) (Ef.2:11-13).

4.- Un nuevo Mediador y Sumo Sacerdote (Hebreos 9:15).

En Jesús ha habido un cambio de sacerdocio, ya no según la orden de Aarón, sino según la orden de Melquisedec (Heb. 7:11-28). Este nuevo mediador ha abierto un camino nuevo y vivo a través de su sangre para que podamos entrar al Lugar Santísimo, acercarnos hasta el Trono de la gracia y alcanzar gracia y misericordia para la ayuda oportuna (Heb. 10:19-22) (Heb. 4:14-16). Este mediador nos convenía porque con una sola ofenda nos ha santificado para siempre, sin necesidad de que se presenten sacrificios continuos que no pueden limpiar por completo. El sacrificio de Jesús ha sido hecho una sola vez y para siempre, habiendo obtenido eterna redención (Heb. 9:12). Este mensaje se repite hasta siete veces en la carta a los Hebreos (Heb. 7:27; 9:12; 9:26; 9:28; 10:10; 10:12; 10:14).  Además vive siempre para interceder por nosotros, es nuestro abogado y mediador entre Dios y los hombres, no hay otro mediador (1 Ti.2:5).

5.- En Cristo hay una  nueva ley, un mejor pacto con mejores promesas.

Jesús cumplió la ley de Dios en nosotros (Ro. 8:1-4) para que nosotros quedaremos libres de la maldición de la ley (Gá. 3:10-14),  por cuanto no hemos podido cumplirla en su totalidad, de ahí que quedáramos bajo maldición puesto que el que falla en un punto se vuelve transgresor de toda la ley (Stg. 2:10-11). En Cristo, junto con la ley del Espíritu recibimos el Espíritu de Dios para que la ley se cumpla en nosotros que no andamos en la carne, si no en el Espíritu Gá. 5:18). El apóstol Pablo, apóstol de los gentiles,  nos ha dejado especialmente dos cartas (Romanos y Gálatas) donde expone ampliamente esta compleja discusión sobre si debemos los gentiles guardar la ley de Moisés o no para ser salvos. Tenemos en el capítulo 15 de los Hechos el primer concilio de la iglesia primitiva donde se abordó este asunto espinoso. Resumiendo esta cuestión tan compleja y sin hacernos maestros de la ley, diremos que Jesús no abrogó la ley, si no que la cumplió (Mt.5:17-18), que toda la ley se resume en dos mandamientos: Amar a Dios y amar al prójimo (Mt. 22:34-40), que Jesús nos dio un nuevo mandamiento, amarnos los unos a los otros (Jn.13:31-34).  Que toda la ley de Moisés queda superada por la ley de Cristo (1 Co. 9:20-21) (Heb. 7:12-16), que en Cristo hemos muerto a la ley (Ro. 7), y nuestra justicia es Cristo (Ro. 3:21-31), su obra perfecta y acabada, echa una vez y para siempre como nuevo sumo sacerdote, y que su sangre ha sido aceptada como sacrificio para el perdón de nuestros pecados (Heb. 9: 11-15). Que en el Sermón del Monte tenemos el contraste entre lo que decía la ley de Moisés y otras leyes ampliadas por los rabinos judíos y el «pero yo os digo» de Jesús. Todo ello nos lleva a una conclusión: No estamos bajo la ley de Moisés, sino bajo la ley de Cristo que hemos resumido anteriormente.

6.- El Mesías levantó un nuevo templo no hecho de manos (Juan 2:18-22).

Una de las acusaciones que presentaron los que pidieron la condena de Jesús, fue que había dicho que destruiría el templo de Jerusalén y levantaría uno nuevo en tres días. «Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Más él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho».

Jesús hablaba de un nuevo templo hecho con piedras vivas; con todos aquellos que aceptaron el Nuevo Pacto, su sacrificio y sacerdocio, su ley y le confesaban como Señor para ser salvos. Todos ellos formarían el cuerpo de Cristo, la comunidad de creyentes, la congregación de los llamados fuera por Dios, es decir, santificados, como lo habían sido anteriormente los judíos. Esta verdad no rechazaba a Israel como pueblo de Dios, estamos hablando del templo, el nuevo templo. (Debemos recordar que el templo de Jerusalén ha sido destruido en varias ocasiones, sin embargo el pueblo de Israel, aunque  ha vivido tiempos de gran debilidad nunca ha sido rechazado ni destruido a lo largo de los siglos). Es importante comprender que para los judíos discípulos de Jesús el aceptar su mesianidad no significó salir de Israel y entrar en otro pueblo, siguieron considerándose judíos, fieles al pueblo escogido de Dios. No comenzaron una nueva religión fuera de la fe de sus padres, sino que recibieron la plenitud del mensaje de los profetas que significaba el advenimiento del Mesías. A menudo nos cuesta a nosotros, creyentes alejados de las raíces hebreas de nuestra fe por tanto tiempo, comprender bien cuál era el sentir de los primeros discípulos. Al leer las Escrituras interpretamos buena parte de lo que leemos con los ojos de la teología de los padres de la iglesia, teología que se consolidó especialmente a partir del siglo II, y que a su vez había alejado su foco de Jerusalén para centrarlo en ciudades con trasfondo pagano como Roma, Alejandría y otras. La nueva generación de creyentes fueron mayoritariamente gentiles y sus líderes también, por lo que la identidad hebrea original de la fe fue dando paso a una mezcla de filosofía griega y el evangelio recibido de los apóstoles. La brecha entre ambas comunidades se hizo cada vez mayor y siguieron caminos distintos. La llamada iglesia, mezclada con la cultura griega y romana se estableció como una institución fuertemente estructurada, que en muchos casos acabó manteniendo el modelo del imperio romano cuando este cayó en occidente y se mezcló terriblemente con el poder terrenal y político. Sin embargo, como siempre, Dios ha tenido su remanente que ha resurgido en diferentes momentos para mantener la fe y las Escrituras en el anuncio del evangelio de la gracia, en muchos casos con personas que estaban dentro de la estructura eclesiástica formal aunque vivían su experiencia en un nivel superior.

Durante un tiempo cohabitaron en Jerusalén los dos templos, el viejo de piedra con sus sacrificios continuos, y el nuevo, la congregación de los creyentes que invocaban a Jesús como Señor. Finalmente el viejo fue destruido en el año 70 d.C. por los romanos y el nuevo, la casa espiritual ha seguido adelante con todos aquellos que de todas las naciones han creído en Jesús como Señor y Mesías. Por otro lado el pueblo de Israel se encerró en su ley, sus sinagogas, el Talmud y las tradiciones de los padres. Luego seguiremos viendo el desarrollo del pueblo de Dios durante la larga Edad Media. Conviene recordar,  porque es un terreno muy contaminado, que en las Escrituras no vemos que la llamada iglesia haya reemplazado al pueblo de Israel, porque aunque hayan sido enemigos en cuanto al evangelio, en cuanto a la elección son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Ro. 11:28-29).

7.- Adorar a Dios en Espíritu y en verdad (Juan  4:20-24).

Una buena parte del mensaje de Jesús fue muy provocador para una mente judía tradicional. Se autoproclamó el Mesías, dijo ser la verdad y el camino para ir al Padre, estableció un nuevo pacto con un único sacrificio, dijo levantar un nuevo templo y ahora vemos que le dice a una mujer samaritana que no es importante el lugar donde se adora, sino que hay que hacerlo en Espíritu y en verdad, minimizando la centralidad del templo de Jerusalén como eje de la vida religiosa judía. Todo esto en su conjunto significaba una tremenda provocación para la mentalidad de buena parte de la sociedad en que vivió Jesús, especialmente para los fariseos, que como hemos visto eran cumplidores estrictos, no solo de la ley de Moisés, sino que le habían añadido al menos 613 mandamientos más, además de malinterpretar rígidamente otros.  Aunque en muchos casos su actitud respondía más a una observancia de apariencias que a una realidad del corazón. La adoración, como la oración, son prácticas que deben brotar de un corazón rendido a la voluntad de Dios, no centrados en un lugar o un horario legalista, sino más bien en espíritu y en verdad.

8.- Jesús sacó a luz la vida y la inmortalidad. La resurrección (2Tim.1:8-11) (Mateo 28:1-15).

Todo lo que hemos dicho anteriormente hubiera quedado en nada, borrado por el paso del tiempo y el olvido de las gentes, si no hubiera sido por un hecho único: La resurrección de Jesús. Las autoridades de Israel pusieron mucho cuidado en que aquel torbellino que había significado el rabino Yeshúa de Nazaret acabara con su muerte y todo volviera a la normalidad religiosa, a tener el control de la situación y seguir como hasta ahora con su espera del Mesías. Sabían que Jesús había anunciado su resurrección de antemano y temían que con engaño sus discípulos divulgaran el mensaje de que había resucitado al tercer día. Por ello pidieron a las autoridades romanas que pusieran guardia a la sepultura y cuando la misma guardia les dio aviso de la desaparición del cuerpo de Jesús les dieron dinero para que dijeran que sus discípulos lo habían robado. Algunos se conformaron con esto, pero la evidencia fue  que Jesús había resucitado, se había aparecido a los suyos durante cuarenta días y cuando subió al cielo sus discípulos llenaron la ciudad de Jerusalén con el mensaje de que Jesús estaba vivo y a la diestra del Padre; Dios confirmaba de esta manera que Jesús era Señor y Mesías. Jesús había vencido la muerte y ahora sacaba a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio y los apóstoles lo predicaban sin temor. Por tanto, todo lo dicho por Jesús se confirmó y además los apóstoles, habiendo recibido el poder del Espíritu Santo, ahora eran sus testigos ante el pueblo y daban testimonio con señales y prodigios de que el evangelio era poder de Dios para salvar a todo aquel que invocara su Nombre.

9.- Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo (Hch.2:21,36-42) (Ro. 10:8-10) (Hch.4:12).

Ahora que sabían que Dios había exaltado a Jesús haciéndole Señor y Mesías, era cuestión de reconocerlo invocando su Nombre y arrepintiéndose de sus pecados. Es decir, la fe en Jesús y el arrepentimiento para vida. De esta forma resumida se anunciaba el nuevo mensaje que contrastaba con los ritos y ceremonias del antiguo sistema religioso judío. Esto volvió a ser causa de tropiezo, aunque muchos judíos recibieron su palabra y se bautizaron comenzando una nueva dimensión de su fe en grupos caseros que se reunían en torno a la doctrina de los apóstoles, la comunión unos con otros, el partimiento del pan y las oraciones (Hch.2:41-42). Aquí tenemos la síntesis de lo que luego el apóstol de los gentiles daría en llamar la justificación por la fe y no por las obras de la ley, mensaje que ampliaría de forma magistral en las cartas a los Romanos y a los Gálatas especialmente.

10.- Que en su nombre se predicara el evangelio a todas las naciones (Lucas, 24:46-49).

Ya en el Judaísmo encontramos que la fe en el único Dios debe anunciarse a todas las naciones, el profeta Isaías lo predijo en repetidas ocasiones (Is. 42:1,6; 49:5,6); ahora alcanza su universalidad en la enseñanza y la obra de Jesús. Su mandato a los discípulos fue que lo anunciaran a todas las naciones comenzando desde Jerusalén. «Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén».

El evangelio es un misterio revelado, ese misterio se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ahora ha sido manifestado por las Escrituras de los profetas. En esas Escrituras se recogen los sufrimientos del Mesías y las glorias que vendrían después para beneficio de todos los llamados del Señor (Ro.16:25-27). Los profetas hablaron de una gracia destinada, dirigida por Dios para que fuera alcanzada por todos aquellos que oyen el mensaje y lo reciben, anunciada por los apóstoles que predicaron el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo (1P.1:10-12). El evangelio es un mensaje eterno, que había estado preparado desde antes de la fundación del mundo, por tanto, es un propósito diseñado por Dios, un plan de redención. Ese plan se fue revelando paulatinamente a través de los profetas y tuvo su culminación en la Persona de Jesucristo. Que ha sido revelado, anunciado, a través de la predicación de los apóstoles por el Espíritu Santo y que ha sido recogido en sus escritos para todas las generaciones posteriores (Ef.6:18-20) (Col.1:24-29).

Todo lo que hemos ido viendo era y es la manifestación de la voluntad de Dios. Jesús, el Mesías, es la culminación de la voluntad de Dios en la tierra (Heb.10:5-10) (Jn.6:38-40); todas las cosas fueron reunidas en él (Ef.1:9,10); reconciliadas (Ef.2:16) (Col.1:19-22); y el apóstol de los gentiles nos dice que estamos completos en Cristo (Col.2:9-10). El que se une al Señor es un espíritu con él (1 Co.6:17). Esta unión espiritual y mística, de espíritu a Espíritu, tiene una dimensión sobrenatural y eterna que el apóstol Pablo describe repetidamente en todas sus cartas: Cristo en nosotros es la esperanza de gloria. (Para ver un recorrido amplio de este tema remito al lector a mi escrito UNIDOS CON CRISTO en la web www.dci.org.uk )

Para seguir con el recorrido histórico debemos mencionar ahora lo que el apóstol Pablo llama «este misterio» y el tiempo o la plenitud de los gentiles. No quiero ser dogmático en esto, ni tampoco sobrepasar los límites de mi comprensión, lo que sí haré será compartir el proceso tal como puedo entenderlo a día de hoy.

10 – Profecías de la mesianidad de Jesús

EL ENIGMA ISRAELJesús tuvo plena consciencia de ser el Mesías enviado por el Padre a Israel.

Viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, (Mesías), el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo (Mateo, 16:16-20).

Hay otros textos que confirman esta aseveración. Veamos una relación:

Jesús lo dijo a la mujer samaritana (Jn.4:25,26).

Los demonios conocían su identidad (Lc.4:41).

Lo confesó abiertamente ante el sumo sacerdote (Mt.26:63,64) (Mr.14:61,62). Lo dijo a sus discípulos explícitamente en el texto que hemos anotado más arriba de Mateo 16, y en Mateo, 23:8-10 relacionó a su Maestro con el Mesías, refiriéndose a sí mismo.

Cuando sus mismos discípulos le reconocían como Mesías no los corrigió (Jn.1:40-42) (Jn.6:68-69).

Sin embargo, Juan el Bautista dijo claramente que él no era el Mesías, sino una voz que anunciaba su venida (Jn.1:19-23). Por tanto, podemos concluir que Jesús, −Yeshúa−, tenía plena consciencia de quién era: el Mesías prometido a Israel.

Profecias cumplidas en Jesús

Veamos una relación de profecías que así lo muestran.

  1. Nacido de mujer (Gn.3:15) (Gá.4:4)
  2. Descendiente de Abraham (Gn.22:18) (Gá.3:16)
  3. Descendiente de Isaac (Gn.21:12) (Lc.3:23,24)
  4. Descendiente de Jacob/Israel (Nm.24:17) (Lc.3:23,24)
  5. Nacido de la tribu de Judá (Gn.49:10) (Lc.3:22,23,34)
  6. Nacido de la familia de Isaí (Is.11:1) (Lc.3:23,32)
  7. Nacido de la familia de David (Jer.23:5) (Lc.3:23,32)
  8. Nacido en Belén (Miqueas, 5:2) (Mateo, 2:1)
  9. Vendría cuando estuviera en pie el Templo (Mal,3:1) (Hag,2:7-9) (Zac, 11:13)
  10.  Le precedería una voz en el desierto (Is.40:3) (Mt.3:1-2)
  11.  Su ministerio comenzaría en Galilea (Is.8:23; 9:1,6) (Mt.4:12,13,17)
  12.  Realizaría milagros (Is.35:5-6) (Mt. 9:35)
  13.  Enseñaría por medio de parábolas (Salmo, 78:2) (Mt. 13:34)
  14.  Entraría en Jerusalén montado en un asno (Zac.9:9) (Lc.19:35-37)
  15.  Sería traicionado por un amigo (Salmo, 41:9) (Mt.10:2,4 y 26:49)
  16.  Vendido por treinta piezas de plata (Zac.11:12,13) (Mt.26:15; 27:5)
  17.  Sería abandonado por sus discípulos  (Zac.13:7) (Mr.14:50)
  18.  Sería acusado por falsos testigos (Sal, 35:11) (Mt.26:59-60)
  19.  Permanecería callado ante sus acusadores (Is.53:7) (Mt.27:12)
  20.  Sería herido y golpeado (Is.53:5) (Mt.27:26) (Jn.19:11)
  21.  Sería escupido en la cara (Is.50:6) (Mt.26:67)
  22.  Llevó nuestros dolores y enfermedades, herido por Dios (Is.53:4) (Mr.14:53-65) (1Pedro, 2:23,24)
  23.  Fue objeto de burlas (Sal, 22:7,8) (Mt.27:29)
  24.  Sus manos y sus pies serían horadadas (Sal, 22:16) (Lc.23:33)
  25.  Fue ejecutado con delincuentes (Is.53:12) (Mt.27:38)
  26.  Oraría por sus perseguidores (Is.53:12) (Lc.23:34)
  27.  Sería odiado y aborrecido sin causa (Sal, 69:4) (Jn.15:25)
  28.  Sacudieron la cabeza al verle en la cruz (Sal, 109:25) (Mt.27:39) (Sal, 22:7) (Lc.23:35)
  29.  Repartirían sus vestidos (Sal, 22:18) (Jn, 19:23-24)
  30.  Tuvo sed en la cruz y le dieron a beber hiel y vinagre (Sal, 69:21) (Jn.19:28) (Mt.27:34)
  31.  Se sintió abandonado en la cruz (Sal, 22:1) (Mt.27:46)
  32.  Se encomendó a Dios en la cruz (Sal, 31:5) (Lc.23:46)
  33.  Sus huesos no serían quebrados (Sal, 34:20) (Jn.19:33)
  34.  Sería traspasado su costado (Zac, 12:10) (Jn.19:34)
  35.  En su muerte hubo una gran oscuridad (Amós, 8:9) (Mt.27:45)
  36.  Su muerte tendría un carácter expiatorio (Is.53:10) (Mr, 10:42-45)
  37.  Enterrado en la tumba de un hombre rico (Is.53:9) (Mt.27:57-60)
  38.  Bajaría al lago de fuego (Sal, 18:4-6; 30:5; 69:1-2) (Ef.4:8-10) (Hch.2:23-24)
  39.  La resurrección del Mesías (Sal, 16:10,11) (Hch.2:25-36)
  40.  Se convertiría en piedra de tropiezo (Sal, 118:22) (1Pedro, 2:7)

9 – EL CUMPLIMIENTO DEL TIEMPO – La llegada del Mesías

EL ENIGMA ISRAELEstá escrito que cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos (Gá.4:4,5).

El Dios de la Biblia, Elohim, Hashem, el Eterno, Adonai, YHWH, Yo soy, Yahvé,  o Jehová, es el Dios de la Historia y Creador de todas las cosas; es Soberano y su voluntad se hace en la tierra como en el cielo. También podemos decir que siendo el Eterno, −desde la eternidad y hasta la eternidad, que no tiene principio ni fin, que no ha sido creado−, es el Dios del tiempo y actúa en el espacio; siendo Espíritu es creador de la materia y creador del hombre. Ha establecido los tiempos para que el hombre habite en la habitación que ha preparado para él, la tierra; por tanto, Dios opera y se manifiesta en nuestro medio en el ámbito material y temporal. No hay límites para Dios, conoce todas las cosas, es inmutable y sin embargo, se limita a las condiciones del hombre y por ello cuando llegó el tiempo propicio se reveló, primero a Abraham, después a Isaac y Jacob, luego al pueblo de Israel y los profetas, y por último nos ha hablado por el Hijo.

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas (Heb.1:1-3).

Toda la Escritura apunta a la revelación final del Hijo de Dios, hecho hombre para testimonio y redención del hombre, y para alcanzar a todas las naciones de la tierra. Las Escrituras del Antiguo Testamento van a desembocar en el advenimiento de la simiente de la mujer, la simiente que aplastaría la cabeza de la serpiente (Gn.3:15) trayendo de regreso la bendición de Dios.

Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.  Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade. Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo (Gá.3:13-16)

calzada-romana-o-romanicaDebemos resaltar aquí la sincronización de los tiempos de Dios para actuar en la convergencia que vemos en el momento cuando aparece el Mesías en la tierra de Israel. Roma había impuesto la llamada paz romana. Incluso las calzadas romanas y su infraestructura ayudaron en el avance de los primeros misioneros de la buena nueva. El idioma griego estaba muy extendido y fue un vehículo que permitió la transmisión del evangelio. Las Escrituras  judías, escritas en hebreo, se habían traducido al griego en la versión llamada Septuaginta entre 300 y 200 a.C. y que hizo posible la divulgación de los textos hebreos en buena parte del mundo conocido, sin olvidar que fue esta versión de las Escrituras la que mayoritariamente usaron los primeros cristianos. También el Nuevo Testamento fue escrito en griego. Y como ha constatado Michael Green en su obra sobre cristianismo primitivo, «sin duda, la mayor avenida para el avance del cristianismo la proveyó, indiscutiblemente, el judaísmo. El cristianismo se desarrolló mejor y más rápidamente en suelo judío o, al menos, en suelo que ya había sido preparado por el judaísmo. La dispersión de los hebreos, su monoteísmo, sus normas éticas y morales, sus sinagogas y sus Escrituras, y no menos que todo ello su inquietud por la conversión, fueron todos factores importantes para el progreso de la fe cristiana».

Por tanto, cuando vino el cumplimiento del tiempo establecido por Dios para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados (Hch.5:31); establecer el Nuevo Pacto y alcanzar a todas las naciones de la tierra con la universalidad del evangelio, Dios envió al Mesías prometido, el Mesías de Israel, para redimir a todos los hombres. Siguiendo las Escrituras del Antiguo Testamento vamos a ver algunas de las profecías que apuntaban a Jesús, (Yeshúa), como el Mesías prometido. El mismo Maestro les abrió el entendimiento a sus discípulos para que pudieran ver el cumplimiento de todo lo que estaba escrito en La ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos acerca de Jesús, (Yeshúa),  como el Mesías que había de venir (Lc.24:44, 45,27).

8 – El periodo intertestamentario

EL ENIGMA ISRAELAunque en nuestras Biblias no aparecen, si hay libros históricos que narran muchos de los sucesos que tienen lugar durante este periodo, especialmente los libros de los Macabeos, que aunque no aparecen en el Canon ni judío ni protestante, si están en las Biblias católicas, aunque se especifica que no forman parte de los libros canónicos pero que son interesantes en el aspecto histórico de este tiempo que ahora queremos estudiar brevemente.

1. Periodo persa (430-332 a.C.)

En este tiempo Judá era provincia persa. Esta potencia mundial se mantuvo durante 200 años, de los últimos cien poco se sabe de la historia judía. El dominio persa fue moderado y tolerante y los judíos gozaban de bastante libertad. Los reyes persas de este periodo fueron: Artajerjes (465-425) durante el cual Nehemías reedificó la muralla de Jerusalén. Jerjes II, 424. Dario II (Notio), 423-405. Artajerjees II (Mnemon), 405-358. Artajerjes III (Ocho), 358-338. Arses, 338-335. Dario III (Codomano), 335-331, bajo este rey cayó el imperio persa a manos de Alejandro Magno.

2. Periodo griego (331-167 a.C.)Periodo griego

En el libro del profeta Daniel tenemos una profecía muy precisa sobre el advenimiento del imperio griego representado por un macho cabrío. En la visión de Daniel aparece también un carnero con dos cuernos que representan al imperio medo-persa. El macho cabrío golpea con tal violencia al carnero que sus dos cuernos  se quiebran rápidamente, luego cuando el macho cabrío, con su único cuerno,  está en pleno dominio es quebrado y surgen cuatro cuernos más pequeños, que van a ser los cuatro generales que se reparten el imperio griego (Dn.8).

De esta forma profética vemos surgir el imperio de Alejandro Magno hacia el año 336 a.C. que conquistó el imperio persa en muy poco tiempo, llegando a conquistar las tierras de Oriente que habían estado bajo el dominio de Egipto, Asiria, Babilonia y Persia. Ya en el año 331 a.C. el mundo estaba a sus pies. Es curioso que los libros de Historia nunca mencionan la profecía de Daniel que anticipó este imperio de forma tan precisa y evidente, además de otros sucesos que tuvieron lugar en este periodo y que no podemos ver ahora con detalle. La palabra de Dios en boca de sus profetas dirige la Historia, su palabra corre veloz aunque el hombre moderno quiera ignorarla.

Pues bien, Alejandro Magno se mostró benigno con los judíos, no destruyó Jerusalén y les ofreció garantías para que se establecieran en Alejandría, la nueva ciudad que construyó Alejandro Magno en el norte de Egipto y que llegó a ser un centro de gran influencia en el judaísmo.  Sin embargo, el macedonio fundó ciudades griegas en todos  sus dominios, y juntamente con ellas la cultura griega y el idioma griego, que se conoce en la Historia como el Helenismo.

Alejandro Magno murió, como hemos dicho, cuando estaba en toda su fuerza (323 a.C.) y su imperio fue repartido entre cuatro de sus generales.  Para nuestra historia nos interesa saber sobre todo que “de los dos sectores orientales, Siria le tocó a Seleuco y Egipto a Tolomeo. La tierra de Israel, situada entre ambos, fue primeramente de Siria, pero en 301 a.C. pasó a manos de Egipto, en cuyo poder estuvo unos 100 años, hasta 198 a.C. Bajo los reyes de Egipto, llamados Tolomeos, la suerte de los judíos fue por lo general pacifica y feliz. Los que vivían en Egipto edificaron sinagogas en todas sus colonias, en cuya capital Alejandría surgiría una comunidad judía muy influyente. En 198 a.C. Antíoco del Grande reconquistó la tierra de Israel, que pasó nuevamente al poder de los reyes de Siria, llamados Seleúcidas” (Tomado del Compendio Manuel Henry H. Halley).

Así llegamos a un tiempo cuando se levantó un enemigo fanático de los judíos, rey de los Seleúcidas, llamado Antíoco IV Epifanes (175-164 a.C.). Se propuso imponer la cultura griega en Judea. Echó al legítimo sumo sacerdote Onías III, que fue asesinado, y substituido por un tal Menelao que no era de la familia de los sacerdotes. Los motivos políticos condujeron a los religiosos y se realizó un expolio del templo de Jerusalén, llevando los tesoros a Antioquia en Siria. Se suprimió la autonomía de la comunidad judía.  Se prohibió celebrar el shabat, el culto y la circuncisión bajo pena de muerte. Se profanó el templo poniendo una estatua a Zeus (167 a.C.), lo que se llama en el libro del profeta Daniel la abominación desoladora (Dn.9:27 y 12:11); se sacrificó un cerdo sobre el altar, destruyeron los libros de la Torá que pudieron hallar y mataron a todos aquellos que tuvieran porciones de las Escrituras en su poder, se vendió como esclavos a muchos judíos y torturaron sin piedad para tratar de alejar al pueblo de Judea de su religión. Todo ello condujo al levantamiento de los Macabeos, una de las hazañas más heroicas de la historia.

Periodo macabeo3. Periodo de los Macabeos (167-63 a.C.)

Durante estos 100 años, aproximadamente, tenemos el levantamiento de una familia judía para restaurar el culto a Dios en el templo, oponiéndose deliberadamente a la iniquidad de los gobernantes Seleúcidas en la tierra de Israel. Como suele ocurrir en la historia, no todos los descendientes de los Macabeos o la dinastía que se formó, llamada de los Asmoneos, tuvieron la misma firmeza frente al Helenismo griego, corriente que trató de diluir la fe de los hebreos y por tanto, adulterar las Escrituras y la revelación de Dios.

El padre de esa familia era un sacerdote anciano de nombre Matatías  que vivió en el pequeño pueblo llamado Modín, al occidente de Jerusalén, muy cercano a la frontera de los filisteos. Tenía cinco hijos: Judas, Jonatán, Simón, Juan y Eleazar. El año 167 a.C. dio comienzo a la revolución. Apareció en la aldea un emisario de Antíoco para probar la lealtad de las gentes hacia su rey. Construyó un altar a Zeus y ordenó a Matatías y a sus hijos  ofrecer sacrificios al dios pagano con la promesa de una recompensa muy grande y el favor del rey. El sacerdote anciano  rechazó la orden. Cuando se presentó un hombre más joven para cumplir la orden, Matatías, incapaz de controlar su enojo, avanzó y mató al hombre, luego mató al emisario del rey y apeló a todos los judíos leales a seguirle. El y sus cinco hijos, juntamente con un número de seguidores, huyeron a las montañas desde donde declararon la guerra abierta contra Antíoco. Murió poco después, dejando a su hijo Judas al mando de la rebelión.

Judas Macabeo sucedió a su padre en la lucha contra los Seleúcidas sirios. Fue uno de los mejores generales de la historia judía, quien, con unos pocos miles de seguidores, derrotó a las fuerzas Seléucidas, numéricamente superiores, en una serie de contiendas. Ganó batalla tras batalla, reconquistó Jerusalén en 165 a.C.,  purificó y volvió a consagrar el templo. Este suceso dio lugar  a la fiesta de la Dedicación o Januka (Jn.10:22). Judas reunió en sí mismo la autoridad sacerdotal y civil, de esta manera estableció la sucesión Asmonea de sacerdotes-gobernadores que durante 100 años encabezaron una Judea independiente. Después de la muerte de Antíoco IV se levantó otro rey, Lisias, que volvió a la carga contra los judíos y Judas tuvo  que volver a pelear contra los sirios. Murió en el campo de batalla en 161 a.C. Este general grandioso, uno de los más grandes de la historia hebrea, había obtenido lo que parecía imposible: Salvó a su pueblo y su religión.

Cuando murió Judas, su hermano Jonatán llegó a ser el líder, pero fue asesinado por un general sirio. Simón tomó su cargo, consiguiendo que se eliminara el pago de tributos y hacer un pacto con Demetrio II, rey de Siria, en el 143 a.C. que condujo a la independencia política de los judíos. Después vendrían Juan Hircano (135-106 a.C.), Aristóbulo y sus hijos (106-63 a.C.), indignos herederos del nombre Macabeo.

Durante el periodo que acabamos de ver surgieron los fariseos y los saduceos como dos grandes partidos religiosos del pueblo judío. Eran muy opuestos en temas de máxima importancia y llegaron a ser rivales.

Los fariseos, palabra que significa separatistas, se interpreta en el sentido de separarse de las cosas y personas inmundas, llegaron a ser muy conservadores de las tradiciones de los padres y tenían gran celo por la ley de Moisés. Representaban los sectores más humildes de la sociedad y en el tiempo del Nuevo Testamento representan al partido mayoritario con gran influencia.

Por su parte los saduceos procedían y representaban a la clase aristocrática. No eran tan numerosos como los fariseos pero tenían una gran influencia en asuntos nacionales. Fueron más permisivos con la cultura helenista y eran miembros de la clase sacerdotal. Negaban la resurrección de los muertos, la vida después de la muerte y el mundo espiritual: ángeles y demonios. El antagonismo entre estos dos grandes partidos llegó a ser tan grande  que finalmente debilitó el reino macabeo y acabó con la libertad política de los judíos.

4. Periodo Romano (63 a.C. hasta la época de Jesús)Periodo romano

En el año 63 a.C. Judea fue conquistada por los romanos de Pompeyo. Antipater (idumeo, de Edom, descendiente de Esaú), fue nombrado gobernador de Judea, le siguió su hijo Herodes el Grande, rey de Judea 37-3 a.C. Este rey fue un hábil político que buscó el favor de Roma, reedificó el templo de Jerusalén y fue también muy cruel. Mató al último descendiente de los Asmoneos y en su ansiedad por eliminar a cualquiera que pudiera hacer sombra a su reinado mandó matar a su primera mujer Marianne, a dos de sus hijos, a otro de sus hijos llamado Antipater y por último es conocido en la historia por haber ordenado la matanza de los niños en Belén cuando nació Jesús, el Mesías de Israel (Mateo, 2:13-23).

Al morir dejó el reino dividido entre sus hijos: Judea, Samaria e Idumea para Arquelao (destituido dos años después por el gobernador romano Poncio Pilatos), y Galilea y Perea para Herodes Antipas (el que en los Evangelios  eludió juzgar a Jesucristo cuando se lo envió Pilatos). El nieto de Herodes, Herodes Agripa I, fue el último rey que gobernó sobre la totalidad de la tierra de Israel y el que, según los Hechos de los Apóstoles, hizo encarcelar al apóstol Pedro y condenó a muerte a Santiago.