259 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn las Cartas (X) – 2 Pedro (3)

Éstos ignoran voluntariamente… (2 Pedro 3:5)

         ¡Que desvergüenza! Ignoran deliberadamente. Han decidido hacerlo a la vez que pretenden influir en otros con sus argumentos sabiendo que lo hacen sin fundamento. Es un acto de la voluntad. Para ellos está cerrada la revelación de Dios. Un corazón malo de incredulidad que los aparta del Dios vivo (Heb.3:12).

Nuestra sociedad vive ampliamente en esta voluntariedad. Prefieren creer la mentira. Ignorar la verdad. Levantan razonamientos altivos contra el conocimiento de Dios queriendo ocupar su lugar. Y al hacerlo buscan arrastrar tras de ellos a multitudes incautas, llevadas por la corriente de este mundo, impulsados por el error. Maestros de iniquidad. Burladores de la esperanza y fabricadores de una falsa piedad. En palabras del apóstol Pedro ignoran voluntariamente que los cielos y la tierra fueron hechos por la palabra de Dios, inventando teorías de evolución imposible de probar. Ignoran que los cielos y la tierra que existen ahora están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego (tal vez una guerra nuclear), en el día del juicio y perdición de los hombres impíos (3:7).

Y ahora se dirige a los hijos del reino para que no ignoren algunas cosas, sino que tengan memoria. Que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día (referencia clara al milenio). El Señor no retarda la promesa, sino que es paciente, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (3:8-9). Una vez más el mensaje del arrepentimiento para escapar del juicio venidero.

Luego especifica que el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; los cielos pasarán, los elementos serán deshechos, y la tierra con sus obras serán quemadas (3:10). La respuesta a este mensaje debe ser andar en santa y piadosa manera de vivir; a la vez que mantener la expectativa de la venida del día de Dios, donde todo se fundirá y habrá una regeneración mundial con nuevos cielos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia (3:12,13). Un nuevo nacimiento cósmico, la redención final, donde la misma tierra será libertada de la esclavitud del pecado, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Esa es la esperanza a la que apela el apóstol sobre los que tienen un limpio entendimiento. Será después del reino en Jerusalén, como anunció el profeta Isaías (65:17 y 66:22). Finalmente se establece la justicia del reino de Dios sobre toda la creación. No debemos ignorar esta verdad que conduce a vivir sin mancha e irreprensibles, en paz (3:14).

         Un limpio entendimiento no ignorará la verdad del reino venidero, sino que tendrá memoria de las cosas anunciadas por el Señor y sus profetas. 

258 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn las Cartas (IX) – 2 Pedro (2)

Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles; sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores… diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? (2 Pedro 3:1-4)

         El apóstol Pedro es consciente que le queda poco tiempo, en breve debe abandonar el cuerpo, −como el Señor le había declarado (1:14)−; y quiere dejar constancia del mensaje para que la verdad del evangelio y su esperanza sea confirmada en sus oyentes. Sabe que han surgido muchos burladores que menosprecian el advenimiento del reino mesiánico con el argumento de que hace mucho tiempo se viene anunciando y aún no ha llegado.

Es un mensaje que procede del tiempo de los profetas, que elevó su expectativa en días de la aparición del Mesías en la tierra de Israel, donde muchos esperaban que fuera inminente su manifestación; ahora han pasado varias décadas y todo sigue igual; por ello la fe de algunos se resiente abandonando la esperanza convirtiéndose en burladores y menospreciadores.

Pero hay quienes tienen un limpio entendimiento de las cosas eternas y no se dejan dominar por las circunstancias que les rodean. Nuestro entendimiento de las verdades reveladas pueden sufrir contaminación mediante los argumentos de aquellos que se oponen, en muchos casos con la fuerza de cierta verosimilitud que dan vigor a su incredulidad; por ello el apóstol quiere que los hijos del reino tengan memoria. Memoria de las palabras de los profetas y del Señor y Salvador en boca de sus apóstoles.

Debemos permanecer en la palabra para ser sus discípulos. Hay que superar las pruebas para que la semilla fructifique en nuestros corazones. Hay oposición. Siempre hay oposición a la revelación de Dios. Pero su palabra permanece para siempre. El cielo y la tierra pasarán, su palabra permanecerá. Hay que retener el buen depósito sin contaminación ni adulteración, sin falsas expectativas en cuanto al tiempo de su manifestación.

Como dijo el Maestro: Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzaré a golpear a los criados… y a comer y beber y embriagarse, vendrá el señor… en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles (Lc.12:45).

         Debemos mantener la memoria de la esperanza de su reino, −anunciado por los profetas y apóstoles− en medio de los burladores de su advenimiento.

257 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn las Cartas (VIII) – 2 Pedro (1)

Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad (2 Pedro 1:16)

         Nuestra próxima parada será en la segunda carta del apóstol Pedro, donde encontramos algunos datos más sobre su venida. Pero antes revisemos algunos de los textos que aparecen en las cartas anteriores.

En la primera a Timoteo vemos al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, a quien sea el honor y la gloria por todos los siglos (1 Tim.1:17). Este parece ser uno de los cantos especiales de la iglesia primitiva en sus oraciones y alabanzas. En la misma carta el apóstol Pablo insta a los discípulos del Señor a guardar el mandamiento sin mácula, hasta la aparición de nuestro Señor, el Soberano, Rey de reyes y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad y habita en luz inaccesible (1 Tim.6:13-16).

En la siguiente carta a Timoteo el apóstol pide al discípulo que se acuerde del Mesías, que era del linaje de David, y que fue resucitado de los muertos según el evangelio (2 Tim.2:8). Le recuerda que si sufrimos con él, también reinaremos con él (2:12). Una vez más se establece el vínculo entre reinar con Cristo y los padecimientos por el reino. El Señor juzgará a los vivos y los muertos  en su manifestación y en su reino (2 Tim. 4:1). Y el apóstol recuerda que el Señor que le ha librado de toda obra mala, le preservará para su reino celestial (4:18). Tenemos aquí una apelación posterior al reino mesiánico.

Luego en la epístola a los Hebreos vemos al Hijo entronizado; superior a los ángeles; centro de la adoración celestial (Heb.1:6); muestra clara de su divinidad. El cetro de su reino es de equidad y justicia (1:8,9), enlazando con el mensaje de los profetas sobre su reino en Jerusalén. Aparece en esta carta Melquisedec, una figura del Mesías, con los títulos de Rey de justicia, Rey de Salem (Jerusalén), y Rey de paz (7:1,2). Para culminar con el mensaje de la remoción de todas las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.

El reino de Dios es un reino inconmovible que hemos recibido y tendrá su manifestación futura en Jerusalén primeramente; por tanto, debemos vivir con gratitud, sirviendo el tiempo que nos resta agradando a Dios con temor y reverencia (12:27-29). Somos herederos del reino, dice la carta de Santiago, dirigiéndose a las doce tribus en la dispersión, y que ha prometido a todos los que le aman (Santiago 2:5).

         El reino venidero no se sostiene sobre fábulas artificiosas, sino sobre el testimonio de los profetas y apóstoles que vieron su majestad.

256 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn las Cartas (VII) – 1 y 2 Tesalonicenses (3)

Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis. Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder (2 Tesalonicenses 1:5-7)

         La venida del Mesías encuentra a los suyos padeciendo por el reino. Lo cual debe llevarnos a meditar bien sobre ciertas teologías escatológicas escapistas que ponen el acento en una huída de la tribulación, mientras el apóstol nos dice en otro lugar que es necesario que entremos en el reino a través de  muchas tribulaciones (Hch.14:22).

El día de su venida habrá justicia. Se manifestará el justo juicio de Dios dando a cada uno según sus obras. Los que han padecido por el reino serán recompensados y consolados. Es el día de venganza del Señor que consuela a los enlutados; ordena que a los afligidos de Sion se les de gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar de espíritu angustiado (Is.61:2,3). Esto es demostración del justo juicio de Dios.

Habrá tribulación para quienes han causado aflicción al pueblo de Dios. Serán excluidos de la presencia del Señor y su gloria (2 Tes. 1:9). En Tesalónica había quienes esperaban de forma inminente el retorno del Mesías y tomaron algunas medidas que estaban fuera de la voluntad de Dios, abandonando sus obligaciones temporales y laborales. El apóstol enseñó que hay una serie de sucesos que preceden a su venida: apostasía, manifestación del hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios (2:1-4).

Es una sociedad que niega la adoración a Dios y centra su culto en el hombre; el humanismo predominante de nuestros días. Europa vive bajo este manto de oscuridad. Debe manifestarse aquel inicuo, que engañará a muchos con prodigios mentirosos, con engaño de iniquidad para los que se pierden; y a quien el Señor matará con el espíritu de su boca y destruirá con el resplandor de su venida.

Por tanto, tenemos antes de la venida del Rey a Jerusalén un tiempo de gran oscuridad, iniquidad y apostasía. Predominio de la mentira y el engaño mediante poderes espirituales de difícil resistencia en una sociedad entregada a la iniquidad y la disolución de valores según la ley de Dios y el evangelio. La iglesia vive en medio de esa atmósfera, ―siempre ha sido así―, para ser luz, velando y orando para no caer en tentación, sino esperando y apresurando su venida libertadora.

         Hay un día señalado para dar retribución a cada uno en su venida.

255 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn las Cartas (VI) – 1 y 2 Tesalonicenses (2)

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él (1 Tesalonicenses 4:13,14)

         Después de haber hecho un repaso breve sobre algunos de los textos que aparecen en las cartas de Pablo acerca del reino, centrémonos ahora en el contenido de las cartas a los tesalonicenses donde aborda algunas de las preguntas que se habían suscitado en esta iglesia.

El mensaje del evangelio contiene una esperanza gloriosa. Fue predicado en la ciudad de Tesalónica y muchas otras ciudades de la cuenca Mediterránea, produciendo un nuevo amanecer sobre los corazones de los hombres. También surgieron algunas preguntas sobre cómo se desarrollarán sucesos tan gloriosos y exclusivos del mensaje de profetas y apóstoles. Pablo dice en primer lugar que no debemos ignorar acerca de las personas que nos han precedido en la muerte, porque hay una esperanza que impide caer en la tristeza.

El evangelio contiene una esperanza sujeta a la obra redentora del Mesías. Jesús murió y resucitó, por tanto, en su venida a la tierra traerá con él a los que durmieron en él. Su venida será anunciada mediante el sonido del shofar. Se tocará la trompeta y los muertos en Cristo resucitarán (1 Co.15:52); y quienes estén vivos en ese evento serán transformados y arrebatados para el Señor y su gobierno.

Reinar con Cristo tiene dos aspectos diferenciados en la Escritura. Por un lado los que resuciten en la primera resurrección reinarán con él mil años (Ap. 20:6); las personas que resucitan en ese momento no pasarán más por la muerte, la muerte no tiene potestad sobre ellos. Por otro lado, reinarán por los siglos de los siglos (Ap.22:5). Siempre es complejo tratar de poner en orden todos los sucesos de los últimos tiempos.

En la primera carta a los tesalonicenses vemos que el día de la resurrección tienen lugar diferentes eventos que debemos complementar con otros pasajes que iremos viendo próximamente. Los que encontramos aquí podemos resumirlos de la siguiente manera: El Señor trae con él a los que durmieron en él; desciende del cielo al sonido de trompeta y los muertos en Cristo oirán su voz y resucitarán primero; los que vivan en la tierra serán arrebatados y transformados en el aire para estar con el Señor. Pero el Rey no se quedará en el aire de forma invisible, sino que vendrá a Jerusalén a tomar el trono de David y reinar con los suyos por mil años. Este es el mensaje claro y amplio en la Escritura de los profetas de Israel.

         En su venida resucitaremos y seremos transformados a su semejanza.

254 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn las Cartas (V) – 1 y 2 Tesalonicenses (1)

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él (1 Tesalonicenses 4:13,14)

         Antes de adentrarnos en el mensaje de las cartas a los tesalonicenses veamos algunos aspectos del reino que encontramos en pasajes anteriores. Se nos dice que el reino  no consiste en palabras, sino en poder (1 Co. 4:20). Los injustos no lo heredarán (1 Co. 6:9-11). Debemos recordar que la entrada al reino tiene lugar en el momento cuando somos trasladados de dominio, de la potestad de las tinieblas, al reino de su amado Hijo (Col.1:13), una vez que hemos sido redimidos mediante la obra del Mesías. Se inicia en este mundo para heredarlo más tarde en su manifestación en Jerusalén. Experimentamos, mediante el Espíritu, las primicias del poder y la naturaleza del reino de Dios en nuestros corazones, que tendrá su plenitud en la manifestación del Rey; porque cuando le veamos seremos semejantes a él (1 Jn.3:2); con un cuerpo glorificado semejante al suyo (Fil. 3:20,21).

Sin embargo, habrá personas en el reino mesiánico que aún estarán bajo el dominio del pecado y sus obras: fornicarios, idólatras, adúlteros, afeminados, ladrones, avaros, borrachos, maldicientes, estafadores; estos no heredarán el reino aunque vivan por un tiempo bajo su influencia en un periodo de paz y justicia universal; sin embargo, seguirán en su pecado y formarán parte del ejército que finalmente peleará contra el Señor y los suyos en la batalla final de las naciones contra Jerusalén.

Por otro lado están los que han sido lavados, santificados y justificados en el nombre del Señor (1 Co.6:9,10) (Gá. 5:21) (Ef. 5:5). Estos tendrán un cuerpo glorificado en los cuales no puede operar ya el pecado y la muerte, semejante al de Jesús, por eso dice el apóstol que la carne y la sangre (el viejo hombre carnal sometido al pecado y la muerte) no pueden heredar el reino (1 Co.15:50).

El contexto de este pasaje es la resurrección, por ello habla de quienes habrán resucitado en su venida, y quienes serán transformados a su semejanza. Sobre estos ya no tiene poder la muerte y su poder; como está escrito: la muerte segunda no tiene potestad sobre ellos (Ap. 20:6, 14; 21:8; 2:11). En el cuerpo glorificado a la semejanza del Mesías ya no operan la corrupción y la muerte, será inmortal y sin pecado (1 Co.15:50). Pablo abordará estas preguntas en sus cartas a los tesalonicenses que veremos.

         El reino mesiánico lo heredan los redimidos, aunque vivirán en él personas irredentas que tendrán ocasión de formar parte del pueblo de Dios.

253 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn las Cartas (IV) – 1 Corintios

Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que el reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte (1 Corintios 15:23-26)

         Debemos entender que en la mayoría de las cartas apostólicas el tema predominante no es el reino mesiánico ―aunque sí se aborda dentro del tema de los últimos tiempos, especialmente en Tesalonicenses y en la segunda carta del apóstol Pedro que veremos― sin embargo, en todas ellas aparece Jesús entronizado como Señor y Mesías a la diestra del Padre.

Sí podemos ver en distintos momentos el pensamiento de los apóstoles al respecto de este tema, que no era otro que la herencia del mensaje de los profetas y que hemos visto ampliamente en esta serie. Como judíos mantenían la revelación de Dios, ampliada por la venida del Mesías y el Espíritu Santo que desplegó el misterio en una dimensión mucho mayor.

Avanzando en las cartas nos encontramos con el texto de 1 Corintios donde Pablo trata acerca de la resurrección, y en medio de su exposición nos deja algunos detalles interesantes sobre nuestro tema.

La resurrección tiene un orden detallado: Cristo primeramente, las primicias, los que son de Cristo que resucitarán en el momento cuando aparece el Señor. Ese momento es cuando se establece el reino en Jerusalén, donde el Mesías reinará con los suyos. Y después entregará el reino establecido en Sion al Dios y Padre, habiendo suprimido todo dominio, autoridad, y potencia. Habrá puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies; y el último enemigo que será suprimido es la muerte.

Recordemos que en el reino mesiánico aún tendrá dominio la muerte sobre quienes no han resucitado con Cristo y que vivirán en la tierra. Recordar lo que dijo el profeta: el niño morirá de cien años (Is.65:20), por tanto, la muerte estará vigente aún. Pero llega el momento cuando todo es consumado. El tiempo no será más, y cuando todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos (1 Co.15:28). Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas (Rom.11:36). En nuestro texto inicial se habla del fin, y una parte de los sucesos que preceden al desenlace de todas las cosas es el reino mesiánico establecido en Jerusalén.

         El reino mesiánico es el gobierno del Justo sobre las naciones, suprimiendo todo dominio y poniendo a todos sus enemigos bajo sus pies.

252 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn la Cartas (III) – Romanos (3)

Y otra vez dice Isaías: Estará la raíz de Isaí, y el que se levantará a regir los gentiles [naciones]; los gentiles [naciones] esperarán en él (Romanos 15:12)

         Si el Libertador viene de Sion, es decir, Jerusalén, la capital de Israel, es necesario que el pueblo judío esté en su tierra, como lo es desde 1948, y se entiende la presión internacional ejercida por el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que opera en los hijos de desobediencia. Se entiende también la oposición de la ONU, el islam y la filosofía humanista occidental que ha dado la espalda a la revelación de Dios y está cargado de antisemitismo.

Todo ello es posible comprenderlo, pero lo que no se entiende es que quienes deberían tener revelación del mensaje de los profetas ―léase la eklessia internacional, gran parten de ella― se alinee con los enemigos de la profecía alejándose de la raíz de Isaí.

El apóstol Pablo, que sufrió en sus propias carnes el endurecimiento de Israel siendo perseguido en múltiples ocasiones, no deja de orar por la salvación de su pueblo, sin abandonar el mensaje de los profetas.

En nuestro texto menciona la raíz de Israel, recogiendo el mensaje del reinado universal del Mesías de Israel. Lo encontramos en Isaías 11. Allí se menciona la vara del tronco de Isaí, el vástago que retoñará de sus raíces, en quién reposará el Espíritu de YHVH, el que juzgará con justicia, porque la tierra será llena del conocimiento de YHVH, como las aguas cubren el mar. Y añade: Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa (11:10).

Pablo comprende que las naciones serán regidas por el heredero del trono de David, que no es otro que el Mesías de Israel a quién él anuncia. Las naciones esperarán en él. Esta palabra debió darle un impulso añadido en su ministerio a los gentiles. Por tanto, el apóstol recoge una vez más el mensaje de los profetas donde se expone con claridad la venida del hijo de David para reinar en Jerusalén sobre todas las naciones de la tierra. Un reino mesiánico en Jerusalén.

No espiritualizó el anuncio. El reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu (Rom.14:17), base del mensaje profético sobre el reino mesiánico cuyas primicias ya vivimos hoy mediante el evangelio. Al terminar su carta a los romanos el apóstol reconoce que el misterio del evangelio se mantuvo oculto desde tiempos eternos, pero ahora ha sido manifestado por las Escrituras de los profetas y dado a conocer a los gentiles para obedecer a la fe (16:25-27). El evangelio ya estaba en el mensaje de los profetas de Israel. El reino también.

         Pablo creía en el reino mesiánico sobre todas las naciones desde Sion.

251 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn la Cartas (II) – Romanos (2)

Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos, que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad (Romanos 11:25,26)

         Después de hacer la mejor y más amplia exposición del evangelio que  tenemos en las Escrituras en los ocho primeros capítulos de su carta a los romanos, el apóstol de los gentiles regresa al misterio de Israel en los siguientes tres capítulos. Allí volvemos a encontrarnos con la herencia hebrea de la fe que hemos recibido las demás naciones mediante el Mesías.

Pablo es claro. No debemos ignorar el misterio que está exponiendo, porque al hacerlo entraremos en arrogancia, que es exactamente lo que ha ocurrido en  buena parte de la Historia de la iglesia. Una arrogancia que impide la revelación. La altivez de espíritu, cuyo exponente clásico es el orgullo espiritual fundado en una supuesta superioridad doctrinal, conduce inexorablemente a la ceguera; una ceguera nociva en extremo puesto que nos lleva a una creencia falsa en la certeza de estar defendiendo la verdad. Es el fundamento de toda obstinación religiosa que se levanta contra el espíritu del evangelio y lleva a la confrontación continua.

El misterio que podemos ignorar y que conduce a la arrogancia mencionada es desconocer que el endurecimiento de Israel hacia el evangelio ha sido en parte, como dice el apóstol: en cuanto al evangelio, son enemigos… pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres (11:28). Ese endurecimiento tiene fecha de caducidad: hasta que entre la plenitud de los gentiles, y luego habrá un avivamiento espectacular en Israel de tal forma que todo Israel será salvo.

Podemos especular con esto, pero son las palabras del apóstol. Y para ratificar su argumento pone como base lo que está escrito en los profetas: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Ese advenimiento del Mesías limpia los pecados de Israel y los introduce en el pacto establecido, del cual ahora los gentiles somos beneficiarios, aunque fue hecho a Israel (Jer.31:31).

Misterio. Los gentiles que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia… mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó (9:30,31). Endurecimiento en parte hasta el tiempo establecido. Vendrá el Libertador y habrá salvación en Israel. Vivimos los tiempos de la restauración de todas las cosas. Oremos por Israel.

         El Libertador viene de Sion, −Jerusalén−, por ello, es necesario que el pueblo de las promesas esté asentado en la tierra de su heredad.

250 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn la Cartas (I) – Romanos (1)

Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos (Romanos 1:1-4)

         Hagamos ahora un breve recorrido por las cartas apostólicas del Nuevo Testamento y veamos de manera sucinta las referencias que podemos encontrar en ellas sobre el reino mesiánico. En primer lugar apreciamos la herencia hebrea de sus escritores, herederos del mensaje de los profetas de Israel.

En el inicio de esta carta de Pablo apreciamos la conexión que el apóstol hace entre el evangelio y el mensaje de los profetas. El evangelio que Pablo predicaba había sido prometido por Dios a través de los profetas en las Escrituras. Por tanto, tenemos que los apóstoles son deudores de los profetas de Israel. Las profecías se han cumplido en la persona del Mesías que ellos habían antes anunciado y que ahora los llamados y enviados (es lo que realmente significa apóstol) por el Señor anunciaban como testigos de su resurrección.

Pablo pone de fundamento, en la gran exposición que va a desarrollar del evangelio en su carta a los romanos, al Señor Jesucristo como hijo de David, según la carne, y declarado Hijo de Dios por la resurrección. Es el mismo mensaje que anunciaron Pedro y los demás apóstoles desde el día de Pentecostés.

El Mesías es hijo de David. Su heredero. Y en este linaje encontramos la apelación al pacto davídico que Dios hizo con el hijo de Isaí, y que entronca absolutamente con el reino venidero que ha de venir a Jerusalén. Lo hemos visto a lo largo del desarrollo de nuestro tema. Pablo, apóstol de los gentiles, creía en el advenimiento futuro del reino davídico para establecer su trono en la ciudad de Jerusalén. Sabía que ese era el mensaje de los profetas, que Dios había prometido en las santas Escrituras, y que contenían el evangelio que ahora anunciaba.

El Mesías es Hijo de Dios. El justo que ha reinar. David sabía que su casa no tenía las condiciones para responder a las exigencias que el pacto de Dios había contraído, por lo que debió entender que el descendiente prometido para reinar tendría una naturaleza distinta. No es así mi casa para con Dios; sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo (2 Sam.23:5). El Mesías no vería corrupción (Hch.13:36,37). Resucitó. Por tanto, sería Hijo de Dios con poder. Dos naturalezas. Un solo heredero de todo. La identidad del Mesías revelada en las Escrituras de los profetas y apóstoles (16:25-27).

         El evangelio y el reino fundamentados sobre el Mesías hijo de David.