281 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEventos principales (I) – El Rey que viene (6) – Reinará con justicia

He aquí vienen días, dice YHVH, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y éste será su nombre con el cual le llamarán: YHVH, justicia nuestra (Jeremías 23:5,6)

Reinará con justicia

Hemos identificado claramente al Rey en la Escritura. Viene para establecer justicia en la tierra. Repito, en la tierra. En la Ley, los profetas y los salmos están recogidos con detalle. Veamos algunos aspectos de su reinado en la tierra. En próximos capítulos veremos su asentamiento terrenal, dónde tendrá lugar, y la extensión de su dominio. Ahora repasemos algunos detalles del reino que viene.

Dice el profeta: He aquí para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio. Y será aquel varón [una vez más nos encontramos con la encarnación del rey] como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa (Isaías 32:1,2). Y añade más adelante. Y reinarán en tus tiempos la sabiduría y la ciencia, y abundancia de salvación; el temor de YHVH será su tesoro (Isaías 33:6). La justicia, la sabiduría, la ciencia y la salvación presiden su reinado; además de un gran bienestar natural: escondedero contra el viento, refugio contra el turbión, arroyo de aguas en tierra de sequedad, sombra de gran peñasco en tierra calurosa. Todo ello en el ámbito natural, y también como atmosfera espiritual única en el mundo. Su presencia en la tierra traerá gloria mediante el conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar.

Hagamos ahora una parada en el Salmo 72 para ver algunos otros aspectos de su reinado. Juzgará a su pueblo con justicia, y a los afligidos con juicio (versículo 2). Salvará a los hijos del menesteroso, y aplastará al opresor (4). Florecerá en sus días la justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna (7). Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra (8). Ante él se postrarán los moradores del desierto –seguramente una apelación al sometimiento de la potestad islámica que proviene del desierto de Arabia− (9). Este reino se caracteriza por la justicia entre los pueblos. Juzgará la causa de los afligidos de Israel y las naciones; salvará a los hijos de los menesterosos y aplastará al opresor.

La ideología comunista ha pretendido establecer, −más bien imitar o falsificar−, la justicia social en la tierra mediante una revolución proletaria que solo ha traído más injusticia, pobreza, represión y nuevas élites dominantes. No es así el reino venidero. Florecerá en sus días abundancia de paz. El Mesías-Rey dominará de mar a mar; su reino no tendrá fin. Los reyes de las naciones le traerán presentes y ofrecerán dones; todos los reyes se postrarán delante de él (10,11).

En sus días la oración del menesteroso será respondida con prontitud (12); recuerda que el diablo estará atado. La causa de los pobres será reivindicada (12,13). Redimirá y libertará sus almas del engaño y la violencia (14). Habrá continua oración por el Rey; todo el día se le bendecirá (15). No habrá escasez de alimentos, las cosechas serán abundantes y se gestionarán los recursos de forma justa y equitativa (16). Las ciudades florecerán y sus habitantes vivirán ampliamente realizados en sus expectativas (16). El nombre de nuestro Rey será perpetuo mientras dure el sol. La bendición de Dios alcanzará a todas las naciones según la promesa dada a Abraham. Benditas serán en él todas las naciones (17). Tenemos aquí una referencia clara a la simiente de Abraham y su llamamiento en Génesis 12:1-3. Y toda la tierra será llena de su gloria (19).

Es un anticipo del reino milenial anunciado. El corazón del hombre piadoso clama por la justicia de su reinado. Hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios. La pérdida del paraíso perdido y la espada del ángel que lo custodiaba han hecho que anhelemos nuestro reencuentro con el reino del que fuimos despojados. La misma creación y los hijos de Dios gimen y claman por la redención de nuestro cuerpo de muerte para regresar al estado primigenio. Es el reino mesiánico que aparece por toda la Biblia. Es el Rey que esperamos y que viene a Sion.

280 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEventos principales (I) – El Rey que viene (5) – Un Rey para las naciones

He aquí vienen días, dice YHVH, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y éste será su nombre con el cual le llamarán: YHVH, justicia nuestra (Jeremías 23:5,6)

Un Rey para las naciones

El Rey que esperamos es también el Deseado de todas las naciones (Hag.2:7). Es la simiente de Abraham mediante el cual serán benditas todas las familias y naciones de la tierra (Gn.12:3). El propósito de Dios siempre ha sido alcanzar con su bendición a todos los que creen en su nombre, y esa bendición tiene un recorrido, como hemos visto, a través del hijo de la promesa (Isaac); y un pueblo (Israel); para que reciba al Mesías (Yeshúa) en la tierra que le fue prometida (Eretz Israel), y de allí salga la salvación a todas las naciones.

Así ha sido con el evangelio, desde Jerusalén a los confines de la tierra. Así será en su venida a Sion, desde Jerusalén serán bendecidas todas las naciones de la tierra. Por ello debemos colaborar en pro de Israel que ha rebrotado en su tierra en 1948, como anunciaron sus profetas, preparando el camino del Señor. Como está escrito: He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones… por medio de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley (Isaías 42:1-4). Esto concuerda con el testimonio que dio el Padre en varias ocasiones, diciendo: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia, a él oíd (Mt.3:17; 17:5).

Sobre él reposa el Espíritu de YHVH para ministrar justicia en el poder de Dios, y quien lo suministra (Is.11:1-3) (Mt.12:15-21). Yeshúa es el soberano de los reyes de la tierra (Apc.1:5). Todos los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Mesías; y él reinará por los siglos de los siglos (Apc.11:15). El mismo Maestro lo anunció a los suyos poco antes de partir al cielo, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra (Mt.28:18). Un día toda rodilla se doblará voluntariamente ante él reconociendo su señorío y magnificencia; mirarán al que traspasaron; será reconocido por sus hermanos como lo fue José en Egipto.

Las naciones le adorarán. Tiempo vendrá para juntar a todas las naciones y lenguas; y vendrán, y verán mi gloria (Is.66:18). Vendrán todos a adorar delante de mí, dijo YHVH (Is.66:23). El centro de adoración mundial será Jerusalén, donde se asentará el trono de David. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento (Is.60:3). Aquí se superponen la Jerusalén terrenal y la celestial. Hay que complementar la profecía de Isaías 60 al 66 con Apocalipsis 21 y 22; junto con Zacarías 12 al 14. Lo veremos en el siguiente capítulo sobre Sion y Jerusalén.

Recordemos. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella [la desposada, la esposa del Cordero… la gran ciudad de Jerusalén Apc.21:10]; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella… y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella (Apc.21:24-26). O como dice el profeta Zacarías después que el Señor ponga sus pies en el monte de los Olivos, es decir, una vez que el Mesías-Rey haya venido: Y todos los sobrevivientes de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a YHVH de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los Tabernáculos (Zac.14:16). Ese tiempo no es otro que la era mesiánica.

El Rey viene a Jerusalén y las naciones le adorarán. Porque es el Rey de todas las naciones. Este mensaje fue anunciado por los apóstoles, recogiendo las palabras de los profetas. El apóstol de los gentiles vio en esta palabra una confirmación de su ministerio a todas las naciones. Lo expresó así: para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito… alegraos gentiles con su pueblo. Y otra vez: Alabad al Señor todos los gentiles [las naciones]. Y otra vez dice Isaías: Estará la raíz de Isaí, y el que se levantará a regir los gentiles [a las naciones, Biblia Textual]; y los gentiles [las naciones] esperarán en él (Rom.15:9-12).

La Escritura es confirmada por la misma Escritura, requerimiento básico de toda exégesis hermenéutica. Aquí debería recordar que una parte de la teología de la iglesia ha olvidado el contexto histórico-profético de las Escrituras, sacando a Israel de la escena, y poniendo a la iglesia como institución, en la llamada Teología del Reemplazo. Regresemos a la Escritura.

279 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEventos principales (I) – El Rey que viene (4) – Anunciado por los profetas de Israel

He aquí vienen días, dice YHVH, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y éste será su nombre con el cual le llamarán: YHVH, justicia nuestra (Jeremías 23:5,6)

Anunciado por los profetas de Israel

Jesús dijo que las Escrituras dan testimonio de él (Jn.5:39). Se estaba refiriendo a la ley de Moisés, los profetas y los Salmos (Lc.24:27,44). Esas Escrituras se cumplen necesariamente, no solo en su primera venida, sino también en la llegada del Rey que estamos esperando. Era necesario que se cumpliera todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos (Lc.24:44). Esas mismas Escrituras, junto con los evangelios y las cartas apostólicas, revelan una diversidad multifacética de su Persona y obra a través de sus nombres. Toda ella manifiesta la revelación de Jesucristo (Ap.1:1).

Hagamos un recorrido sintético de la amplia manifestación del Rey que viene. Se le llama Señor, Hijo de Dios, el Cordero de Dios, el Logos (la palabra encarnada), Hijo del Altísimo, Salvador, el Mesías (Cristo), el Santo de Dios, Maestro, el Nazareno, Rey de los judíos, la Piedra angular, el Unigénito del Padre, el Rey de Israel, la Cabeza de la iglesia, el novio, el esposo, Yo soy (el pan de vida, la luz del mundo, es de arriba, la puerta, el buen pastor, el camino, la verdad y la vida, la resurrección, la vid verdadera), el Salvador del mundo, el Santo de Dios, profeta, el hijo de David, el Alfa y la Omega, el León de la tribu de Judá, el Todopoderoso, Rey de reyes y Señor de señores, la raíz de David, Rey de los santos, Fiel y Verdadero, el Verbo de Dios, la estrella resplandeciente de la mañana, el Siervo de YHVH, el Rey que ha de venir y a quien esperamos.

Además es nuestro Sumo sacerdote, intercesor y mediador. Los tres ministerios predominantes de profeta, sacerdote y rey recaen sobre él. Es el Juez. Quien da a conocer a Dios (Jn.1:18). Y es a través de él que Dios nos ha hablado en los postreros días (Heb.1:1-4). Es superior al día de reposo (Mt.12:8); mas grande que el templo (Mt.12:6); mayor que Salomón y todos los reyes (Mt.12:42); mayor que Jonás y todos los profetas (Mt.12:41); mayor que Moisés (Heb.3:3). En el habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (Col.2:9), y estamos completos en él (Col.2:10), porque él es la plenitud de Dios (Jn.1:16) (Ef.4:13). Es el resplandor de la gloria de Dios, quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, que efectuó la purificación de nuestros pecados, y se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas (Heb.1:3). Tal es el rey que esperamos, y las Escrituras lo manifiestan amplísimamente. Él mismo dijo a los judíos: antes que Abraham fuese, yo soy (Jn.8:58).

A él sea la gloria por los siglos de los siglos. Su identidad sigue siendo piedra de tropiezo. En cierta ocasión le preguntó a los suyos qué decía la gente de él, las respuestas fueron variadas: Juan el Bautista, Elías, Jeremías o alguno de los profetas. El apóstol Pedro, por revelación del Padre, respondió, Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente.

Muchos han distorsionado su identidad, algunos pretenden suplantarla, como el mismo Señor anunció: se levantarán muchos diciendo yo soy el Cristo, y a muchos engañarán. Se le ha disfrazado de gentil, de hippy, de líder de una religión, pero su identidad natural es judía, de la tribu de Judá, y su pueblo es Israel, el pueblo de las promesas.

También es Cabeza de la iglesia universal, de todas las congregaciones extendidas entre las naciones que reconocen su nombre y su obra. Este mismo Jesús (Yeshúa), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch.1:11). Es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo (Hch.3:21,22).

Por ello tenemos la palabra profética más segura, a la que debemos estar bien atentos como a una antorcha que alumbra en los días oscuros que vivimos, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana aparezca en nuestros corazones (2 Pedro 1:19-21). Y así podríamos seguir deleitándonos en la meditación de todas las Escrituras que dan testimonio de él; poniendo de manifiesto la redención, su reino venidero y el reino eterno.

278 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEventos principales (I) – El Rey que viene (3) – Nacido de una virgen

He aquí vienen días, dice YHVH, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y éste será su nombre con el cual le llamarán: YHVH, justicia nuestra (Jeremías 23:5,6)

Nacido de una virgen. La encarnación.

El profeta Isaías habla de él ampliamente. Lo identifica como un niño dado a Israel, cuyos títulos impresionan: Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Además menciona lo dilatado de su imperio, cuya paz no tendrá límites, y culmina con la declaración de que será puesto sobre el trono de David, y su reino para siempre (Is.9:6,7). El profeta Miqueas menciona Belén Efrata como lugar de su nacimiento, de allí saldrá el que será Señor en Israel, y sus salidas son desde los días de la eternidad (Miq.5:2).

El Rey que viene es hombre, nacido de mujer, pero sus días se remontan a la eternidad. Es hombre y Dios. Siervo y Señor. Una conjugación difícil de comprender para los prejuicios religiosos y las limitaciones de una mente natural. Los principales sacerdotes y escribas del pueblo de Israel sabían que nacería en Belén, así lo declararon a Herodes, respondiendo a la pregunta de los magos sobre dónde nacería el rey de los judíos (Mt.2:1-6). Este suceso pone de manifiesto que podemos conocer algunas Escrituras perfectamente, identificar textos claros, y perder al mismo tiempo la revelación que emana de ella misma por no conocer el tiempo de la visitación. La palabra revelada necesita el espíritu de revelación, junto con la actitud correcta, para poder conectar con su mensaje.

El ángel que visitó a María, la mujer escogida como seno materno para la encarnación del Mesías, le dijo: Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin (Lc.1:31-33).

La encarnación es un tema principal en la Escritura. Era necesario preparar un cuerpo humano, porque el cuerpo contiene sangre, y la sangre es para ser derramada, porque sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. Por tanto, la encarnación del Hijo de Dios es una verdad esencial de la fe bíblica. Lo venimos viendo desde Génesis 3:15, el primer anuncio sintetizado del evangelio, cuya verdad central es la venida de la simiente de la mujer, un hijo de mujer, nacido como hombre, el postrer Adán.

El apóstol Juan enseña con rotundidad que para saber diferenciar el mensaje que emana del Espíritu de Dios y el del espíritu del anticristo, la clave fundamental está en la confesión que se hace respecto al Mesías y su venida en carne. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y éste es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo (1Jn.4:2,3). Y lo repite en su segunda carta. Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo (2 Jn.7).

Saber de qué espíritu somos se revela por lo que confesamos. Los espíritus se identifican por lo que hablan, la verdad bíblica que confiesan, o el error que transmiten. Y en esto el epicentro de la revelación está en reconocer la venida en carne del Hijo de Dios. La encarnación es doctrina fundamental de la fe puesto que en ella descansa la manifestación de Dios en la Escritura (Heb.1:1). No es un tema baladí, ni secundario en cuanto a doctrina.

Tal vez tenemos aquí una de las respuestas al por qué padecemos una campaña insensata cada año en la fecha tradicional de la Navidad. Al margen de la mezcla pagana –y que verdad bíblica no está leudada con cizaña− que contiene dicha fiesta, el centro de su mensaje está en la encarnación. Nos ha nacido un niño (Isaías 9:6). La virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel (Isaías 7:14). Es la simiente de la mujer que había de venir para redimir a la humanidad y derrotar a la serpiente antigua. Ese es, y no otro, el centro de la cuestión. Las campañas islamistas y laicas para erradicar todo vestigio de celebración de la encarnación como hecho histórico en las naciones de tradición judeocristiana se acentúan cada año. Se pretende negar la confesión abierta de que ha nacido la simiente de la mujer, el Mesías que había de venir para redimir.

El autor de la carta a los Hebreos, recogiendo el texto del Salmo 40:6-8, dice: Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí… He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad… En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez y para siempre (Heb. 10:5-10).

Si no hay cuerpo, tampoco hay ofrenda; si no hay ofenda, tampoco hay redención; si no hay redención, no hay perdón de pecados. La negación de la encarnación de Jesús nos devuelve a la desesperanza y la condenación. No hay esperanza sin encarnación. No hay salvación sin la ofrenda del cuerpo del Mesías levantado en el Gólgota. Las ofrendas anteriores no pudieron borrar el pecado, solo lo taparon por un tiempo hasta que vino Aquel que quita el pecado del mundo. El Cordero de Dios.

Uno de los títulos mesiánicos más usados en los evangelios es el de Hijo del Hombre, que aparece ampliamente en el libro del profeta Ezequiel (Ez.2:3), y que menciona el profeta Daniel (Dn.7:13; 10:16). El Rey que ha de venir es un hombre, aunque mucho más que hombre. Nacido de una virgen judía, de la descendencia de Abraham y Sara, Isaac y Jacob, de la tribu de Judá y la familia de David. Nacido en Belén se encarnó en el cumplimiento del tiempo, −en su primera venida−, para redimir a Israel y las naciones mediante el evangelio; y volverá como Rey para establecer su reino en la tierra que fue prometida a Abraham para siempre. Su nombre es Yeshúa (Jesús), el Hijo del Hombre.

Por tanto, reafirmemos nuestra fe en la encarnación, porque de ella depende todo el desarrollo de la salvación y redención del mundo, incluyendo el futuro reino mesiánico que se sustenta sobre la base del Siervo de YHVH entregado en sacrificio (Isaías 53); para poder reinar habiendo derrotado la simiente de la serpiente (Génesis 3:15). Nació de una virgen, fue llamado Jesús (Yeshúa), porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mt.1:21). Nació de una virgen para recibir el trono de David su padre; y reinar sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin (Lc.1:32,33). Amén.

277 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEventos principales (I) – El Rey que viene (2) – Hijo de David

He aquí vienen días, dice YHVH, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y éste será su nombre con el cual le llamarán: YHVH, justicia nuestra (Jeremías 23:5,6)

Hijo de David

La Escritura identifica a un heredero de David como el futuro Rey que ha de venir, y lo hace de forma reiterada. Fue prometido mediante un pacto. Yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino (2 Sam. 7:12,13). El propio David lo confirmó por el Espíritu poco antes de morir: El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel: Habrá un justo que gobierne entre los hombres (2 Sam.23:3). Y él mismo sabía que su identidad le superaría, porque conocía las limitaciones de su propia familia. No es así mi casa para con Dios; sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo (2 Sam.23:5). Y en uno de sus salmos escribió sobre él llamándole Señor, reconociendo así la superioridad de aquel que no vería corrupción (Sal.110:1) (Hch.13:36,37).

En su primera aparición el heredero de David fue confrontado por los fariseos y escribas en múltiples ocasiones acerca de su identidad. El Maestro los encaró con el argumento que el Mesías es hijo de David y él mismo le llama Señor; no supieron qué responder (Mt.22:41-46). El profeta Isaías reitera que saldrá una vara del trono de Isaí (padre de David), y un vástago retoñará de sus raíces. Sobre él reposará el Espíritu de YHVH en plenitud (Is.11:1,2).

Juan el Bautista dijo de él que bautizaría en Espíritu Santo y fuego (Mt.3:11). El mismo apóstol Pablo lo reconoce como hijo de David (Rom.1:3); y recoge el testimonio del profeta Isaías confirmando que la raíz de Isaí se levantará para regir las naciones (Rom.15:12). El apóstol Juan cita el testimonio de uno de los ancianos ante el trono de Dios, identificando al que puede abrir los sellos como el León de la tribu de Judá, la raíz de David (Apc.5:5). Y el mismo Señor dice de sí mismo al final del libro: Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana (Apc.22:16).

No hay duda. Está plenamente documentado. El Rey que ha de venir es hijo de Abraham y de David (Mt.1:1); confirmado mediante pacto. Hice pacto con mi escogido; juré a David mi siervo, diciendo: para siempre confirmaré tu descendencia, y edificaré tu trono por todas las generaciones… el más excelso de los reyes de la tierra (Sal. 89:3,4,27,28,29,34-36). Y se confirma, una vez más en el libro de Salmos: En verdad juró YHVH a David, y no se retractará de ello: de tu descendencia pondré sobre su trono… para siempre (Sal.132:11,12).

Una y otra vez vemos al Mesías aclamado en los evangelios como el Hijo de David; invocado para recibir auxilio y la manifestación de su servicio a las multitudes (Mt.9:27; 15:22; 20:30,31; 21:9). Las autoridades se indignaron cuando el pueblo identificó a Yeshúa con el Hijo de David, siendo conscientes de sus implicaciones mesiánicas (Mt.21:15,16). Pero un día, no muy lejano, Israel lo reconocerá y dirá: Bendito el que viene en el nombre del Señor (Mt.23:39). O como dice el profeta Jeremías en nuestro texto de base: En sus días [los de la venida del Rey] será salvo Judá, e Israel habitará confiado.

276 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEventos principales (I) – El Rey que viene (1) – Hijo de Abraham

He aquí vienen días, dice YHVH, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y éste será su nombre con el cual le llamarán: YHVH, justicia nuestra (Jeremías 23:5,6)

El evento principal en el devenir del reino mesiánico es la llegada del Rey. La Escritura enseña taxativamente que vendrá, por tanto, debemos saber identificarlo. ¿Quién es el Rey? ¿Cuál es su nombre? ¿Cuáles son las características de su gobierno? ¿Dónde estará su trono? ¿Cuánto tiempo durará su reinado? ¿Quiénes reinarán con él? El texto que hemos elegido como base para nuestro recorrido nos habla de la segunda venida del Rey. En su primera aparición vino como Siervo y Salvador; volverá como Rey para gobernar en la tierra. ¡Identifiquémoslo!

Hijo de Abraham

La revelación progresiva de la palabra de Dios muestra desde el principio la identidad del enviado de Dios. Nacería de la simiente de la mujer (Gn.3:15). Fue prometido a Abraham y Sara para que a través de su descendencia fueran bendecidas todas las familias y naciones de la tierra (Gn.12:3). El hijo de la promesa, −la simiente de Abraham−, fue llamado Isaac (Gn.15:4; 18:10; 21:1-7; 22:18).

Además YHVH prometió al padre de la fe una tierra donde se establecería su descendencia, −la tierra de Canaán−, dada como herencia para siempre a la nación del futuro Rey que habrá de venir (Gn.15:18-21). El heredero no será el hijo de Agar, Ismael, −que también fue bendecido por Dios para ser una gran nación (Gn.17:20)− sino Isaac, el hijo de Sara (Gn.17:7,19-21).

El pacto fue confirmado con Isaac para ser portador de la simiente, junto con la tierra que le fue prometida (Gn. 26:3-5); y a su hijo Jacob (Gn. 28:12-19). Más adelante, entre todos los hijos de Jacob, cuyo nombre fue cambiado por el de Israel, Dios escogió a la tribu de Judá para que fuera portadora de la simiente del Rey venidero (Gn.49:8-10).

Por tanto, antes de acabar el libro de Génesis tenemos encaminado el plan de Dios para la bendición de todas las familias y naciones de la tierra. Escogió hacerlo a través de la encarnación de un hijo de mujer. Nacería como hombre, y lo haría en la familia de Abraham y Sara; de Isaac y Rebeca; de Jacob y Lea; en la tribu de Judá. Y entre las familias de esta tribu de Israel vendrá de la casa de Isaí, un vástago de Isaí (Is.11:1).

Nota informativa sobre LAS MEDITACIONES

El reino mesiánicoQuiero comunicaros a todos los que seguís esta larga serie sobre «El reino mesiánico» que los próximos días no enviaré las meditaciones.

He hecho una parada para resumir y sintetizar todos los textos de la Escritura en los que encontramos referencias claras al reino venidero, con sus características más relevantes que tendrán lugar en la era mesiánica, tal como las recogen los profetas y el resto de las Escrituras.

Una vez haya hecho el trabajo correspondiente volveré a escribir las últimas reflexiones sobre este importantísimo tema, y las enviaré por los medios habituales.

Mientras tanto seguiré subiendo distintos materiales de enseñanza a la página web, con las limitaciones que me impone mi horario laboral, y que podéis visitar cuando lo deseéis. Gracias por vuestro apoyo en la divulgación de la palabra de Dios a través de este medio. Ruego vuestras oraciones.

Un saludo cordial a todos en Cristo.

Lunes, 5 de marzo de 2018.

275 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoConsideraciones finales (6) – El pacto con la casa de David

Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino… Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente (2 Samuel 7:12,13,16).

La Escritura se detiene ampliamente en la biografía del rey David. Es una figura central en la historia de Israel. El Mesías era del linaje de David según la carne (Rom.1:3); por tanto, para profundizar en la amplitud de su obra debemos estudiar la casa de David, y especialmente la vida del hijo de Isaí. Lo hemos hecho en el apartado correspondiente de esta serie.

Recordemos algunos detalles. Desechado Saúl por su desobediencia a la palabra de Dios, el Señor les levantó por rey a David, del cual Dios también testificó y dijo: He hallado a David, hijo de Isaí, un hombre conforme a mi corazón, que hará toda mi voluntad (Hch.13:22 LBLA). Durante un tiempo hubo lucha entre la casa de Saúl y la casa de David. La vieja confrontación entre la carne y el espíritu la vemos reflejada de forma gráfica en las vidas de Saúl y David. Poco a poco fue imponiéndose la voluntad revelada de Dios, que había escogido al joven pastor, el menor de la casa de su padre, para ser pastor en Israel y portador de la simiente del Mesías.

Recordemos en este punto a varias mujeres madres de Israel. En primer lugar a Lea, madre de Judá, por tanto de David, que fue menospreciada por su marido a favor de Raquel, aunque el pacto matrimonial debía ser con la mayor de las dos hermanas. Dios eligió a Lea para ser madre de la simiente del Mesías. Luego nos encontramos con Noemí y su nuera Rut la moabita, bisabuela del futuro rey de Israel. Y con Ana, madre del profeta Samuel, y despreciada por su oponente Penina, que clamó al Señor por un hijo con toda su alma, el cual sería quien ungiría a David como futuro rey de Jerusalén. De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel (Hch.13:23).

Fue con David con quien YHVH hizo un pacto para que su trono fuera estable eternamente, la raíz de Isaí. Como anunció el profeta Isaías acerca del Mesías y su reino mesiánico: Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces (Is.11:1). El mismo David, en sus palabras finales, profetizó: Habrá un justo que gobierne entre los hombres (2 Sam.23:3). Sabía que no sería su casa, sino que la superaría; declarado Hijo de Dios con poder (Rom.1:4). El pacto con la casa de David sigue vigente y su cumplimiento se materializará en el reino venidero.

         Yeshúa es raíz y linaje de David, estrella de la mañana de un nuevo día.

274 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoConsideraciones finales (5) – Prometido desde la fundación del mundo

Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo (Mateo 25: 34)

Hay verdades escondidas que vienen a la luz en el momento cuando Dios envía su revelación. Lo hace mediante «la palabra», la misma que originó todas las cosas en el comienzo. Jesús enseña que en el mismo momento cuando fue creado el mundo, también fue preparado el reino que más tarde sería revelado progresivamente. Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman (1 Co.2:9).

El Maestro enseñó en parábolas cosas escondidas desde la fundación del mundo (Mt.13:35). Especialmente acerca del reino de Dios. Fue su primer mensaje al iniciar su ministerio, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio (Mr.1:15).

El reino de Dios fue prometido desde la fundación del mundo, y su manifestación progresiva la encontramos en la Escritura desde Génesis hasta la aparición del Mesías, el hijo de la promesa, la simiente que había de venir. Jesús trajo la manifestación del reino a Israel en una dimensión única mediante las obras de Dios: milagros, sanidades y expulsión de demonios. Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros (Lc.11:20). Y lo será en una dimensión mayor cuando se manifieste en su segunda venida estableciendo su reino milenial en Jerusalén.

En el recorrido que hemos hecho en esta serie bajo el título “los orígenes del reino” hemos visto que fue prometido a Abraham, a quien se le dio la promesa de que sería heredero del mundo (Ro.4:13), mediante la justicia de la fe. Y todos los que son hijos de la fe de Abraham son herederos de la misma promesa. Esa promesa la hemos encontrado en el recorrido de las Escrituras que hemos hecho anteriormente.

Viene por la simiente de Abraham, Isaac y Jacob. Luego mediante la tribu de Judá. Lo profetizó Jacob: No será quitado el cetro de Judá… hasta que venga Siloh [un término mesiánico, que anuncia el futuro rey de Israel]; y a él se congregarán los pueblos (Gn.49:8-10). El pueblo de la promesa (Israel) se asentó en la tierra dada a Abraham y su descendencia para ser luz a las naciones. De este pueblo nació el Mesías anunciado (la salvación viene de los judíos) para manifestar a Israel y las naciones el reino prometido desde la fundación del mundo. El Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará… y su reino no tendrá fin (Lc.1:32,33); le dijo el ángel a María. Recordemos ahora el pacto con la casa de David.

         Jesús enseña que el reino fue preparado desde la fundación del mundo.

273 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoConsideraciones finales (4) – Las señales

Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas  (Lucas 21:25)

Cuando estudiamos sobre señales de la segunda venida del Mesías nos encontramos una ambivalencia. Por un lado se nos dice que el Señor vendrá como ladrón en la noche, por tanto, sin advertencia (Lc.17:20-21); por otro, somos instados a conocer el tiempo y que aquel día no nos sorprenda.

Nadie conoce el día exacto de la parusía, pero sí podemos conocer el tiempo que le precede. Las señales son muchas y variadas. Hemos visto en nuestro recorrido las que nos parecen más relevantes y claras. El Maestro usa el ejemplo de los dolores de parto en una mujer embarazada para enseñar sobre algunas de las señales que preceden su venida. En realidad la mujer encinta no sabe exactamente el momento específico de dar a luz, pero conoce los síntomas que lo preceden, los dolores de parto que anuncian la llegada del alumbramiento.

En este sentido la iglesia del Señor no está en tinieblas, ni debe vivir despreocupada. Como dice el apóstol: Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón (1 Tes.5:4). Hay señales. Debemos conocer el tiempo.

Una señal inequívoca de que se acerca el día de más luz es precisamente un periodo de tinieblas. El aumento de la maldad. Las obras de iniquidad que multiplican las manifestaciones pecaminosas de múltiples formas, cada vez más vergonzosas para los hijos de Dios, y con menos pudor para los hijos de las tinieblas.

El amor de muchos se enfriará manteniendo las formas externas de religiosidad, pero negando la eficacia de la piedad. Se manifiesta el hombre de pecado. La multiplicación de la mentira, falsas doctrinas, evangelios laicos con ideologías humanas y espíritus engañadores, desprecio de la sana doctrina que es conforme a la piedad, apostasía, materialismo, hedonismo y consumismo exacerbado. En definitiva, el misterio de la iniquidad. La corrupción del carácter de los hombres, expresado ampliamente por el apóstol en su segunda carta a Timoteo. La pérdida de toda sensibilidad moral. Entregados a la inmundicia.

También tenemos una señal para todo el mundo: la restauración de Israel en su tierra, después de un exilio de dos mil años, que ha levantado, a su vez, la oposición feroz del islam, según mi opinión la bestia del Apocalipsis, como vimos en anteriores capítulos. Todo ello, y mucho más, señales inequívocas que preceden a su venida y revelan el tiempo que vivimos.

         Hay señales claras que muestran el tiempo de la venida del Rey a Sion.