7 – LA REDENCIÓN – Todos pecaron

La locura de la cruzTodos pecaron

Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios (Romanos 3:23 LBLA)

El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte. Todos hemos participado de esa naturaleza maligna, por tanto, todos hemos sido despojados de la gloria de Dios. Aquel vestido que cubría al primer hombre y la primera mujer fue quitado, quedaron desnudos y separados de la comunión de vida con Dios. Esa naturaleza la hemos heredado de nuestros padres. Y aunque nos hayan educado bajo las demandas de un sistema religioso, seamos judíos o gentiles, con ley o conciencia natural, todos hemos participado en el inicio de nuestra existencia del mal que entró en el corazón del hombre y lo apartó de Dios.

El pecado destruye la comunión con Dios. No podemos alcanzar su justicia. Es demasiado elevada y ningún sistema religioso puede ayudarnos plenamente para recuperar la gloria perdida. Necesitamos un Redentor. Necesitamos redención. Necesitamos un justo. Pero, como está escrito: no hay justo, ni aún uno; no hay quién entienda, no hay quién busque a Dios; todos se han desviado, a una se hicieron inútiles; no hay quién haga lo bueno, no hay ni siquiera uno (Rom. 3:10-12).

Necesitamos un justo que satisfaga plenamente la justicia de Dios. Pero si todos los hombres pecaron y están destituidos de su gloria ¿de dónde vendrá nuestro socorro? Necesitamos un hombre sin pecado como propiciación delante de Dios que pueda presentar una ofrenda ante el trono de justicia, satisfaga las demandas de la santidad de Dios, y pueda ser aplicada a quienes la aceptan como rescate de sus vidas. Eso es redención.

Y solo hay uno que puede hacerlo, que nació sin pecado, que se hizo hombre, aunque era Dios. La doble naturaleza de Jesús como Hijo de Dios e Hijo del Hombre viene en nuestro rescate. Ahora la gloria perdida en Adán podemos recuperarla para ser revestidos de Cristo, nuestro sumo sacerdote, redentor y propiciación. Gracias a Dios por su don inefable.

Todo lo anterior a la revelación del Hijo Unigénito fue una preparación para ser alcanzados por la gloria postrera de la casa de Dios. Porque El ha sido considerado digno de más gloria que Moisés en toda la casa de Dios… Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios, cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza (Hebreos 3:1-6).

         El pecado nos impide alcanzar su gloria; nos destituye y despoja del vestido, pero el Rey ha venido para devolver al hombre lo que perdió en Adán.      

 

6 – LA REDENCIÓN – La circuncisión tampoco es suficiente

La locura de la cruzLa circuncisión tampoco es suficiente

Pues ciertamente la circuncisión es de valor si tú practicas la ley, pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión se ha vuelto incircuncisión (Romanos 2:25 LBLA)

La pertenencia a una comunidad concreta tampoco nos redime. Todos nacemos en un entorno social, cultural y religioso especifico, sin embargo, esa identidad natural no nos hace más o menos aceptos delante de Dios. No es la identidad natural la que nos redime. La salvación es de Dios, no de una nacionalidad concreta. Ciertamente el judío tiene ciertas ventajas porque han recibido la palabra de Dios (Rom. 3:1,2), y en ella tienen la revelación de su voluntad. Pero tener la palabra de Dios no significa cumplirla.

Dios le dio a Abraham la circuncisión como señal del pacto que hizo con él y su descendencia, pero ahora Pablo nos dice que tampoco la circuncisión vale nada si no va acompañada del cumplimiento estricto de la ley. Pues ciertamente la circuncisión es de valor si tú practicas la ley, pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión se ha vuelto incircuncisión (Rom. 2: 25).

¿De qué sirven unas gotitas de agua al nacer y declarar cristiano al recién nacido, si en el transcurso de su vida no hace la voluntad de Dios? ¿De qué vale nacer en una familia de tradición religiosa, de cualquier denominación, si la persona no ajusta su vida a la revelación de Dios? Sirve en cuánto a los límites y freno al pecado que pone una educación conforme a la ley de Dios, pero si la persona no acepta y pone su corazón en ello de nada le sirve. Es judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra; la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios (Rom. 2:29).

La circuncisión tampoco redime. Porque ni la circuncisión es nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación (Gá. 6:15). Y esa nueva creación solo se obtiene mediante redención, una redención que tiene como base la obra única y acabada en la cruz del Calvario por Jesús, el Redentor de Israel y las naciones. La ley ha sido nuestro ayo para llevarnos al encuentro con el que nos redime (Gá. 3:24). Es Cristo quién nos redime de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición, a fin de que en Cristo, la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe (Gá. 3,14).

         No es la circuncisión, ni la ley, ni cualquier tradición religiosa las que pueden redimirnos, sino la fe en el Mesías que obra por amor.  

5 – LA REDENCIÓN – La ley es insuficiente

La locura de la cruzLa ley es insuficiente

Porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él; pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado  (Romanos 3:20 LBLA)

En este recorrido que estamos haciendo en la nueva serie que hemos iniciado nos encaminamos hacia la meta de alcanzar redención. La naturaleza pecaminosa del hombre le ha alejado de Dios, por tanto, nos hemos colocado bajo la ira y el juicio justo de Dios. Ahora vamos a dar un paso más.

Nos encontramos con dos tipos de hombres, uno que vive delante de Dios según la conciencia natural, esa conciencia le dicta normas de conducta que no ha visto escritas en ninguna ley, pero que están presentes en su modo de razonar. Pablo lo expresa así: Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para sí mismos, ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos (Ro.2:14-15). Esta verdad demuestra que el hombre tiene una conciencia universal, aunque nadie le haya enseñado la ley que sí tuvieron los hebreos. La conciencia acusa o defiende según el conocimiento del bien y del mal que tiene. Sin embargo, la conciencia nunca alcanza el nivel de exigencia de la justicia de Dios. Por tanto, tampoco es fiable para poder redimirnos.

Hay pecadores que lo son sin haber vivido bajo los parámetros de la ley, y hay los que no alcanzan la justicia de Dios mediante la ley porque no la cumplen en su totalidad. Todos ellos pecan, unos sin ley y otros con ley. Pues todos los que han pecado sin la ley, sin la ley también perecerán; y todos los que han pecado bajo la ley, por la ley serán juzgados (Rom. 2:12).

Luego el apóstol aborda la situación de los judíos que sí tenían ley, pero no la guardaban, por tanto, aunque la ley pone límites a la naturaleza pecaminosa del hombre, no tiene el poder de transformar y regenerar por cuánto por medio de la ley es el conocimiento del pecado. La ley no tiene poder de frenar la acción pecaminosa del hombre. Puede hacerle creer que es mejor que los gentiles que no tienen ley, llevarle a la jactancia y dejarle convicto bajo la ley que no cumple, además de conducirle a un conocimiento de culpabilidad mayor por cuanto no tiene el poder para llevar adelante en su vida las exigencias de la ley, con lo cual pone en evidencia su impotencia. Por medio de la ley viene el conocimiento del pecado.

         Conocer la voluntad de Dios no nos justifica ni redime, sino el hacerla. La ley pone en evidencia nuestra impotencia y necesidad de un Redentor.

4 – LA REDENCIÓN – El pecado nos coloca bajo el juicio de Dios

La locura de la cruzEl pecado nos coloca bajo el juicio de Dios

Y sabemos que el juicio de Dios justamente cae sobre los que practican tales cosas  (Romanos 2:2 LBLA)

En el capítulo uno de Romanos Pablo hace una lista exhaustiva de la manera de proceder de los hombres alejados del temor de Dios. Por cambiar la gloria de Dios en una imagen de hombre corruptible, Dios los entregó a la impureza en la lujurias de sus corazones. Por haber cambiado la verdad por la mentira y adorar a las criaturas en lugar de al Creador, Dios los entregó a pasiones degradantes. Y por no haber tenido en cuenta a Dios, sino que escogieron vivir a espaldas de sus mandamientos, ignorando la revelación de Dios en la naturaleza y en su propia conciencia, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran cosas que no convienen.

Las consecuencias de estas múltiples «entregas» —Dios los entregó aparece en el texto hasta tres veces— fue una forma de vida impía que atrajo el juicio justo de Dios. El hombre escogió practicar toda la lista de manifestaciones pecaminosas que aparecen en Romanos 1:29-32. Las hacen y dan su aprobación a los que las practican. Esas prácticas son dignas de muerte. Repito, atraen el juicio de Dios.

La exposición del apóstol en los primeros capítulos de su epístola a los Romanos no es gratuita, ni para recrearse en la maldad del hombre, sino para ponerlo como base de la grandeza del mensaje del evangelio que está predicando. Sin el pecado del hombre no hay ira de Dios, ni tampoco puede haber juicio, por tanto, no se necesita redención.

Pablo predica a Cristo y este crucificado. La locura de la cruz es que siendo pecadores, Cristo murió por nosotros. El glorioso mensaje del evangelio es que la justicia de Dios se ha revelado por la fe en Jesucristo, pero sin acentuar antes el pecado, la ira y el juicio, no tiene sentido hablar de la manifestación de la justicia de Dios a través de la redención en Jesús.

Por tanto, toda predicación del evangelio que no contiene el pecado del hombre, la ira y el juicio justo de Dios por la maldad, no es evangelio, no hay buena noticia porque no hay o no es necesaria la redención. Podemos sobrevivir con un mensaje agradable que nos de algunas pautas de comportamiento ético, o hacer buenas obras que nos deje participar en la solución, y por las cuales podamos gloriarnos de la capacidad y potencialidad humana para solucionar nuestros propios problemas. Muy propio del hombre caído, pero insuficiente para la redención que necesitamos.

         El juicio de Dios sobre la naturaleza de pecado es justo porque hemos practicado todo tipo de perversiones y necesitamos una redención completa.

3 – LA REDENCIÓN – El pecado atrae la ira de Dios

La locura de la cruzEl pecado atrae la ira de Dios

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad  (Romanos 1:18 LBLA)

El apóstol Pablo fue quién mayor revelación recibió del evangelio de Dios. Él lo llama «mi evangelio». Vivió por y para el evangelio, para que la verdad revelada permaneciese a la siguiente generación, y a través de sus cartas a todas las generaciones. En la carta a los Romanos hace la mejor y más amplia exposición que tenemos en la Biblia sobre el misterio que estaba oculto desde tiempos eternos. Así lo expresa al final de su epístola. Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe (Rom. 16:25,26).

El evangelio es un misterio revelado en las Escrituras. Estaba oculto, sin revelar en su totalidad, pero ahora ha sido manifestado por la predicación para ser dado a conocer a todas las naciones.

Un misterio oculto necesita revelación para ser comprendido. La revelación viene por el Espíritu Santo y la Palabra de Dios cuando el hombre escucha el mensaje y se arrepiente de sus pecados. Y el comienzo del mensaje, según la exposición que hace Pablo en Romanos, es acerca de la ira de Dios contra la impiedad de los hombres. Por tanto, la predicación del evangelio comienza en la ira de Dios.

Cuando apareció Juan el Bautista les dijo a las multitudes: Quien os enseñó a huir de la ira venidera (Lc.3:7). Pablo le dijo a los tesalonicenses que Jesús nos libra de la ira venidera (1 Tes.1:10). El apóstol Juan dice en su evangelio que el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él (Jn.3:36).

Y ¿por qué está airado Dios? Por el pecado de los hombres que con impiedad e injusticia detienen la verdad. Por eso está escrito: Habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan, porque Él ha establecido un día en el cuál juzgará al mundo con justicia, por medio de un Hombre a quién ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos (Hch. 17:30-31).

         El pecado del hombre le mantiene bajo la ira de Dios, por ello necesitamos un redentor, Jesús, quien nos libra de la ira venidera.

2 – LA REDENCIÓN – Sin pecado no se necesita redención

La locura de la cruzSin pecado no se necesita redención

Pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado (Romanos 5:13 RV60)

La redención es consecuencia de una condena. Si no ha habido condena no es necesaria redención de la pena. Esto lo saben muy bien los que han pasado por la cárcel. Redimir condena es acortar el tiempo de privación de libertad. Cumplir la condena en su totalidad significa poder salir en libertad, el pago está realizado.

La redención que ha hecho Jesús a favor de los hombres es completa, alcanza para toda la condena recibida. Pero si hay condena es porque antes ha habido un delito, y si hay delito es porque se ha transgredido una ley, y si hay una ley es porque existe una naturaleza pecaminosa que la necesita para limitar sus efectos. Es la naturaleza de pecado, el resultado de la caída. Hemos heredado una naturaleza de pecado que nos inclina al mal, nos puede, nos esclaviza, por tanto, necesitamos redención de la esclavitud del pecado, es decir, la naturaleza que nos domina e impide hacer la voluntad de Dios.

Si el hombre excluye de su pensamiento la realidad del pecado y lo enmascara con argumentos filosóficos y elucubraciones diversas, nunca verá la necesidad de un Redentor, un Libertador, un Salvador.

La doctrina del pecado es fundamental para el anuncio del evangelio, sin ella no hay de qué redimir, por tanto, el evangelio se convierte en un mensaje agradable para vivir de la mejor forma posible, sacar provecho al beneplácito de Dios sin pretender la regeneración y el cambio de naturaleza. Este ha sido y es el intento continuado de todas las religiones alejadas de la revelación de Dios. Este evangelio se predica en muchas iglesias hoy. Es un mensaje popular, dirigido al hombre caído para ayudarle a vivir bien pero sin llevarlo a la muerte completa para poder resucitar en novedad de vida. Para esto último necesitamos la redención de Jesús.

Nuestro mensaje ha quedado diluido ofreciendo principios y métodos para poner parches a una naturaleza que solo tiene un destino: la muerte. Sin muerte no ha redención. El pecado nos ha conducido a la muerte, la separación de Dios. La paga del pecado es muerte. Nuestro Redentor tenía que participar de la muerte, a causa del pecado del hombre, para librar a todos los que por el temor a la muerte estaban toda la vida sujetos a servidumbre. Nacemos muertos por causa del pecado. Necesitamos redención de la muerte y del pecado que nos tiene atados a una forma de vida alejada de Dios.

         Si obviamos el pecado, (la naturaleza caída del hombre), la redención viene a ser una opción en lugar de la liberación que necesitamos como cuestión de vida o muerte.               

1 – LA REDENCIÓN – Introducción

La locura de la cruzIntroducción

Y edificó Noé un altar al Señor…  (Génesis 8:20 LBLA)

Una vez que el juicio se ha consumado viene un tiempo de depuración y regeneración. Después que las aguas del diluvio anegaron la tierra, el Señor hizo un pacto con Noé. Ese pacto incluye no volver a destruir la tierra mediante agua, y le dio como señal el arco iris para recordar dicho pacto. El hombre y la tierra han sido depurados y regenerados mediante el juicio de Dios. Este principio lo encontramos a menudo en la Escritura.

Dios juzgó a Egipto con el fin de que dejara salir a su pueblo para servirle. Dios juzgó a Israel depurando la tierra que le había dado enviándolos 70 años a Babilonia para que la tierra descansara por no haber cumplido la ley del reposo (2 Crónicas 36:21). Dios ha juzgado a todos los imperios y naciones en diversos momentos cumpliendo así toda justicia por su iniquidad, y depura al hombre enseñándole las consecuencias de su propia maldad. La historia está llena de esta verdad, aunque el hombre y los historiadores nunca aprenden ni sacan las conclusiones oportunas.

Una vez depurada la tierra por el agua del diluvio, hemos visto que Dios hizo un pacto con Noé, y encontramos que esta es la forma de actuar de Dios con el hombre, lo hace a través de pactos. La Biblia nos habla de diversos pactos, podríamos ver la relación siguiente: el pacto con Noé, el pacto con Abraham, el pacto con Moisés, el pacto con David y llegamos así al Nuevo Pacto, establecido a través del Hijo de Dios y su sangre derramada en la cruz del Calvario.

Los pactos tienen que ver con la redención de Dios hacia los hombres. La redención se establece mediante un pacto expiatorio. Sin derramamiento de sangre no hay expiación. Noé, una vez salió del arca, lo primero que hizo fue un altar. Y edificó Noé un altar al Señor, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofició holocaustos en el altar (Gn.8:20). No podemos hacer un recorrido de cada uno de estos pactos, pero lo que haremos a partir de esta nueva serie es centrarnos en la redención, la redención del pecado del hombre después de la caída, nos ocuparemos de la redención final, la que llevó a cabo el Hijo de Dios, nuestro Mesías y Salvador. Para ello regresaremos a la epístola de Pablo a los Romanos, donde tenemos la mejor exposición del evangelio de Dios mediante la redención que es en Cristo Jesús.

         La redención del hombre tiene como base un pacto, un nuevo pacto, hecho una vez y para siempre, habiendo obtenido eterna redención.

NOTA INFORMATIVA – Meditaciones

CedroNOTA INFORMATIVA – Meditaciones

Hola a todos.

Durante las dos próximas semanas no podré enviar las meditaciones habituales. Hemos acabado la Serie “Después de la caída”; la próxima que enviaré será “La Redención”.

Recordaros también que cada día, de lunes a viernes, a las 8 de la tarde, hora española, podéis sintonizar RADIO BEREA FM – 92.1 a través de Internet, dónde se emite el programa “Momentos para la Reflexión” con las distintas series del tema: “Qué es el hombre” (el devenir humano desde antes de nacer hasta después de morir). Son tres minutos de reflexión directa que puedes compartir con tus amigos y contactos en las Redes.

El enlace es el siguiente: http://www.bereafm.net/

Saludos: Virgilio Zaballos – España

15 – DESPUÉS DE LA CAÍDA (Final) – La paciencia de Dios duró cien años

Después de la caídaLa paciencia de Dios duró cien años

Y Noé tenía quinientos años, y engendró a Sem, a Cam y a Jafet… Y Noé hizo conforme a todo lo que el Señor le había mandado. Noé tenía seiscientos años cuando el diluvio de las aguas vino sobre la tierra  (Génesis 5:32 y 7:5,6 LBLA)

El recorrido del mal desde la caída del hombre demuestra con toda nitidez que el desarrollo del pecado se tornó muy veloz. Dios acortó los días de vida de más de novecientos años a ciento veinte; primer juicio. En vista que el intento del corazón del hombre era siempre el mal, tuvo que tomar una medida más drástica. Le pesó en su corazón y tuvo tristeza por el devenir humano, entonces decidió comenzar de nuevo.

Halló a Noé, un hombre justo en medio de la maldad predominante, para encargarle que hiciera un arca porque la tierra iba a ser pasada por agua destruyendo todo ser viviente que no estuviera dentro de ella. Este proceso al parecer duró unos cien años. Desde que Dios le encargó a Noé la construcción del arca, hasta que el arca se cerró, pasaron alrededor de cien años. Un periodo suficiente para que aquella generación viera la madera del arca –semejante a la cruz− delante de sus ojos. La locura estaba en que nunca había llovido sobre la faz de la tierra. Siempre hay locura en el mensaje de la cruz. Dios enloquece la sabiduría de los hombres y escoge salvarlos por la predicación del evangelio.

Para la generación de Noé el mensaje era creer en el juicio venidero, creer que un día llovería y lo haría de tal forma que todo quedaría anegado en agua, poniendo obras a esa fe entrando en el arca. Sin embargo, no lo hicieron. Y esa misma fe, la que sí tuvo Noé, condenó al mundo. Por la fe Noé, siendo advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó un arca para la salvación de su casa, por lo cual condenó al mundo, y llegó a ser heredero de la justicia que es según la fe (Hebreos 11:7).

El apóstol Pedro recoge el mismo mensaje para recordarnos que de la misma manera que se burlaron los hombres en los días de Noé, se burlaban en su propio tiempo y se burlarán en los nuestros. Pues cuando dicen esto, no se dan cuenta de que los cielos existían desde hace mucho tiempo, y también la tierra, surgida del agua y establecida entre las aguas, por la palabra de Dios, por lo cual el mundo de entonces fue destruido, siendo inundado con agua… El Señor no se retarda en cumplir su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento (2 Pedro 3:5-9).

         La paciencia de Dios es grande pero limitada en el tiempo. Hoy es día de salvación, el arca está abierta, la invitación hecha, ven a Jesús y se salvo.  

14 – DESPUÉS DE LA CAÍDA – La corrupción activa el juicio de Dios

Después de la caídaLa corrupción activa el juicio de Dios

Entonces dijo Dios a Noé: He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra. Hazte un arca…  (Génesis 6:13,14 LBLA)

El juicio de Dios en los días de Noé no se ha vuelto a repetir nunca más en la historia de la humanidad. Aunque sí tenemos indicaciones de que la forma de vida de la generación de Noé es semejante a la de los días anteriores a la venida del Hijo del Hombre (Lucas 17). Deberíamos preguntarnos cómo era la generación de Noé y qué similitudes pudiera tener con la nuestra. Para responder a esta pregunta debemos recordar que otro de los juicios terribles de Dios sobre los hombres fue en las ciudades de Sodoma y Gomorra. Ambas generaciones tienen aspectos comunes, por tanto, meditemos y aprendamos.

Uniendo los dos casos, el de los días de Noé y los de Lot, vemos que hay una secuencia similar en su forma de vida: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban y construían hasta el mismo día del juicio. Una vida centrada en sí mismos, orientada a los placeres y el enriquecimiento. A esto hay que añadirle corrupción, violencia, y otros pecados que menciona el profeta Ezequiel como detonantes del juicio sobre Sodoma: He aquí, esta fue la iniquidad de tu hermana Sodoma: −dice el profeta− arrogancia, abundancia de pan y completa ociosidad tuvieron ella y sus hijas; pero no ayudaron al pobre ni al necesitado, y se enorgullecieron y cometieron abominaciones delante de mí. Y cuando lo vi las hice desaparecer (Ezequiel 16:49,50).

Al unir todo ello encontramos demasiadas similitudes con las formas de vida de nuestra propia generación. Una vida hedonista dirigida al enriquecimiento y el lucro personal; egoísta, ociosa, soberbia. La ociosidad produjo todo tipo de pasiones carnales. Cuyo dios era su vientre. Sin interés por los más necesitados. Amadores de sí mismos. Es la lista del carácter de los hombres en los últimos tiempos que menciona Pablo en Timoteo.

En definitiva, una sociedad tan parecida a la actual que abruma. El juicio está a las puertas. El arca ya se ha construido y levantado, fue en el monte Calvario, donde −también de madera, como el arca− se levantó una cruz, y en ella al Hijo de Dios, para que todo aquel que en él crea, no se pierda, sino que tenga vida eterna, huyendo así de la ira venidera. Jesús es nuestro Noé. La gracia es el arca que está abierta para huir de la destrucción que se avecina. Dios no ha cambiado, es paciente, esperando que vengamos al arrepentimiento y el conocimiento de la verdad.

         Cuando los juicios de Dios se acercan los habitantes del mundo aprenden justicia (Isaías 26:9). Es tiempo de buscarle con diligencia.