258 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn las Cartas (IX) – 2 Pedro (2)

Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles; sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores… diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? (2 Pedro 3:1-4)

         El apóstol Pedro es consciente que le queda poco tiempo, en breve debe abandonar el cuerpo, −como el Señor le había declarado (1:14)−; y quiere dejar constancia del mensaje para que la verdad del evangelio y su esperanza sea confirmada en sus oyentes. Sabe que han surgido muchos burladores que menosprecian el advenimiento del reino mesiánico con el argumento de que hace mucho tiempo se viene anunciando y aún no ha llegado.

Es un mensaje que procede del tiempo de los profetas, que elevó su expectativa en días de la aparición del Mesías en la tierra de Israel, donde muchos esperaban que fuera inminente su manifestación; ahora han pasado varias décadas y todo sigue igual; por ello la fe de algunos se resiente abandonando la esperanza convirtiéndose en burladores y menospreciadores.

Pero hay quienes tienen un limpio entendimiento de las cosas eternas y no se dejan dominar por las circunstancias que les rodean. Nuestro entendimiento de las verdades reveladas pueden sufrir contaminación mediante los argumentos de aquellos que se oponen, en muchos casos con la fuerza de cierta verosimilitud que dan vigor a su incredulidad; por ello el apóstol quiere que los hijos del reino tengan memoria. Memoria de las palabras de los profetas y del Señor y Salvador en boca de sus apóstoles.

Debemos permanecer en la palabra para ser sus discípulos. Hay que superar las pruebas para que la semilla fructifique en nuestros corazones. Hay oposición. Siempre hay oposición a la revelación de Dios. Pero su palabra permanece para siempre. El cielo y la tierra pasarán, su palabra permanecerá. Hay que retener el buen depósito sin contaminación ni adulteración, sin falsas expectativas en cuanto al tiempo de su manifestación.

Como dijo el Maestro: Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzaré a golpear a los criados… y a comer y beber y embriagarse, vendrá el señor… en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles (Lc.12:45).

         Debemos mantener la memoria de la esperanza de su reino, −anunciado por los profetas y apóstoles− en medio de los burladores de su advenimiento.

257 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn las Cartas (VIII) – 2 Pedro (1)

Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad (2 Pedro 1:16)

         Nuestra próxima parada será en la segunda carta del apóstol Pedro, donde encontramos algunos datos más sobre su venida. Pero antes revisemos algunos de los textos que aparecen en las cartas anteriores.

En la primera a Timoteo vemos al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, a quien sea el honor y la gloria por todos los siglos (1 Tim.1:17). Este parece ser uno de los cantos especiales de la iglesia primitiva en sus oraciones y alabanzas. En la misma carta el apóstol Pablo insta a los discípulos del Señor a guardar el mandamiento sin mácula, hasta la aparición de nuestro Señor, el Soberano, Rey de reyes y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad y habita en luz inaccesible (1 Tim.6:13-16).

En la siguiente carta a Timoteo el apóstol pide al discípulo que se acuerde del Mesías, que era del linaje de David, y que fue resucitado de los muertos según el evangelio (2 Tim.2:8). Le recuerda que si sufrimos con él, también reinaremos con él (2:12). Una vez más se establece el vínculo entre reinar con Cristo y los padecimientos por el reino. El Señor juzgará a los vivos y los muertos  en su manifestación y en su reino (2 Tim. 4:1). Y el apóstol recuerda que el Señor que le ha librado de toda obra mala, le preservará para su reino celestial (4:18). Tenemos aquí una apelación posterior al reino mesiánico.

Luego en la epístola a los Hebreos vemos al Hijo entronizado; superior a los ángeles; centro de la adoración celestial (Heb.1:6); muestra clara de su divinidad. El cetro de su reino es de equidad y justicia (1:8,9), enlazando con el mensaje de los profetas sobre su reino en Jerusalén. Aparece en esta carta Melquisedec, una figura del Mesías, con los títulos de Rey de justicia, Rey de Salem (Jerusalén), y Rey de paz (7:1,2). Para culminar con el mensaje de la remoción de todas las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.

El reino de Dios es un reino inconmovible que hemos recibido y tendrá su manifestación futura en Jerusalén primeramente; por tanto, debemos vivir con gratitud, sirviendo el tiempo que nos resta agradando a Dios con temor y reverencia (12:27-29). Somos herederos del reino, dice la carta de Santiago, dirigiéndose a las doce tribus en la dispersión, y que ha prometido a todos los que le aman (Santiago 2:5).

         El reino venidero no se sostiene sobre fábulas artificiosas, sino sobre el testimonio de los profetas y apóstoles que vieron su majestad.

256 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn las Cartas (VII) – 1 y 2 Tesalonicenses (3)

Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis. Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder (2 Tesalonicenses 1:5-7)

         La venida del Mesías encuentra a los suyos padeciendo por el reino. Lo cual debe llevarnos a meditar bien sobre ciertas teologías escatológicas escapistas que ponen el acento en una huída de la tribulación, mientras el apóstol nos dice en otro lugar que es necesario que entremos en el reino a través de  muchas tribulaciones (Hch.14:22).

El día de su venida habrá justicia. Se manifestará el justo juicio de Dios dando a cada uno según sus obras. Los que han padecido por el reino serán recompensados y consolados. Es el día de venganza del Señor que consuela a los enlutados; ordena que a los afligidos de Sion se les de gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar de espíritu angustiado (Is.61:2,3). Esto es demostración del justo juicio de Dios.

Habrá tribulación para quienes han causado aflicción al pueblo de Dios. Serán excluidos de la presencia del Señor y su gloria (2 Tes. 1:9). En Tesalónica había quienes esperaban de forma inminente el retorno del Mesías y tomaron algunas medidas que estaban fuera de la voluntad de Dios, abandonando sus obligaciones temporales y laborales. El apóstol enseñó que hay una serie de sucesos que preceden a su venida: apostasía, manifestación del hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios (2:1-4).

Es una sociedad que niega la adoración a Dios y centra su culto en el hombre; el humanismo predominante de nuestros días. Europa vive bajo este manto de oscuridad. Debe manifestarse aquel inicuo, que engañará a muchos con prodigios mentirosos, con engaño de iniquidad para los que se pierden; y a quien el Señor matará con el espíritu de su boca y destruirá con el resplandor de su venida.

Por tanto, tenemos antes de la venida del Rey a Jerusalén un tiempo de gran oscuridad, iniquidad y apostasía. Predominio de la mentira y el engaño mediante poderes espirituales de difícil resistencia en una sociedad entregada a la iniquidad y la disolución de valores según la ley de Dios y el evangelio. La iglesia vive en medio de esa atmósfera, ―siempre ha sido así―, para ser luz, velando y orando para no caer en tentación, sino esperando y apresurando su venida libertadora.

         Hay un día señalado para dar retribución a cada uno en su venida.

255 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn las Cartas (VI) – 1 y 2 Tesalonicenses (2)

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él (1 Tesalonicenses 4:13,14)

         Después de haber hecho un repaso breve sobre algunos de los textos que aparecen en las cartas de Pablo acerca del reino, centrémonos ahora en el contenido de las cartas a los tesalonicenses donde aborda algunas de las preguntas que se habían suscitado en esta iglesia.

El mensaje del evangelio contiene una esperanza gloriosa. Fue predicado en la ciudad de Tesalónica y muchas otras ciudades de la cuenca Mediterránea, produciendo un nuevo amanecer sobre los corazones de los hombres. También surgieron algunas preguntas sobre cómo se desarrollarán sucesos tan gloriosos y exclusivos del mensaje de profetas y apóstoles. Pablo dice en primer lugar que no debemos ignorar acerca de las personas que nos han precedido en la muerte, porque hay una esperanza que impide caer en la tristeza.

El evangelio contiene una esperanza sujeta a la obra redentora del Mesías. Jesús murió y resucitó, por tanto, en su venida a la tierra traerá con él a los que durmieron en él. Su venida será anunciada mediante el sonido del shofar. Se tocará la trompeta y los muertos en Cristo resucitarán (1 Co.15:52); y quienes estén vivos en ese evento serán transformados y arrebatados para el Señor y su gobierno.

Reinar con Cristo tiene dos aspectos diferenciados en la Escritura. Por un lado los que resuciten en la primera resurrección reinarán con él mil años (Ap. 20:6); las personas que resucitan en ese momento no pasarán más por la muerte, la muerte no tiene potestad sobre ellos. Por otro lado, reinarán por los siglos de los siglos (Ap.22:5). Siempre es complejo tratar de poner en orden todos los sucesos de los últimos tiempos.

En la primera carta a los tesalonicenses vemos que el día de la resurrección tienen lugar diferentes eventos que debemos complementar con otros pasajes que iremos viendo próximamente. Los que encontramos aquí podemos resumirlos de la siguiente manera: El Señor trae con él a los que durmieron en él; desciende del cielo al sonido de trompeta y los muertos en Cristo oirán su voz y resucitarán primero; los que vivan en la tierra serán arrebatados y transformados en el aire para estar con el Señor. Pero el Rey no se quedará en el aire de forma invisible, sino que vendrá a Jerusalén a tomar el trono de David y reinar con los suyos por mil años. Este es el mensaje claro y amplio en la Escritura de los profetas de Israel.

         En su venida resucitaremos y seremos transformados a su semejanza.

Taller de oración – 5 (bis)

Tiempo de OraciónANTES DE ORAR: Haz una primera lectura para ti mismo; si estás de acuerdo con el contenido oremos juntos y unánimes con voz audible.

El modelo de oración de Jesús.

Vosotros oraréis así: «Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mateo 6:12)

Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores Sí, Señor, pedimos perdón porque hemos pecado contra el cielo y contra ti. Yo y la casa de mi padre hemos pecado. Yo y mi pueblo hemos pecado contra ti. Como iglesia tuya en España también hemos pecado contra ti. Por nuestro antisemitismo, por la dureza de nuestro corazón y la obstinación que conduce a la división y la idolatría, perdónanos.

Perdónanos, oh Dios, el resentimiento acumulado de generación en generación. Perdónanos nuestra tendencia cainita. Señor, sana la herida de mi pueblo, la herida que fue abierta en la Guerra Civil y muchos aún no quieren cerrarla.

De la misma manera, Padre amado, decidimos perdonar a los que nos deben. Decidimos perdonar a todos aquellos que nos han decepcionado y traicionado. Decidimos guardar nuestro corazón, sobre toda cosa guardada, porque de él mana la vida, ese manantial de vida y salud que nos aleja del rencor y la amargura.

Padre, decidimos perdonar y soltar a quienes aún mantienen posturas distintas a las nuestras y hacen guerra contra nosotros ensuciando nuestro buen nombre. Por la gracia con la que hemos sido perdonados por ti queremos perdonar a todos ellos de todo corazón.

Líbranos, Señor, de quienes mantienen una actitud cainita en nuestro país y pretenden destruir la nación. Libertanos del antisemitismo que hemos heredado y libres de maldad podamos bendecir a Israel a quién tú has bendecido para siempre.

¡Padre, perdona nuestras deudas! Que la sangre derramada en la cruz del Calvario nos limpie de toda maldad, y libres de culpa podamos perdonar con sinceridad a todos aquellos que nos deben. Podamos sufrir el agravio y ser defraudados con el pueblo de Dios. Te miramos a ti, Fuente de toda gracia y verdad, para imitarte en tu naturaleza santa, justa y buena.

         Amado Dios, en el nombre glorioso de Jesús lo pedimos, confiando en tu bondad para con los hijos de los hombres en esta generación torcida. Amén.

254 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn las Cartas (V) – 1 y 2 Tesalonicenses (1)

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él (1 Tesalonicenses 4:13,14)

         Antes de adentrarnos en el mensaje de las cartas a los tesalonicenses veamos algunos aspectos del reino que encontramos en pasajes anteriores. Se nos dice que el reino  no consiste en palabras, sino en poder (1 Co. 4:20). Los injustos no lo heredarán (1 Co. 6:9-11). Debemos recordar que la entrada al reino tiene lugar en el momento cuando somos trasladados de dominio, de la potestad de las tinieblas, al reino de su amado Hijo (Col.1:13), una vez que hemos sido redimidos mediante la obra del Mesías. Se inicia en este mundo para heredarlo más tarde en su manifestación en Jerusalén. Experimentamos, mediante el Espíritu, las primicias del poder y la naturaleza del reino de Dios en nuestros corazones, que tendrá su plenitud en la manifestación del Rey; porque cuando le veamos seremos semejantes a él (1 Jn.3:2); con un cuerpo glorificado semejante al suyo (Fil. 3:20,21).

Sin embargo, habrá personas en el reino mesiánico que aún estarán bajo el dominio del pecado y sus obras: fornicarios, idólatras, adúlteros, afeminados, ladrones, avaros, borrachos, maldicientes, estafadores; estos no heredarán el reino aunque vivan por un tiempo bajo su influencia en un periodo de paz y justicia universal; sin embargo, seguirán en su pecado y formarán parte del ejército que finalmente peleará contra el Señor y los suyos en la batalla final de las naciones contra Jerusalén.

Por otro lado están los que han sido lavados, santificados y justificados en el nombre del Señor (1 Co.6:9,10) (Gá. 5:21) (Ef. 5:5). Estos tendrán un cuerpo glorificado en los cuales no puede operar ya el pecado y la muerte, semejante al de Jesús, por eso dice el apóstol que la carne y la sangre (el viejo hombre carnal sometido al pecado y la muerte) no pueden heredar el reino (1 Co.15:50).

El contexto de este pasaje es la resurrección, por ello habla de quienes habrán resucitado en su venida, y quienes serán transformados a su semejanza. Sobre estos ya no tiene poder la muerte y su poder; como está escrito: la muerte segunda no tiene potestad sobre ellos (Ap. 20:6, 14; 21:8; 2:11). En el cuerpo glorificado a la semejanza del Mesías ya no operan la corrupción y la muerte, será inmortal y sin pecado (1 Co.15:50). Pablo abordará estas preguntas en sus cartas a los tesalonicenses que veremos.

         El reino mesiánico lo heredan los redimidos, aunque vivirán en él personas irredentas que tendrán ocasión de formar parte del pueblo de Dios.

253 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn las Cartas (IV) – 1 Corintios

Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que el reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte (1 Corintios 15:23-26)

         Debemos entender que en la mayoría de las cartas apostólicas el tema predominante no es el reino mesiánico ―aunque sí se aborda dentro del tema de los últimos tiempos, especialmente en Tesalonicenses y en la segunda carta del apóstol Pedro que veremos― sin embargo, en todas ellas aparece Jesús entronizado como Señor y Mesías a la diestra del Padre.

Sí podemos ver en distintos momentos el pensamiento de los apóstoles al respecto de este tema, que no era otro que la herencia del mensaje de los profetas y que hemos visto ampliamente en esta serie. Como judíos mantenían la revelación de Dios, ampliada por la venida del Mesías y el Espíritu Santo que desplegó el misterio en una dimensión mucho mayor.

Avanzando en las cartas nos encontramos con el texto de 1 Corintios donde Pablo trata acerca de la resurrección, y en medio de su exposición nos deja algunos detalles interesantes sobre nuestro tema.

La resurrección tiene un orden detallado: Cristo primeramente, las primicias, los que son de Cristo que resucitarán en el momento cuando aparece el Señor. Ese momento es cuando se establece el reino en Jerusalén, donde el Mesías reinará con los suyos. Y después entregará el reino establecido en Sion al Dios y Padre, habiendo suprimido todo dominio, autoridad, y potencia. Habrá puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies; y el último enemigo que será suprimido es la muerte.

Recordemos que en el reino mesiánico aún tendrá dominio la muerte sobre quienes no han resucitado con Cristo y que vivirán en la tierra. Recordar lo que dijo el profeta: el niño morirá de cien años (Is.65:20), por tanto, la muerte estará vigente aún. Pero llega el momento cuando todo es consumado. El tiempo no será más, y cuando todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos (1 Co.15:28). Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas (Rom.11:36). En nuestro texto inicial se habla del fin, y una parte de los sucesos que preceden al desenlace de todas las cosas es el reino mesiánico establecido en Jerusalén.

         El reino mesiánico es el gobierno del Justo sobre las naciones, suprimiendo todo dominio y poniendo a todos sus enemigos bajo sus pies.

252 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn la Cartas (III) – Romanos (3)

Y otra vez dice Isaías: Estará la raíz de Isaí, y el que se levantará a regir los gentiles [naciones]; los gentiles [naciones] esperarán en él (Romanos 15:12)

         Si el Libertador viene de Sion, es decir, Jerusalén, la capital de Israel, es necesario que el pueblo judío esté en su tierra, como lo es desde 1948, y se entiende la presión internacional ejercida por el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que opera en los hijos de desobediencia. Se entiende también la oposición de la ONU, el islam y la filosofía humanista occidental que ha dado la espalda a la revelación de Dios y está cargado de antisemitismo.

Todo ello es posible comprenderlo, pero lo que no se entiende es que quienes deberían tener revelación del mensaje de los profetas ―léase la eklessia internacional, gran parten de ella― se alinee con los enemigos de la profecía alejándose de la raíz de Isaí.

El apóstol Pablo, que sufrió en sus propias carnes el endurecimiento de Israel siendo perseguido en múltiples ocasiones, no deja de orar por la salvación de su pueblo, sin abandonar el mensaje de los profetas.

En nuestro texto menciona la raíz de Israel, recogiendo el mensaje del reinado universal del Mesías de Israel. Lo encontramos en Isaías 11. Allí se menciona la vara del tronco de Isaí, el vástago que retoñará de sus raíces, en quién reposará el Espíritu de YHVH, el que juzgará con justicia, porque la tierra será llena del conocimiento de YHVH, como las aguas cubren el mar. Y añade: Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa (11:10).

Pablo comprende que las naciones serán regidas por el heredero del trono de David, que no es otro que el Mesías de Israel a quién él anuncia. Las naciones esperarán en él. Esta palabra debió darle un impulso añadido en su ministerio a los gentiles. Por tanto, el apóstol recoge una vez más el mensaje de los profetas donde se expone con claridad la venida del hijo de David para reinar en Jerusalén sobre todas las naciones de la tierra. Un reino mesiánico en Jerusalén.

No espiritualizó el anuncio. El reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu (Rom.14:17), base del mensaje profético sobre el reino mesiánico cuyas primicias ya vivimos hoy mediante el evangelio. Al terminar su carta a los romanos el apóstol reconoce que el misterio del evangelio se mantuvo oculto desde tiempos eternos, pero ahora ha sido manifestado por las Escrituras de los profetas y dado a conocer a los gentiles para obedecer a la fe (16:25-27). El evangelio ya estaba en el mensaje de los profetas de Israel. El reino también.

         Pablo creía en el reino mesiánico sobre todas las naciones desde Sion.

16 – UNIDOS CON EL MESÍAS: Una esperanza viva

Unidos con el Mesías (2)Textos claves: (Col.1:27) (Is.60:1,2)

UNIDOS CON YESHÚA

Nuestra unión con Cristo es la unión con el poder de su resurrección. La justicia de Cristo se nos ha imputado a los que creemos en aquel que se levantó de los muertos y ahora podemos conocerle, experimentar el poder de su resurrección, participar de sus padecimientos, identificarnos con su muerte, y llegar a la esperanza gloriosa de su resurrección. “Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,  si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos” (Fil.3:9-11).

El mismo poder de resurrección que levantó a Jesús de los muertos y le sentó a la diestra de Dios en “los lugares celestiales”, es el que está operando en el creyente hoy. “Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Ef.1:18-20).

En el ámbito espiritual, nosotros también hemos sido levantados con Cristo. Además, un día, ese mismo poder de resurrección, que habita en nosotros, transformará el cuerpo de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria. “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Fil.3:20-21); y entraremos en la plenitud.

RESULTADOS DE ESA UNIÓN

Tenemos una esperanza de gloria.

“A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col.1:27). Esa esperanza está ligada a Jesús. Nuestra esperanza es Jesús mismo. Nuestro presente y futuro dependen sólo de él. Estamos unidos a una esperanza de gloria por toda la eternidad.

1.- Una esperanza de ciudadanía (patria o comunidad) celestial. “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Fil.3:20). “El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Co.15:47-49). Somos peregrinos en esta tierra. “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” (1 P.2:11). “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios… Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (Heb.11:8-10,13-16).

2.- Es una esperanza viva. “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1P.1:3). Esa esperanza está unida a una persona viva. Nuestra esperanza nunca morirá, puesto que es el mismo Cristo en nosotros la esperanza de gloria.

3.- Es una esperanza de gloria eterna. “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1P.5:10).

4.- Es una esperanza de semejanza a Cristo. “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Jn.3:1-3). “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Ro.8:29). “El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Co.15:47-49).

Esa semejanza se inicia en el nuevo nacimiento y llegará hasta el día de la manifestaci6n de Jesús en gloria. “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2Co.3:18). “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil.1:6). “Y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Col.3:10).

5.- Es una esperanza de transformación o resurrección. “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1Ts.4:13-18). De transformación para los creyentes que vivan en este mundo a la llegada del Señor; y de resurrección para todos los muertos en Cristo. “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1 Co.15:22).

6.- Es una esperanza de plenitud. “Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios… hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef.3:19 y 4:13).

El hombre nuevo y renacido va desarrollándose y creciendo hasta desembocar en la plenitud de Cristo. Es como los ríos que van a parar a la inmensidad del océano. Todos los enemigos serán sometidos a Cristo; entonces él mismo se someterá al Padre, para que Dios sea todo en todos. “Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1 Co.15:23-28).

Este es el verdadero sentido de la vida. La verdadera esperanza que debe motivarnos, animarnos e impulsarnos hacia una vida de consagración y fusión plena en Cristo. Porque es imposible que Dios mienta, por eso: “… Seamos grandemente animados los que hemos huido para refugiarnos, echando mano de la esperanza puesta delante de nosotros, la cual tenemos como anda del alma, una esperanza segura y firme…” (Heb.6:18-20).

CONSECUENCIAS

En Cristo hemos sido unidos a una esperanza de gloria eterna. Una esperanza que debe hacernos levantar para resplandecer en medio de los tiempos en que vivimos. “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de YHVH ha nacido sobre ti.  Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá YHVH, y sobre ti será vista su gloria” (Isaías, 60:1-2).

Taller de oración – 4 (bis)

Tiempo de OraciónANTES DE ORAR: Haz una primera lectura para ti mismo; si estás de acuerdo con el contenido oremos juntos y unánimes con voz audible.

El modelo de oración de Jesús.

Vosotros oraréis así: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy» (Mateo 6:11)

Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy… Necesitamos tu provisión, oh Dios, que nos ayudes a trabajar de la forma adecuada para conseguir los recursos necesarios para nuestro mantenimiento.

También necesitamos el pan de tu palabra, porque no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Confiamos en ti para que suplas todas las necesidades de nuestro cuerpo, alma y espíritu, y que podamos compartirlo con aquellos que lo necesitan.

Tú eres, Señor, el que colocaste a Adán en medio de la abundancia de Edén; que diste al hombre antes de la caída el trabajo y la ocupación de sus manos. Luego pecamos contra ti y el trabajo se volvió duro y fatigoso, pero en tu misericordia sigues dando el sustento a todo hombre y mujer en toda la faz de la tierra.

Fuiste, Señor, el que sustentó a Abraham tu siervo en días de hambre; también a Isaac y Jacob. Sostuviste a Noemí y Rut en circunstancias muy difíciles y supliste todas sus necesidades. También al profeta Elías lo llevaste al lugar de los cuervos y de la viuda de Sarepta de Sidón para que fuera sustentado. Gracias por tu infinita sabiduría y diversa provisión para cuidar de nosotros sin que caigamos en afán y ansiedad.

Padre, guarda a Israel, tu pueblo, en estos días. Tú los has bendecido para que sean una bendición a las naciones, les has dado grandes habilidades en muchas ciencias para bendecir a la humanidad; protégelos, Señor, de quienes pretenden destruirlos y confirma la obra de tus manos en ellos.

Danos en España un gobierno estable alejado de intereses egoístas y partidistas que solo piensan en sí mismos; levanta hombres y mujeres con la capacidad de crear riqueza, empresas y puestos de trabajo. Miramos a ti como nuestro sumo Hacedor, tú eres nuestro Padre y nuestra esperanza está en ti.

Padre amado, el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, en el glorioso nombre de Jesús. Amén.