13 – DESPUÉS DE LA CAÍDA – La corrupción no pasa desapercibida en el cielo

Después de la caídaLa corrupción no pasa desapercibida en el cielo

Y miró Dios a la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra  (Génesis 6:12 LBLA)

Cuando dice el texto que Dios miro a la tierra en realidad se entiende que está viendo el modo de actuar de los hombres que la habitan. La naturaleza humana corrompida emite un olor tan desagradable que llega hasta el cielo. El pecado sube hasta la presencia de Dios. Tenemos muchos ejemplos de ello en la Escritura. Lo vemos en el caso de los cananeos (Gn.15:16). Lo vemos en los días de Noé. También en las ciudades de Sodoma y Gomorra. Como está escrito: El clamor de Sodoma y Gomorra ciertamente es grande, y su pecado es sumamente grave. Descenderé ahora y veré si han hecho en todo conforme a su clamor, el cual ha llegado hasta mí; y si no, lo sabré (Gn.18:20-21).

Los ángeles enviados por Dios a Sodoma y las ciudades vecinas dieron este informe: Vamos a destruir este lugar, pues su clamor ha llegado a ser tan grande delante del Señor, que el Señor nos ha enviado a destruirlo (Gn. 19:13). Cuando el hombre se aparta del propósito de Dios su camino se corrompe con facilidad y rápidamente; se extravía, conduciéndose a su propia destrucción.

Dios le dio un propósito al hombre: Cultivar y cuidar la tierra (Gn.2:15). Después de la caída ese propósito no cambió (Sal. 104:23), aunque lo haría con trabajo y sudor (Gn. 3:17-19). Debería dejar a su padre y a su madre y unirse a su mujer, ser una cola carne. En lugar de ello, el desarrollo del pecado produjo tal deterioro que trastornó los caminos y la voluntad de Dios para el hombre. Entonces las pasiones carnales le condujeron a la degeneración sexual, la corrupción y la violencia. ¡Cuánta soberbia en el hombre moderno teniendo por anacrónico el mensaje bíblico! No hay nada nuevo debajo del sol.

El humanismo predominante de hoy busca su propia realización alejado de los principios morales. Contraviene y corrompe el propósito original para luego pretender que el universo le sea favorable. Cuando el hombre pervierte su camino lejos de Dios está poniendo los cimientos para la corrupción en la tierra que deriva en su propia destrucción. Burlar las leyes divinas no pasa desapercibo en el cielo. Como dice nuestro texto: Miró Dios a la tierra. Corromper los principios morales y universales, −la ley natural−, legislando contra la conciencia que Dios ha puesto en el ser humano no es más que acelerar la corrupción y torcer los caminos del hombre.

         Hay camino que al hombre le parece recto, pero su final es camino de muerte.  Jesús nos devuelve a las sendas antiguas. Él es el camino al Padre.

12 – DESPUÉS DE LA CAÍDA – El pecado corrompe la tierra y la llena de violencia

Después de la caídaEl pecado corrompe la tierra y la llena de violencia

Y la tierra se había corrompido delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia  (Génesis 6:11 LBLA)

El pecado del hombre corrompe la tierra. La tierra no se envilece por sí  misma si no que sufre los efectos de la acción humana. Hay una conexión evidente entre la moral humana y el deterioro del medio ambiente. Dios creó la tierra como una habitación para ser habitada por el hombre. En ella puso todo tipo de provisión, con una inmensidad de recursos naturales que el hombre tenía que gestionar y administrar. Pero la falta de integridad trae consigo la perversión de todo lo que se hace.

El efecto corrosivo del pecado no se detiene en el hombre, sino que desde la corrupción del ser humano alcanza al medio en el que vive y lo llena de violencia. La violencia engendra muerte antes de tiempo, caos y aflicción. Ese es el escenario en el que el príncipe de la potestad del aire se mueve, por ello está tan interesado en pervertir el corazón del hombre. Todo este proceso se inicia en el epicentro del ser, el corazón, el interior de la persona, por ello la Escritura nos exhorta: Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida (Pr. 4:23).

La naturaleza de pecado tiene un fin último: producir las condiciones de caos, corrupción y violencia para acelerar el reino de muerte y destrucción. Esta es la naturaleza de Satanás. El es homicida desde el principio. Ha venido a matar y destruir. Lo hace mediante los hijos de desobediencia; genera el juicio justo de Dios, porque el hombre es responsable de sus propios actos, tiene voluntad propia aunque esté manipulada y sojuzgada por la ley del pecado que ha invadido su ser.

Los juicios de Dios son tiempos de depuración. La tierra misma será libertada de la corrupción y vanidad a la que fue sometida mediante la manifestación gloriosa de los hijos de Dios. Una vez más vemos la interrelación entre la creación natural y la creación del hombre. La creación gime y sufre dolores de parto para ser liberada de la corrupción. La sangre derramada de Abel en la tierra levantó una voz que fue oída en el cielo (Heb. 12:24). Sangre derramada por la violencia de un hombre corrompido en su naturaleza interior. Hoy vivimos también la manifestación de ese binomio: corrupción y violencia. Parecen ser hermanas gemelas. Recuerda que estamos meditando en la generación de Noé, de la que Jesús dijo que sería similar a la que precede a su venida.

         Una sociedad corrompida se llena rápidamente de violencia. No seamos tan ligeros enjuiciando la moral cristiana que siempre actúa como salero de toda corrupción. Pero si la sal se vuelve insípida…

11 – DESPUÉS DE LA CAÍDA – Una generación corrupta no impide andar con Dios

Después de la caídaUna generación corrupta no impide andar con Dios

Noé era un hombre justo, perfecto entre sus contemporáneos; Noé andaba con Dios  (Génesis 6:9 LBLA).

El texto bíblico hace una especie de paréntesis entre la mucha maldad de los hombres (Gn.6:5), y una tierra corrompida llena de violencia. En medio nos encontramos un hombre con otro espíritu, otra forma de actuar. Un justo que no se ha dejado corromper por el medio que le rodea, no le afecta la influencia degradante de sus contemporáneos, sino que haya gracia.

Noé era un hombre justo, con el carácter del Padre. Noé andaba con Dios. La maldad predominaba, los pensamientos de los hombres estaban de continuo inclinados al mal, sin embargo, Dios encuentra un hombre que vive de otra forma. La vida de Noé no pasó desapercibida para Dios, atrajo su atención, el cielo se movió en dirección a Noé.

El sexo era la nota predominante, la promiscuidad sexual dominaba aquella generación, sin embargo, Noé, que tenía mujer e hijos, no participó de ese espíritu promiscuo. Noé andaba con Dios. A este hombre le llegaban noticias de las formas de vida de sus coetáneos. «Los medios de comunicación» anunciaban una y otra vez la violencia generalizada de aquella generación; la bolsa subía y bajaba; el consumo estaba en su punto más alto, por tanto, había trabajo, las «fábricas» producían a pleno rendimiento. Los banquetes proliferaban, había bacanales, fiestas por cualquier excusa (cumpleaños, comuniones, bodas, aniversarios) eran una proyección cotidiana de aquella sociedad desenfrenada en los placeres de la carne. Sin embargo, todo aquello no impidió que Noé anduviera con Dios.

El entorno corrupto y el mal generalizado no es motivo para caer en la permisividad imperante. El pecado no se enseñoreará de vosotros si vivís bajo la gracia de Dios. Los miembros de nuestro cuerpo no obedecen a la injusticia si andamos en novedad de vida, bajo el régimen del Espíritu. Noé andaba con Dios bajo el gobierno del Espíritu. El apóstol dice: Andar en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne. Es posible.

Daniel vivió en medio de una Babilonia presuntuosa, rica y llena de posibilidades para enriquecerse de forma rápida, pero propuso en su corazón no contaminarse. A ellos la gracia destinada ya les había alcanzado, esa gracia que los profetas anunciaron (1 Pedro 1:10-11), y que ahora se ha manifestado para salvación a todos los hombres. La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo, pero su manifestación ya estuvo presente en los días de Noé.

         Podemos andar con Dios en medio de nuestra generación, afirmados en su gracia que nos sustenta y es más fuerte que el pecado predominante.

10 – DESPUÉS DE LA CAÍDA – Donde abunda el pecado sobreabunda gracia

Después de la caídaDonde abunda el pecado sobreabunda la gracia

Mas Noé halló gracia ante los ojos del Señor  (Génesis 6:8 LBLA)

La generación de Noé estaba entregada al pecado, a los placeres de la carne y la disolución de una vida desenfrenada. Predominaban las multitudes inclinadas al mal. Su pecado era de tal magnitud que llegó al cielo, y a Dios le pesó haber creado al hombre. Dios quedó entristecido ante la dimensión de la maldad. Por tanto, Él no siempre está contento. El carácter santo de Dios no le permite alegrías cuando su creación más elevada está entregada al vicio.

El carácter justo de Dios no tolera la injusticia, el abuso y la iniquidad de unos contra otros. No nos engañemos. Dios no siempre calla de amor. No siempre se regocija sobre ti con cánticos. Dios no puede ser burlado, todo lo que el hombre siembra eso siega. Dios manda a todos los hombres que se arrepientan de su pecado para que puedan entrar en el «arca», en la expiación que ha preparado en la cruz del calvario. Hay condiciones, mandamientos, y provisión.

La gracia de Dios supera el poder del pecado. La misericordia triunfa sobre el juicio, aunque no tendrá por inocente al culpable. Una sociedad entregada al vicio no pasa desapercibida delante de un Dios justo y santo. Hay gracia. Noé halló gracia ¿por qué? porque era un hombre justo, perfecto entre sus contemporáneos; Noé andaba con Dios (Gn.6:9).

La gracia vive en medio de gran pecado. Es posible vivir en una sociedad embriagada de vicio y maldad y andar con Dios. La gracia de Dios en el hombre es más fuerte que el pecado de una sociedad entera. Sublime gracia. Inmensa gracia. Donde abunda el pecado sobreabunda la gracia. La provisión de Dios para su pueblo que vive rodeado de violencia, enriquecimiento ilegítimo, placeres y bienestar carnal, no es llenarlo de más placeres mundanos, sino colmarlo de su gracia. ¡Bástate mi gracia! Noé halló gracia ante los ojos del Señor.

La gracia que halló Noé fue el resultado de la vista de Dios. El Señor veía su vida entrelazada en una generación torcida y perversa, y en medio de esa situación Noé resplandecía como un luminar en el mundo que le rodeaba. He aquí, los ojos del Señor están sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia (Sal. 33:18 LBLA). La gracia es anterior a la ley y se alimenta de las obras de la fe. Por la fe Noé, siendo advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó un arca para la salvación de su casa, por lo cual condenó al mundo, y llegó a ser heredero de la justicia que es según la fe (Hebreos 11:7).

         La gracia de Dios se ha manifestado para salvación; nos enseña que renunciemos a la impiedad y los deseos mundanos viviendo en la piedad.

9 – DESPUÉS DE LA CAÍDA – El pecado del hombre atrae el juicio de Dios

Después de la caídaEl pecado del hombre atrae el juicio de Dios

Y el Señor dijo: Borraré de la faz de la tierra al hombre que he creado, desde el hombre hasta el ganado, los reptiles y las aves del cielo, porque me pesa haberlos hecho  (Génesis 6:7 LBLA)

Estamos en la sociedad del tiempo de Noé. Por un lado vemos el aumento de la maldad en el hombre; por otro, que el intento de su corazón está inclinado solamente al mal. La manifestación del pecado le lleva a vivir de una forma que desagrada a Dios, incluso hasta el aborrecimiento. Dios es santo y el pecado está tan lejos de su naturaleza que le turba y entristece. Los acontecimientos en la tierra no son ajenos a Dios. El cielo percibe el comportamiento de los hombres. La tierra y sus habitantes no caminan  solos en medio de un Universo solitario.

El pecado del hombre no solo perturba al mismo hombre, sino que afecta a la propia creación y alcanza el lugar de la morada de Dios. Cuando el Señor vio que el intento del corazón del hombre era solo hacer el mal, le pesó en su corazón. Precisamente el ser humano que había creado a su imagen y semejanza se había corrompido de tal forma que ahora está pensando en corregirlo mediante un juicio sin precedentes.

La maldad tiene un recorrido propio hasta que Dios dice basta. Dios juzga al hombre por su pecado. Le hace responsable. La voluntad humana se ha posicionado contra la voluntad de Dios y su carácter, por tanto, el creador emite su juicio para frenar el aumento de la iniquidad. Jesús dijo que los días anteriores a su venida serían como en los días de Noé. Tal como ocurrió en los días de Noé, así será también en los días del hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos (Lc.17:26,27).

Una sociedad centrada en su propio bienestar material y terrenal vive descuidada, ajena al peligro que conlleva su propia disolución. La riqueza y el hedonismo adormecen al hombre en una muerte súbita, un sueño profundo producido por el frio glacial que le rodea, frío de ausencia de Dios, frío de una vida recta y alejada de la verdad.

El materialismo y consumismo nos han introducido en un clima espiritual de permisividad que ha cegado los ojos del entendimiento para que no veamos el peligro que nos acecha. El juicio de Dios está a la puerta, a un paso de que el «arca» se cierre y el hombre quede sin protección. Hoy nos protege la gracia. Hay ocasión para el arrepentimiento. Es día de salvación. Pero el tiempo es corto. No te demores.

         El pecado del hombre atrae el justo juicio de Dios, no lo ignoremos.

8 – DESPUÉS DE LA CAÍDA – El pecado trae peso y tristeza a Dios

Después de la caídaEl pecado del hombre trae peso y tristeza a Dios

Y el Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era sólo hacer siempre el mal. Y le pesó al Señor haber hecho al hombre en la tierra, y sintió tristeza en su corazón  (Génesis 6:5,6 LBLA)

El pecado se desarrolla rápidamente. Cuando los hombres pierden el temor de Dios se adentran con rapidez en una espiral de perversidad que no tiene límites. Puede ser manifestado en una sola persona, también en una familia, en una sociedad, nación o imperio. Hoy vivimos en un mundo globalizado y el pecado corre veloz y sin control por diversas vías.

Dios vio la maldad de los hombres, no escapó a sus ojos. Además puede ver la intención de los pensamientos del corazón. No solo cuando las obras se han ejecutado, sino cuando se están engendrando en el interior de la persona, cuando aún están ocultas a los demás hombres Dios ya las ha visto. Jesús es el que escudriña la mente y el corazón (Apc.2:23). La palabra de Dios tiene el potencial de discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. El salmista nos dice: Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos comprendes mis pensamientos… Aún antes de que haya palabra en mi boca, he aquí, oh Señor, tú ya la sabes toda… Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; es muy elevado, no lo puedo alcanzar (Salmos 139:1-6). El Señor mira desde los cielos; El ve a todos los hijos de los hombres. Desde el lugar de su morada El observa a todos los habitantes de la tierra; El, que modela el corazón de cada uno de ellos; El, que todas las obras de ellos entiende (Salmos 33:13-15).

Sin embargo, los hombres seguimos auto-engañándonos pretendiendo escondernos de Dios. Poner en duda el conocimiento que Dios tiene de nosotros acelera una vida de pecado y desenfreno. Por su parte aquellos que viven bajo el temor de Dios, sabiendo que tendrán que dar cuenta de sus hechos, respetarán a su prójimo, y su nación alejará el justo juicio de Dios.

Este texto parece asombrar al mismo Señor. Es sorprendente el aumento de la maldad, la rapidez de su acción y las consecuencias que se derivan de ello. Por ello le pesó en su corazón haber hecho al hombre y sintió tristeza en su corazón. Una sociedad donde la maldad se multiplica y las leyes son contrarias a la voluntad de Dios, produce ausencia de amor verdadero, de respeto a los demás, de honradez para gestionar los bienes públicos, desprecio por la propiedad privada, en definitiva, decadencia y por tanto, dolor, no solo a Dios, sino al mismo hombre.

         La maldad acumulada del hombre le derrota en su peor versión y trae peso y tristeza al corazón de Dios.

7 – DESPUÉS DE LA CAÍDA – El pecado limita la vida del hombre

Después de la caídaEl pecado limita la vida del hombre

Y aconteció que cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron para sí mujeres de entre todas las que les gustaban. Entonces el Señor dijo: No contenderá mi Espíritu para siempre con el hombre, porque ciertamente él es carne. Serán, pues, sus días ciento veinte años  (Génesis 6:1-3 LBLA)

Este es uno de los pasajes de la Biblia que gusta a cierto tipo de creyentes, incluso a los incrédulos, para elucubrar con especulaciones acerca de quiénes son los hijos de Dios, si hombres o ángeles. Yo me inclino a pensar que todo el contexto de este pasaje está dirigido a los hombres, hay un juicio a los hombres, por tanto, no veo que los gigantes de la antigüedad tengan que ser el resultado de la unión entre mujeres y ángeles.

Dios dijo: No contenderá mi Espíritu para siempre con el hombre, y limitó su vida a ciento veinte años. De los casi mil años que habían vivido hasta ahora la limitación fue espectacular. Podemos concluir entonces que el pecado limita y acorta la vida del hombre. Pero no solo de los hombres, también de las sociedades, los pueblos, naciones e imperios.

Hay un tiempo cuando el pecado sube delante de Dios de tal forma que le hace intervenir en la tierra. Atrae sus juicios. Esta verdad aparece por toda la Biblia y seguimos ignorándola. Cuando Dios le prometió la tierra de Canaán a Abraham le dijo que tardaría en heredarla, porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí (Gn15:16) (Dt.9:5), por tanto, el juicio fue retenido.

La historia nos muestra que todos los imperios han sucumbido cuando entran en decadencia. Una vez que el pecado se multiplica en la sociedad acaba en el juicio de Dios (Apc.18:4,5). Es la historia de todos los imperios. Ocurrió con el mismísimo templo de Jerusalén.

En el texto que nos ocupa estamos en el periodo anterior a los días de Noé. La poligamia se había generalizado. Los hombres vivían seducidos por la hermosura de las mujeres llevándolo al extremo de caer en una vida sexual desenfrenada. El sexo vino a ser la práctica dominante. Se cometieron todo tipo de aberraciones (Ro.1:18-32). Este desenfreno atrajo el juicio de Dios y limitó la vida del ser humano a ciento veinte años.

La paciencia de Dios tiene límites. Quiere que los hombres vengan al arrepentimiento, pero si traspasamos los límites de su misericordia y gracia entramos irremediablemente en su juicio; somos desechados y podemos entrar en el tiempo cuando no hay lugar para el arrepentimiento. Hoy vivimos de lleno en este peligro.

         La atracción del pecado puede ser tan fuerte que ignoremos el juicio de Dios, y esta ignorancia sea la peor temeridad que podamos cometer.

EL MILAGRO (10) – El orden de Dios en las prioridades

El milagro de una vida equilibrada - 2El milagro de una vida equilibrada

Capítulo 10 – Lucas 10:38-42

El orden de Dios en las prioridades fundamentales de la vida

Nuestro mundo occidental nos arrastra en un desenfreno materialista. Somos arrollados por la maquinaria del consumo. Vivimos perseguidos por “perros rabiosos” que nos acosan y no nos dejan pasar por los caminos principales de la vida. Algunos de de ellos son la ansiedad, la precipitación (siempre corriendo a todas partes sin ir a ningún lado), la turbación, el estrés, el materialismo… Estos azotes de la sociedad moderna producen en nosotros desórdenes emocionales y psíquicos que conducen a enfermedades del alma como son las crisis de ansiedad, depresión, agotamiento, falta de dominio propio, irritación continuada, etc. Por su parte, los caminos principales de la vida, de los que quedamos desposeídos por los azotes mencionados, son: la quietud del alma y espíritu, la meditación, el silencio, la oración, oír la voz de Dios… Hay tantas voces a nuestro alrededor que cada vez se hace más difícil distinguir la que viene de lo Alto, la vida del Espíritu, y que nos conduce al orden fundamental para vivir en equilibrio. Enfrentamos desequilibrios elementales entre lo material y lo espiritual; el cuerpo y el espíritu (lo humano/terrenal y lo divino/celestial). No somos ni sólo cuerpo (seres físicos), ni sólo espíritu (seres espirituales); somos hombres tripartitos, y debe haber un equilibrio correcto entre espíritu, alma y cuerpo (1 Tes. 5:23).

Para solucionar estos desequilibrios perturbadores necesitamos entender nuestra necesidad de Dios. El orden para nuestras vidas nos viene dado de arriba, del cielo, donde existe el orden perfecto. “Alzaré mis ojos a los montes, ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de YHWH, que hizo los cielos y la tierra” (Sal. 121:1). “Por YHWH son ordenados los pasos del hombre, y Él aprueba su camino” (Sal.37:23). La solución viene de Dios. Los desórdenes son producidos por haber abandonado a  Dios y querer seguir nuestro propio camino. Jesús nos enseño a orar. “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mt.6:10). La respuesta de Dios para iniciar el camino que nos conducirá al orden y el equilibrio en todo nuestro ser, es: busca primero el reino… que es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo; y las demás cosas serán añadidas (Mt.6:33) (Ro.14:17). Pongamos la mirada en las cosas de arriba donde está la vida verdadera, donde tenemos nuestra existencia real. Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria” (Colosenses 3:1-4).

El testimonio de Jesús

En el texto que tenemos como base en este capítulo encontramos a Jesús en la casa de Marta y María. Estas dos hermanas nos dan un buen ejemplo de lo que querernos decir. Las dos son buenas; las dos aman a Jesús; las dos tienen el deseo sincero de agradar al Señor según el carácter predominante de cada una. Sin embargo, Marta tiene desordenadas las prioridades y María ha escogido el orden correcto. ¿Por qué sabemos esto? Por el testimonio que da Jesús en favor de la postura de María. De este suceso en la casa de Marta y María podemos sacar varias lecciones que debemos aprender en nuestra vida diaria.

Que el afán, la ansiedad y la turbación vienen por tener desorden en las prioridades. Que la ansiedad nos roba el gozo de servir al Señor con alegría. Que servir con turbación de alma anula la eficacia de nuestro servicio a Dios, a los hombres y a nosotros mismos. Que cuando Jesús habla sólo una cosa es necesaria: oírle. Que oír a Dios es escoger la buena parte. Si nos movemos después de haber oído bien la voz de Dios habremos ganado mucho tiempo. Que si oímos correctamente, sin turbación del alma, su palabra no nos será quitada. El diablo no podrá robarla porque la habremos entendido y asimilado correctamente. (Recordar el capítulo sobre “oír y hacer” y la explicación sobre la parábola del sembrador). En ocasiones, el Señor tiene que llamar nuestra atención de forma drástica paralizando en seco todo el desenfreno de actividades que estamos realizando para poder captar nuestro oído.

Cómo establecer prioridades

Para poder establecer prioridades divinas en nuestras vidas necesitamos  no conformarnos al esquema de este mundo… (Ro. 12:2). No amar al mundo, sus pasiones, sus prioridades (1Jn.2:15-17). Sin este inconformismo no tendremos convicción (fe) para que se produzca la transformación interior que necesitamos. La fe en Jesús y Su Palabra es lo que vence al mundo y sus desequilibrios. Y junto con ello, (ambas cosas van juntas), amar a Dios con todo nuestro corazón… establecer una comunión firme con Él; querer hacer Su voluntad, obedecerle, y amar al prójimo… entrar en el servicio a los demás desde bases correctas bien establecidas. Sólo así podemos recibir la gracia necesaria para disciplinarnos. Jesús dijo que donde esté nuestro tesoro, allí estará nuestro corazón (Mt .6:21 y 12:35); y el corazón es el hombre interior, el renacido, el que debe tomar el mando de nuestras vidas una vez que hemos nacido de nuevo. Es nuestro espíritu el que recibe las instrucciones y la dirección del Espíritu de Dios. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Ro.8:16). Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido (1Co.2:11,12).

Las prioridades a seguir

Somos seres tripartitos, por tanto, no puede haber una separación dogmática en las actividades que desarrollamos porque nuestro espíritu, alma y cuerpo forman una unidad compacta y armoniosa -al menos así debe ser-; pero sí existe un orden necesario para que cada parte de nuestro ser ocupe su función correctamente. Debe haber una inter-relación que complementa una vida equilibrada según la voluntad de Dios. El orden que he encontrado en las Escrituras es el que comparto a continuación.

DIOS: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es la comunión con la divinidad; no con Sus obras, sino con Él mismo. Comunión. Adoración. Contemplación.

“Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios. Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle” (Mr. 12:28-34).

Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios” (Mr. 3:13-15).

“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn.4:23,24).

“Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.”(1 Jn. 1:3).

“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén” (2Co. 13:14).

NOSOTROS MISMOS. Nuestro equilibrio y crecimiento integral (espíritu, alma y cuerpo). Esto no tiene nada que ver con el egoísmo, ni el narcisismo -tan de moda en nuestro tiempo- sino con ocuparnos antes de sacar la viga de nuestros ojos que la paja del prójimo.

“Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1Tim.4:13-16).

“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lc.21:34-36).

“Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú” (Jn.21:20-22).

“Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven. Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.  Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano (Ro.14:7-13).

LA FAMILIA. Aquí tenemos los más próximos a nosotros. Después de amar a Dios y a nosotros mismos, debemos amar al más próximo que tenemos: padres, esposos, hijos. La familia (su bienestar, equilibrio y necesidades) es una prioridad fundamental en la sociedad de hoy. Esta institución está atacada con saña desde todos los frentes imaginables para romper el orden y la armonía de una sociedad saludable. Cornelio reunió a toda su familia para oír del apóstol Pedro las palabras por las cuales serían salvos él y su casa. Al otro día entraron en Cesárea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos… Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro; él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa” (Hch.10:24 y 11:14). El carcelero de Filipos fue salvo con toda su casa. El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”  (Hch.16:30-31). La voluntad de Dios para salvación se dirige primero al individuo, y luego alcanzar a toda la familia y bendecirla. Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad” (Hechos 3:25-26).

LA TAREA. OCUPACIÓN. LABOR. TRABAJO. Dependiendo de la etapa que vivimos tenemos responsabilidades diferentes: trabajo, estudios, etc. Esta área de nuestras prioridades aleja cualquier desequilibrio de una vida súper-espiritual. Pablo enseñó que había que trabajar si queremos comer (2Tes.3:6-15). Según el autor del Libro de Eclesiastés es un don de Dios gozarse en la labor que Dios nos ha dado para realizar. Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;  y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor… Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?… He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte” (Ecl.3:12, 13,22; 5:18). Jesús dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Jn.5:17). Pablo lo enseñó en las iglesias y él mismo fue un ejemplo de estar ocupado para suplir sus necesidades. “Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados. Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: más bienaventurado es dar que recibir” (Hch. 20:32-35).  A los tesalonicenses les dijo: “…y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada” (1Ts.4:11-12).     

LA IGLESIA. Aquí no pensamos en las personas que se dedican a un servicio pastoral a tiempo completo, según la vocación recibida, sino en el creyente común. Esta prioridad incluye la necesidad de congregarse. Incluye el privilegio de la adoración y el culto a Dios como parte del Cuerpo de Cristo.

Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. (Hebreos 10:24-25). “Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio” (Hebreos 3:13-14).

¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación” (1Co.14:26).

“Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hch.2:44-47).

“Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá.6: 10).

LA SOCIEDAD. Familiares, amigos, compañeros de trabajo, nuestra ciudad, nuestro país y las demás naciones. Aquí tenemos el campo de servicio hacia donde se proyectan las obras del hijo de Dios y la iglesia de Jesús. Es el servicio a nuestra sociedad que realiza el pueblo de Dios en la tierra. Es nuestro radio de acción donde realizamos nuestra misión de luz y sal en el mundo. Dentro de este servicio, la prioridad fundamental la tenemos en proclamar el evangelio de Jesucristo y luego la ayuda social necesaria.

Resumiendo diremos que estamos hablando de un orden de prioridades que deben establecerse en nuestras vidas, y que al tratarse de vida, muchas de ellas convergen de forma natural. No hablamos de un legalismo dogmático numeral, (seguir los puntos meticulosamente, de forma matemática, sin el Espíritu de vida); si no de verdades que operan en el Reino de Dios y que debemos hacerlas valer en nuestra vida diaria con todas sus dificultades. Nuestro caminar en la vida de Dios también tiene etapas diversas que debemos reconocer para saber lo que podemos exigir a cada una de ellas. Establecer las prioridades de Dios en nuestro vivir cotidiano es un arte dado por Dios a los que le aman (1Co.2:9-10). Tenemos muchos enemigos para poder triunfar en este terreno: afán, ansiedad, turbación, activismo… pero podemos recibir la convicción (fe) necesaria para que la gracia de Dios nos lleve a la auto-disciplina por medio de: no conformarnos al esquema de este mundo, no amar al mundo y lo que hay en él; sino amar a Dios, decidir hacer Su voluntad y amar al prójimo como a nosotros mismos. Recuerda que Jesús, nuestro modelo de equilibrio, dijo: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo, 6:21).

6 – DESPUÉS DE LA CAÍDA – Los hijos a imagen de los padres

Después de la caídaLos hijos a imagen y semejanza de los padres

Cuando Adán había vivido ciento treinta años, engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y le puso por nombre Set. Y los días de Adán después de haber engendrado a Set fueron ochocientos años, y engendró hijos e hijas. El total de los días que Adán vivió fue de novecientos treinta años y murió (Génesis 5:3-5 LBLA)

Caín había matado a su hermano Abel. El dolor invadió el corazón de sus padres. La primera familia experimentó en su seno el drama de la muerte de un hijo antes de tiempo. Entonces Adán conoció otra vez a su mujer y ella dio a luz un nuevo hijo; le puso por nombre Set, porque dijo ella: Dios me ha dado otro hijo en lugar de Abel.

A Set le nació también un hijo llamado Enós, y en el tiempo de Enós encontramos a los hombres invocando el nombre de Dios por primera vez (Gn. 4:25,26). Dios restituyó a Eva un hijo en lugar de Abel. Lo que la naturaleza de pecado en Caín había destruido, Dios lo restauró con nueva vida. Tenemos aquí dos naturalezas diferenciadas: muerte y vida. El pecado mata; el diablo ha venido a matar; Jesús ha venido para dar vida, nueva vida, la vida de Dios.

El nuevo hijo, Set, fue engendrado a semejanza e imagen de su padre. Dios creó a Adán a su imagen y semejanza, sin embargo, una vez introducido el pecado en el mundo, las nuevas generaciones fueron engendradas con la naturaleza caída del hombre. Adán… engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen.

La edad de los hombres pre-diluvianos alcanzaba casi un milenio. Adán vivió 930 años. Set 912 años. Enós 905 años. Cainán 910 años. Mahalaleel 895 años. Jared 962 años. Enoc 365 años, de ellos, trescientos los vivió con Dios. Enoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó (Gn.5:22-24). En Enoc tenemos el primer hombre que no pasó por el trance de la muerte. Fue transportado a la presencia de Dios sin pasar por el valle de muerte. Matusalén vivió 969 años. Lamec 777, padre de Noé. No se nos dice los años que vivió Caín, y su genealogía es contada por otro lado.

Todos ellos engendraron hijos e hijas. Vivieron casi mil años cada uno, lo cual da para engendrar muchos hijos e hijas. Después de Noé los años fueron acortados a 120 (Gn.6:3), y más tarde Moisés dice que los años del hombre son 70 y en los más robustos 80 (Sal. 90:10). Por tanto, el pecado acorta la vida del hombre.

Y Adán murió. El que había sido creado a imagen y semejanza de Dios, con una vida llena de su gloria, encontró la muerte a causa del pecado que había engendrado en su seno. La naturaleza caída condujo a la muerte.

         El pecado se hereda de padres a hijos y conduce a la muerte. Jesús, el Hijo del Hombre, el postrer Adán, nos devuelve la vida eterna de Dios.

5 – DESPUÉS DE LA CAÍDA – El pecado se reproduce en los hijos

Después de la caídaEl pecado se reproduce en los hijos

 Y Lamec dijo a sus mujeres: Ada y Zila, oíd mi voz; mujeres de Lamec, prestad oído a mis palabras, pues he dado muerte a un hombre por haberme herido, y a un muchacho por haberme pegado  (Génesis 4:23 LBLA)

El pecado tiene la capacidad de perpetuarse. Los padres transmiten su herencia pecaminosa sobre los hijos. El apóstol Pablo nos dice que el pecado entró en el mundo por un hombre y el pecado pasó a todos los hombres, por cuánto todos pecaron. Hemos heredado la naturaleza de pecado.

Ahora bien, el pecado tiene muchas ramificaciones y diversas manifestaciones. No en todos los hombres se manifiesta de la misma manera aunque la matriz sea la misma. En unas familias o naciones el pecado toma forma predominante de avaricia, en otras de mentira, en otras ejerciendo dominio sobre los demás, y en otras mediante la violencia.

La simiente homicida de Caín había pasado a la quinta generación de sus descendientes. Esto es lo que vemos en el texto que nos ocupa. Caín tuvo un hijo que llamó Enoc, éste engendró a Irad, de quién nació Mehujael, luego fue engendrado Metusael y Metusael engendró a Lamec (Gn.4:17-19). Este Lamec —porque hay en la genealogía de Adán y su descendencia a través de Set otro Lamec que fue el padre de Noé— tomó para sí dos mujeres (Gn.4:19), delante de quienes fanfarroneó diciendo que había matado a dos hombres. Uno porque le había herido y al otro por haberle pegado. Era un hombre vengativo, lleno de violencia y que reprodujo el pecado de su padre Caín.

Está escrito que hay una vana manera de vivir que hemos heredado de nuestros padres (1 Pedro 1:18). También se escribió que Dios visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación (Éxodo 20:5).

Algunas manifestaciones concretas de pecado pueden ser traspasadas a los hijos. Lo vemos hoy trágicamente en padres violentos que reproducen el daño en sus propios hogares. Padres adúlteros que perpetúan el adulterio y los divorcios en algunos de sus hijos. Padres alcohólicos y drogadictos que transmiten ese pecado a los suyos. Pero también está escrito que un día, los días del Nuevo Pacto, cada uno pagará por su propio pecado. No se dirá más: Los padres comieron las uvas agrias y los  dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad (Jer.31:29-30). La sangre de Jesús, la sangre del Nuevo Pacto, tiene poder para redimirnos de la vana manera de vivir heredada de nuestros padres.

         El pecado en alguna de sus manifestaciones puede repetirse en los hijos, pero el que está en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron.