6 – ANTES DE LA CAÍDA

Antes de la caída (3)Yo os he dado (Primera parte)

Y dijo Dios: He aquí, yo os he dado toda planta que da semilla que hay en la superficie de toda la tierra, y todo árbol que tiene fruto que da semilla; esto os servirá de alimento  (Génesis 1:29).

Dios creó al hombre, delegó en él su autoridad para ejercer como mayordomo de la creación, y le proveyó de los medios necesarios para su supervivencia. Todo lo hizo hermoso, conforme a su propia naturaleza abundante. Uno de los nombres de Dios en la Biblia, que revela su naturaleza y carácter, es El Shaddai, que significa «el Dios de la abundancia», literalmente «el Dios del pecho materno». Dios da vida tal y como el pecho de la madre da vida y nutrición al bebé, de donde entendemos que en Dios hay un carácter masculino y femenino.

En el texto que nos ocupa quiero resaltar: «He aquí, yo os he dado». Dios ha dado al hombre alimento. Es proveedor y sustentador. Toda la creación demuestra esta verdad. Dios ha creado todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. La semilla que rebrota en sus ciclos adecuados está diseminada por toda la creación para reproducirse adecuadamente supliendo toda necesidad de alimento del ser humano.

En el principio no hubo carencia, Dios dio al hombre provisión abundante para todas sus necesidades, «pero ellos buscaron muchas perversiones» (Ecl.7:29). El problema de la alimentación mundial no está en Dios sino en el carácter codicioso del hombre caído.

Dios puso al ser humano en medio de la abundancia. Hashem crea, da la tarea al ser humano y provee los medios para que su propósito se cumpla. Dios no ha cambiado. Es inmutable. Ya había ocupación antes de la caída. «El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara» (Gn.2:15). El Señor le dio al hombre una ocupación. Algunos creen que el trabajo es resultado de la maldición del pecado, pero no es así. Antes de la caída el hombre recibió el encargo de cuidar la creación, cultivarla, poner nombre a todos los animales, en definitiva, el hombre actuando como mayordomo de Dios.

La ocupación es intrínseca al ser humano. Está en nuestro ADN. Forma parte esencial de la realización personal y colectiva. Dios puso las leyes del mundo natural en marcha y dio al hombre la capacidad de cuidarlo y cultivarlo para que nunca le faltara alimento, «pero ellos se buscaron muchas artimañas» (Ecl.7:29 LBLA). Aunque eso vendría después con la caída, ahora estamos en el origen de las condiciones primigenias.

         Dios es el Dador y Hacedor de todas las cosas. Las ha hecho y dado al hombre para suplir todas sus necesidades desde el principio.

5 – ANTES DE LA CAÍDA

Antes de la caída (3)Y ejerza dominio

Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre…  (Génesis 1:26,27).

         La Biblia revela la naturaleza de Dios, su carácter, atributos, obras y voluntad. Además es el mejor libro para conocer al hombre en toda su amplitud, especialmente en su naturaleza, esencia vital, el propósito de su existencia. El pueblo que honra la revelación de Dios es sabio y prosperará, pero la nación que desprecia su Palabra y coloca en su lugar pensamientos humanos, filosofías y doctrinas contrarias a Dios, vendrá a ruina. Si partimos de las Escrituras seremos sabios, si las ignoramos terminaremos en necedad que conduce a los pueblos a su propia destrucción. Si levantamos pensamientos altivos contra el conocimiento de Dios nos colocamos en el lugar de aceptar cualquier mentira que nos lleve al error.

Moisés le dijo al pueblo de Israel que para ser un pueblo sabio e inteligente debían vivir bajo los mandamientos de Hashem(1). «Así que guardadlos y ponedlos por obra, porque esta será vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos que al escuchar todos estos estatutos, dirán: ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente» (Deuteronomio 4:6).

El texto de Génesis que estamos estudiando muestra que el Dios Creador ha hecho al hombre a su semejanza para que actúe como «virrey» de la creación, mayordomo de los bienes recibidos, y lo haga desde la naturaleza recibida conforme a su Hacedor. Dios delegó en el hombre. No le asusta compartir. Puso todo lo creado bajo sus pies. Trajo los animales para que les pusiera nombre, «y como el hombre llamó a cada ser viviente, ése fue su nombre» (Gn. 2:19).

Ahora bien, la caída lo deformó todo y el término «ejercer dominio» sobre la creación vino a significar agotar los recursos naturales. «Ha sido una tragedia de dimensiones incalculables que el término “sojuzgar” o “ejercer dominio” haya sido tomado por el hombre como una especie de licencia para justificar cualquier tipo de explotación de los recursos naturales, cuando en realidad el sentido del vocablo hebreo es “regentar, cuidar de, administrar”, como un buen jardinero cuida de sus plantas, un pastor de sus rebaños, y un rey justo, de sus súbditos. Quería decir reaprovisionarla, cuidar de ella para que funcione como Dios quiso; no implica destruir sus bosques y contaminar sus ríos» (Nota del libro Ecología y cambio climático, una reflexión cristiana de Miguel J. y Pablo Wickham. Editorial Andamio).

El hombre fue creado por Dios para administrar la tierra y sus recursos bajo las condiciones de su voluntad y normativa.

(1) – HaShem es un término hebreo que significa literalmente ‘El Nombre‘. Se utiliza para evitar referir el nombre de Dios. Otras maneras de evitar nombrarlo es con el tetragrama YHVH (formado por las letras hebreas yod hei vav hei), y con la palabra Adonai (‘Señor’).

EL MILAGRO (1) – Etapas determinantes

El milagro de una vida equilibrada - 2

El milagro de una vida equilibrada

Capítulo 1 (Lucas 1 y 2)

Etapas determinantes

La niñez, adolescencia y juventud son etapas de la vida que determinan gran parte de la totalidad del proyecto humano. En estas tres etapas tenemos el proceso que incluye: bases, transición y orientación. En la niñez se colocan LAS BASES fundamentales de la personalidad. La adolescencia llega como una TRANSICIÓN de la niñez al despertamiento de las pasiones y deseos. Es un periodo de descubrimientos de uno mismo. Y la etapa juvenil prepara la ORIENTACIÓN del rumbo y el propósito en la vida. Las tres fases están marcadas por todo tipo de convulsiones internas y externas que afectan al desarrollo equilibrado. Podemos decir que todas ellas componen el primer tercio de la vida del ser humano. Los otros dos serán la edad madura y la vejez (o tercera edad).

En este tiempo somos muy afectados por las influencias externas: familia, colegio, amigos, iglesia, televisión, etc. También es una época de grandes desequilibrios y altibajos que irán formando una personalidad estable y equilibrada, en el mejor de los casos; o por el contrario, dejarán secuelas y deformaciones que afectarán el resto de la vida. Por lo tanto, este primer tercio de la existencia se convierte en clave para cada uno de nosotros. Para Jesucristo Hombre significó lo mismo. Él atravesó estas tres etapas con sobresaliente y es poderoso, hoy, para ayudarnos a pasarlas con buena nota. Por su parte el crecimiento de la vida espiritual recorre un proceso similar.

La niñez de Jesús

Fue engendrado de forma milagrosa por la intervención del Espíritu Santo (Lc.1:34-35), y concebido en el vientre de María en un proceso natural de nueve meses de gestación (Lc.2:6). El Nacimiento estuvo rodeado de sucesos sobrenaturales y maquinaciones del diablo para matarle (Lc.2:10-11) (Mt.2:9-11,16) (Lc.2:25-38). Desde niño oyó que se decían de él grandes cosas. Dios le guardó y protegió de los posibles desequilibrios propios de un niño “especial’ enviando a la familia a Egipto, donde nadie les conocía, y dándole nuevos hermanos que comparten el “protagonismo familiar”. Cuando regresan a Nazaret ha pasado la euforia de su nacimiento y crece como un niño más en su pueblo (Mt.2:13-23) (Mt.13:53-58). El Mesías se forma en el seno de una familia judía piadosa, temerosa de Dios y obediente a la Torah (Lc.2:21-24 y 39-42).

La adolescencia de Jesús

Jesús crece como un niño precoz y adelantado. No cabe duda que se ven en él actitudes que le diferencian de la mayoría (Lc.2:41-50). Se desarrolló, como adolescente, al lado de las Escrituras. Amaba la palabra de Dios y los “negocios de su Padre” (Lc.2:49) (2 Tim.3: 15). Aprendió a discernir el bien del mal por su contacto con la Ley y los Profetas (Is.7:14-16) (Sal. 119:97-104) (Neh.4:12). Se mantuvo limpio y puro en esta etapa de su vida, resistiendo toda tentación, por guardar su palabra (Sal. 119:9-11). Resistió los impulsos de independencia y rebeldía, propios de la edad, sometiéndose a sus padres (Lc.2:51).

La juventud de Jesús

No tenemos muchos datos de la vida de Jesús desde la edad de los doce años hasta los treinta; sin embargo, podemos percibir ciertos aspectos generales, sin entrar en la especulación apócrifa. Trabajó como carpintero. “¿No es éste el carpintero?… “(Mr.6:3) (Mt. 13:55). Aprendió un oficio y conjugó los aspectos naturales y prácticos de la vida, con su desarrollo espiritual. Ambos iban juntos. Poco a poco fue despertando y descubriendo el propósito de Dios para su vida. Fue recibiendo informe tras informe por medio de la revelación profética que le orientaban hacia el propósito divino. No se precipitó. Esperó “el tiempo señalado por el Padre (Gá.4:1-4). Resistió las tentaciones de la impaciencia y la independencia, propias de un joven comprometido, determinado y enérgico. No se adelantó a ninguna etapa de su vida. Las vivió sujeto y anclado a la palabra del Padre. Las necesidades de su pueblo eran alarmantes: la confusión reinaba; los líderes religiosos no solucionaban las necesidades de las personas; sin embargo, Jesús guardó el equilibrio y dominio necesarios para llegar al tiempo de Dios “para su manifestación y ministerio publico” (Lc.3:23) (Jn.7:6-8).

Conclusiones

En primer lugar Jesús se hizo hombre y atravesó cada una de las etapas de su vida en un equilibrio perfecto. Su vida fue una sinfonía armónica entre su naturaleza humana (aunque era Dios), su dependencia del Padre, sus enseñanzas y sus obras. Por ello, es Autor de nuestra fe y Guía de nuestro desarrollo en equilibrio (Heb. 12:2; 2:18; 4:14-16).

En segundo lugar Jesús combinó perfectamente lo humano y lo divino. El crecimiento espiritual y el físico; así como el crecimiento en gracia para con Dios y los hombres (Lc.2:52). Cada ser humano es espíritu, alma y cuerpo. El gran milagro de la realización consiste en vivir un crecimiento integral y equilibrado en cada área de la personalidad (1 Ts.5:23-24). Jesús es nuestro modelo de realización completa como seres humanos y como participantes de la naturaleza divina, al recibir, en el nuevo nacimiento, la naturaleza de Dios  (2P. 1:3-4).

Y como tercera conclusión podemos decir que Jesús supo llegar al punto clave de su vida con “normalidad”.  Se colocó bajo el reloj de Dios sin atrasos ni adelantos sobre el tiempo establecido. Llegó a tiempo. Las tres primeras etapas de su paso por la tierra le llevaron al lugar culminante para él y para la historia de la Humanidad: su ministerio público de tres años y la obra de redención. Nosotros también podemos llegar a tiempo. Enfrentaremos momentos vitales en nuestro peregrinaje, llegaremos a instantes críticos que marcarán nuestro futuro y el de otros. ¡Vayamos con Jesús para llegar en las mejores condiciones al plan de Dios con nosotros!

Tenemos una gran nube de testigos alrededor nuestro que lo consiguieron. Algunos son tipos de Jesús y ejemplos para nuestra esperanza (Ro. 15:4). En las Escrituras podemos ver la juventud de José, la juventud de David y la juventud de Daniel. Se nos dice que “Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud (Lam. 3:27). “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos y lleguen los años de los cuáles digas: No tengo en ellos contentamiento (Eclesiastés, 12:1).

4 – ANTES DE LA CAÍDA

Antes de la caída (3)A nuestra imagen y semejanza

Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…  Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (Génesis 1:26,27).

         La voluntad soberana de Dios ha querido crear al hombre. ¡Qué fácil de entender cuando no estamos atrapados en vanos razonamientos! ¿Surgen preguntas por resolver? Sí. «Ahora vemos por un espejo, veladamente… ahora conozco en parte…» (1 Co.13:12). Si aceptamos que somos el resultado de la voluntad creativa de Dios podemos avanzar. Nosotros creemos en Dios, confiamos en su palabra, por tanto, podemos continuar.

El texto que tenemos arriba nos dice que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. ¡Increíble! «Alto es no lo puedo comprender» (Sal. 139:6). «¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, y el hijo del hombre para que lo cuides?» (Sal. 8:4). El hombre corona la creación de Dios. ¡Creados a su imagen y semejanza! Pero, ¿cuál es la imagen de Dios? ¿A qué se refiere el texto? No hay una respuesta definitiva a esta pregunta, aunque hay varias cosas que podemos decir sin caer en especulaciones.

El punto de vista reformado es que la imagen de Dios en el sentido más amplio de la palabra se halla: en el hecho de que el hombre es un ser espiritual, racional, moral e inmortal. Dios revistió al hombre con algunos aspectos de su propia personalidad: justicia, verdad, amor, voluntad, emociones, conocimiento. Le transmitió atributos elevados como la creatividad, poder expresarse de manera audible mediante la palabra hablada, comunicarse con sus semejantes, y sobre todo con el mismo Creador. Lo vistió de espiritualidad.

Dios es Espíritu, sopló en el hombre aliento de vida, y vino a ser un ser viviente. Además le dio libertad, libre albedrio, lo hizo libre, no un autómata, sino con capacidad de poder escoger y vivir sujeto a su voluntad, bajo las condiciones dadas por Dios, con límites establecidos dentro de unos parámetros amplios de acción individual.

Dios creó al hombre para tener comunión con él, relacionarse de manera cercana y compartir, no solo el resto de la creación material, sino su misma naturaleza y esencia. Puso eternidad en el corazón del hombre (Eclesiastés 3:11). Jesús confirmó el relato bíblico, escrito por Moisés, cuando dijo: «¿No habéis leído que aquel que los creó, desde el principio los hizo varón y hembra?» (Mateo 19:4).

         El hombre fue creado por Dios a su semejanza, su propia imagen, «para alabanza de la gloria de su gracia» (Efesios 1:6). «Porque de Él, por El y para El son todas las cosas» (Ro. 11:36). «Todo ha sido creado por medio Él y para El» (Colosenses 1:16).   

 

3 – ANTES DE LA CAÍDA

Antes de la caída (3)Hagamos al hombre

Y dijo Dios: Hagamos al hombre… Creó, pues, Dios al hombre…  varón y hembra los creó (Génesis 1:26,27).

         ¡El misterio del hombre! ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es su origen y propósito? Preguntas que parecen no tener respuestas concluyentes pero comienzan a tomar forma cuando venimos a las Escrituras. Está escrito que es lámpara a nuestros pies y lumbrera en nuestro camino. Que debemos estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro. La Biblia es como un espejo para mirarse. En ella vemos nuestra imagen reflejada.

En nuestro texto lo primero que apreciamos es que el hombre es el resultado de una voluntad mayor que la suya propia. Somos consecuencia de la voluntad expresa de Dios. Hemos venido a la existencia por un acto de su voluntad, una decisión creativa y determinante. Somos la emanación de un plan predeterminado por la Divinidad. Una Divinidad que se nos presenta aquí en plural: «Hagamos», aunque es Uno. El salmista escribió: «El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos» (Salmos 100:3). Por tanto, somos resultado de una voluntad creativa mayor que la nuestra, anterior a la nuestra y por ello superior.

Más tarde el Creador dará al hombre y la mujer capacidad de reproducirse, aunque aquí estamos viendo el origen de la creación del primer ser humano. Este primer hombre va a producir después un desdoblamiento con dos géneros: varón y hembra. «Creó Dios al hombre, varón y hembra los creó». Un solo ser, dos personalidades complementarias que provienen del uno creado y que volverán a ser uno creando una unidad orgánica familiar cuyo resultado será la formación de la familia, y así garantizar la continuidad del género humano a través del hombre y la mujer.

Observemos que el texto bíblico dice: «Creó Dios al hombre», y luego dice, «varón y hembra los creó». Por tanto, en el hombre está incluida la mujer. Esto lo vemos aún más claro en Génesis 5:1,2. «El día que Dios creó al hombre, a semejanza de Dios lo hizo. Varón y hembra los creó; y los bendijo, y los llamó Adán el día en que fueron creados». Es decir, en Adán está Eva. En el hombre está incluida la mujer. Esto concuerda con la exégesis del apóstol Pablo cuando escribe: «Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre, pues en verdad el hombre no fue creado a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre… Sin embargo, en el Señor, ni la mujer es independiente del hombre, ni el hombre independiente de la mujer. Porque así como la mujer procede del hombre, también el hombre nace de la mujer; y todas las cosas proceden de Dios» (1 Corintios 11:8-12).

         El hombre es creación de la voluntad de Dios y en él está incluida la mujer. Ambos son el sello de todo lo creado.

La idolatría nacionalista

Referendum y religiónVivo en Cataluña desde hace más de veinte años. Soy español porque nací en Salamanca, como todos mis antepasados y la familia de mi mujer también, aunque como hijo de Dios soy peregrino y extranjero en la tierra. El Señor permitió que le conociera estando en Cataluña haciendo el servicio militar. En todos los años de mi discipulado cristiano he visto a España como un todo, orando por la nación, para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio y restauración.

         Nunca me ha gustado que se maldiga ni a Cataluña ni a España, aunque soy consciente de que nuestras iniquidades, las de ambas identidades, hacen separación entre Dios y nosotros. Todos hemos pecado. No hay ninguno libre de pecado. Y uno de nuestros peores pecados es la división, el rencor. Quiero recordar ya ahora que en la relación de las obras de la carne que hace el apóstol Pablo en Gálatas están en la misma lista el adulterio, las enemistades, los pleitos, las contiendas y los homicidios. Todas ellas en la misma lista. Si no adulteramos pero vivimos en pleitos cometemos la misma obra carnal que conduce a la muerte y no agrada a Dios. Y dicho esto, quiero denunciar otro de los pecados de la misma lista, me refiero a la idolatría, uno de los peores pecados en la Biblia, por el que vienen los juicios de Dios a la tierra.

         Lo diré así: El nacionalismo es una idolatría, actúa como una secta que substituye a la religión en el alma humana. Se alimenta de muchos de los componentes de todo sistema religioso. Pensemos en las romerías, tan de moda en España, que están saturadas de emoción y fervor, sentimentalismo, esfuerzo, gasto, movimiento de masas en fiesta, empujadas por la corriente de este siglo, y que estarían dispuestas a revolverse con violencia contra quienes impidan su celebración. Pablo sufrió la «romería» de Listra y casi le costó la vida.

         El nacionalismo se embriaga de soberbia por lo suyo, su cultura, su tierra, su lengua, sus tradiciones, sus fechas históricas, su capacidad superior sobre los demás pueblos, altivez, exclusividad, hace un culto de todo ello. Procede de Babilonia. Miente ofreciendo un mundo ideal, maravilloso, mesiánico, como una suplantación del verdadero reino venidero. Divide a los creyentes. Actúa, como en muchas iglesias, con modelo de gobierno piramidal, hay que someterse al líder y la visión única, y si no lo haces comienzas a experimentar el rechazo, el ninguneo, la marginación silenciosa, casi educada, de falsa piedad, hasta que empujado y coaccionado por una atmósfera irrespirable te sometes al pensamiento exclusivo o debes salir aunque nadie te eche oficialmente.

         Estatua de NabucodonosorEste tipo de corriente, con todos los elementos propios de una religión, se ha instalado en Cataluña los últimos años. Dolorosamente vemos a muchos hermanos que habiendo recibido la vida de Dios, han sido atrapados nuevamente en la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne y de los pensamientos. Recuerda, las obras de la carne son adulterio… pero también enemistades, pleitos, contiendas y por supuesto idolatría.

         España ha cometido grandes iniquidades en su larga historia, también en la actualidad, y no escapa al juicio divino. Su ira nos ha alcanzado, y como no hemos aprobado tener en cuenta a Dios, Dios nos ha entregado a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen. Hoy muchos de nuestros gobernantes hacen realmente cosas que no convienen, la lista sería infinita, pero me quiero referir a la que está quebrando la convivencia, porque romper una nación es quebrar la paz y el bienestar que deben garantizar los gobernantes, por los que oramos precisamente para ello, para que podamos vivir quieta y reposadamente, para que en nuestro peregrinaje (porque somos peregrinos en busca de una ciudad celestial) procuremos la paz de la ciudad donde vivimos, porque en su paz tendremos nosotros paz.

        ESCUELA DE ORACIÓN Mi oración, desde que comenzó esta corriente mundana separatista en Cataluña, ha sido y es, la misma que hizo el rey David cuando tuvo que salir exiliado de Jerusalén por el golpe de estado de su hijo Absalón (quién ofrecía mas justicia y libertad al pueblo de Israel mediante altivez y adulación); el oró en voz alta así: «Confunde, Señor, el consejo de Ahitofel». Que Dios confunda este consejo separatista, aunque tenga su base en el juicio por los pecados de la nación española, (como también lo fue en la casa de David), y haga regresar al pueblo a la cordura y a nuestros gobernantes a la equidad.

         Mi oración es también la del profeta Habacuc: «En la ira acuérdate de la misericordia». Porque Dios está airado con nosotros, (no me cabe ninguna duda), pero por la grandeza de sus bondades no hemos sido consumidos, atreviéndome a levantar mi clamor con Nehemías y muchos otros identificados con los pecados del pueblo, para que vengan de su presencia tiempos de refrigerio y restauración, de reconciliación, de justicia, paz y bienestar. «Perdónanos, Señor, y sana la herida de mi pueblo». Amén.

2 – ANTES DE LA CAÍDA

Antes de la caída (3)

Dios hizo al hombre recto

He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones (Eclesiastés 7:29 RV60).

Mira, sólo esto he hallado: que Dios hizo rectos a los hombres, pero ellos se buscaron muchas artimañas (Eclesiastés 7:29 LBLA).

Al libro de Eclesiastés se le ha denominado el libro de filosofía bíblica. El predicador hace una serie de preguntas a lo largo de su discurso, −como toda filosofía−, y no encuentra respuesta satisfactoria a ninguna de ellas −como cualquier manual filosófico al uso− aunque al final de su discurso parece llegar a una conclusión lógica: «La conclusión, cuando todo se ha oído, es ésta: teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto concierne a toda persona. Porque Dios traerá toda obra a juicio, junto con todo lo oculto, sea bueno o sea malo».

El contexto del versículo con el que hemos comenzado esta serie está enmarcado en la búsqueda. Todo el libro de Eclesiastés es una búsqueda del sentido de la existencia humana. En los versículos anteriores al citado las preguntas formuladas tienen que ver con buscar una mujer decente y no encontrarla −muy políticamente incorrecto en los tiempos que corren−. «He hallado a un hombre entre mil, pero mujer entre todas éstas no he hallado». Sin embargo, sí halló que Dios hizo al hombre recto pero él mismo se buscó muchas perversiones y artimañas.

Es decir, el hombre fue creado con un carácter moral a la semejanza de Dios. Dios es justo. El hombre fue creado recto, justo. De la misma forma podríamos concluir que muchos de los aspectos del carácter de Dios fueron dados al hombre en su creación: amor, justicia, verdad, fidelidad. Sin embargo, el hombre, los hombres, se buscaron muchas perversiones. Aquí tenemos el inicio del mal en la creación de Dios. El pecado entró en el mundo por un hombre, diría más tarde el apóstol Pablo (Rom. 5:12).

No voy a especular sobre el origen del mal, doy por hecho que tuvo su inicio en la tierra mediante la voluntad del hombre. El por qué fue creado el ser humano con capacidad de caer en pecado, siendo que Dios ya lo sabía y lo permitió, y muchas otras preguntas que se suscitan que no tienen respuesta clara en las Escrituras, las dejo para los filósofos, teólogos y discutidores de este mundo. Lo que podemos asegurar es que Dios creó al hombre bueno, con una naturaleza recta y justa, lo vistió de su gloria y le dio su carácter. Sin embargo, la voluntad libre del hombre permitió que escogiera muchas perversiones o artimañas.

La naturaleza del hombre antes de la caída era recta y justa.

EL MILAGRO – Introducción

El milagro de una vida equilibrada - 2

El milagro de una vida equilibrada

Introducción

El hombre actual vive en un mundo sacudido por la desestabilización. La vida se convierte en una pelea por mantener el equilibrio. El ser humano intenta controlarse a sí mismo y sus circunstancias, pero ambas metas le desbordan, fracasa y le convencen de lo imposible de su empresa. Por lo tanto, comienza a adaptarse y acostumbrarse al desequilibrio y los extremismos. Trata de mantenerse a duras penas y conformarse con ir tirando…

         Así  llegamos al acoplamiento en el sistema de este mundo. Nos resignamos al estado de las cosas. Justificamos la imposibilidad de cambios sustanciales con sutilezas mezquinas. La existencia se convierte de esta forma en un buscarse la vida para sobrevivir de la mejor forma en las líneas que traza la sociedad materialista y consumista.

Por supuesto, hay movimientos de rebelión contra el status quo para salir de esos parámetros y explotar campos de libertad y emancipación; pero al final sólo se consiguen nuevos extremismos.

EL HOMBRE NACE DESEQUILIBRADO, con una naturaleza proclive al desorden. Dependemos de los padres para sobrevivir y a la vez queremos hacer nuestros propios caprichos. Deseamos hacer lo bueno pero nos sale lo malo. Queremos amigos, vivir en convivencia, pero una y otra vez surge la pelea y el alejamiento… La naturaleza del hombre está desequilibrada porque nacemos en pecado, con la simiente del diablo, y sin embargo somos criaturas de Dios. La lucha interior entre el bien y el mal nos atormenta la mayor parte de nuestra vida. La confusión y el desorden lo llevamos dentro de nosotros mismos, por consiguiente necesitaremos ayuda del exterior.

NACEMOS DENTRO DE UN MUNDO DESEQUILIBRADO por la propia acción humana. El pecado entró en el mundo por un hombre (Ro.5: 12) y con él la armonía se hizo añicos. Toda la creación sufrió alteraciones por la desobediencia del hombre. El linaje humano quedó muy limitado en su dominio y señorío, lo que aprovechó el diablo para constituirse en el príncipe de este mundo. Hoy  nacemos y vivimos en un planeta que tiene varios miles de años de  historia de desequilibrios, caos, confusiones y desórdenes acumulados. Vamos a necesitar ayuda y auxilio que vengan de arriba.

Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? 

Mi socorro viene de YHVH, que hizo los cielos y la tierra (Salmo 121:1).

LA IGLESIA ESTA INVADIDA POR LOS DESEQUILIBRIOS MUNDANOS. Cada uno de nosotros llega a la iglesia en un estado deplorable de desorden, indisciplina y desequilibrio en diversas áreas de nuestra vida. Si la iglesia local donde nos congregamos no está anclada en la Roca (Cristo y su Palabra), pronto hacemos de ella un campo minado de confusiones, desordenes, indisciplinas y extremismos sectarios y religiosos… Convertimos la congregación de Dios en una extensión del “ruido mundanal” y una ampliación de los sistemas de este siglo. Así la sal pierde su sabor, la luz ya no puede brillar y la mezcla es de tal magnitud que se confunden los pilares fundamentales de la claridad y el orden divino (Is.5:18-23). Llegamos a Babilonia.

La iglesia, por tanto, va a necesitar ayuda para no apoyarse en brazo de carne, sino en el brazo fuerte de YHWH y la Roca eterna de los siglos (Jer. 17:5) (Is.30:1-3) (2 Cr.32:7-8) (Gn.49:24ss.). El Unigénito Hijo de Dios, y su palabra ungida, son la garantía del equilibrio que necesitamos para el hombre, el mundo y la iglesia. Sólo él ha vivido en completo equilibrio en este mundo, aunque “fue tentado en todo, según nuestra semejanza” y venció (Heb.2:18 y 4:15-16). Jesucristo es el equilibrio verdadero para la vida del hombre. Lejos de él las olas nos derribarán. Viajando con Jesús en la barca la tormenta y los vientos se calmarán (Mr.4:35-41). Sólo con Jesús como Guía y Eje de nuestras vidas podremos viajar hacia los diferentes puertos que Dios ha diseñado para cada uno de nosotros (Ef.2:10) (Heb. 12:2).

ALGUNOS DE LOS DESEQUILIBRIOS QUE SE HAN INFILTRADO EN LA IGLESIA DE HOY SON: Sectarismo. Exclusivismo. Hedonismo (cultura del placer y doctrinas extremas sobre la prosperidad y el éxito). Huir de todo tipo de sufrimiento. Manifestaciones de “poder” glorificadas que desplazan la cruz de Jesucristo, su muerte y resurrección. Énfasis desequilibrados y exclusivos en ser los “portadores” de la unción y el avivamiento. Énfasis exagerados sobre verdades importantes que desplazan la diversidad del Cuerpo de Cristo y los dones dados a la iglesia. Suelen ser temas monográficos que impiden el fluir de todo el consejo de Dios. Verdades que, aunque puedan ser parte de la edificación de la iglesia, se convierten en “mono temas”, incluso en obsesiones patológicas.

Por todo ello, pondremos nuestros ojos en Jesús, a través del EVANGELIO DE LUCAS para encontrar las guías que nos conducirán a una vida anclada en el Autor y Consumador de nuestra fe. Jesucristo, el Hombre equilibrado por excelencia, es nuestra garantía de estabilidad. Con toda seguridad encontraremos sorpresas, puesto que en ocasiones lo que para Dios es equilibrio, para el hombre inseguridad; y en otras, lo que es orden y lógica humana para Dios insensatez y locura.

1 – ANTES DE LA CAÍDA

Antes de la caída (3)

Introducción

Hemos iniciado este tema, bajo el título general ¿Qué es el hombre? con la relación que hace el apóstol Pablo del carácter de los hombres en los últimos tiempos. Luego hemos continuado con el carácter de los hombres de Dios, y hemos visto que ese carácter tiene como base fundamental la palabra de Dios, es un hombre de la palabra. Ser un hombre de la palabra es recuperar el propósito original de Dios.

La desobediencia del hombre, en el principio, fue hacia la palabra de Dios. Adoptó una postura independiente, de autodeterminación, ante la ordenanza divina. Volver a la casa del Padre es regresar a las directivas del reino, vivir bajo su autoridad, sometidos a su voluntad y disfrutar de la abundancia de su casa.

En esta tercera serie de nuestro tema queremos regresar al principio. Ver la vida del hombre antes de la caída en pecado y el surgimiento del gran cataclismo que afectó a todas las cosas. El hombre en su estado primigenio. No sabemos mucho al respecto, pero algo sabemos, lo suficiente para darnos cuenta que la caída levantó un gran abismo entre el Creador y sus criaturas.

La caída en pecado trastornó y deformó la vida del hombre y la mujer en su totalidad. La búsqueda del Paraíso perdido ha sido y seguirá siendo una máxima en el corazón del hombre. Algo ha quedado impregnado en el alma humana para que haya anhelado intrínsecamente el regreso a sus orígenes. Se ha especulado, imaginado, argumentado, deseado y buscado de muchas formas y maneras la posibilidad de recuperar el mundo perdido que nunca hemos vuelto a ver y que siempre deseamos encontrar. ¿Cómo era ese mundo? ¿Cuánto tiempo vivió el hombre en ese estado? ¿Por qué se truncó? ¿Cómo es posible que un mundo tan maravilloso incluyera en sus entrañas la simiente de su propia destrucción? Encontraremos respuestas a estas y otras muchas preguntas al adentrarnos, aunque sea por un momento, en los confines del más allá de nuestra era presente.

En esta nueva serie no miraremos al futuro, sino al pasado más remoto. Lo haremos de la mano de las Escrituras, por lo que le pedimos a Su Autor principal, el Espíritu Santo, nos guíe y conduzca en este recorrido hasta donde quiera llevarnos. Nuestra esperanza no está en lo que perdimos, sino en aquel que ha hecho posible su recuperación y regeneración: Jesucristo, el Hijo de Dios, el Alfa y Omega, el principio de la creación de Dios, el Autor de la vida, en el que están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, y en quién estamos completos.

SERIE – 3 / Antes de la caída

Antes de la caída (3)¿Qué  es el hombre?

 Serie – 3

“Antes de la caída”

 

 

NOTA: Iniciaré a partir de ahora la SERIE – 3 que he titulado “Antes de la caída”, para adentrarnos en ese periodo del devenir humano. No son muchos los datos que tenemos en la Escritura sobre este tema pero creo suficientes para saber la tremenda tragedia que supuso dicha caída. La pregunta esencial que pretendemos responder es la que aparece en el texto bíblico: ¿Qué es el hombre?. En las dos primeras series hemos tratado el carácter de los hombres en los últimos tiempos, así como el carácter de los hombres de Dios en ese mismo periodo. En las tres series siguientes, mucho mas breves que las realizadas hasta ahora, veremos al hombre antes de la caída, en la caída, y después de la caída. La totalidad de las series (son 12) que componen este inmenso estudio de más de mil páginas es como un compendio de “El devenir humano desde antes de nacer hasta después de morir”.

Las 15 meditaciones de esta serie que iniciamos ahora se reseñan en el siguiente índice.  Las iré subiendo a la página Web y las Redes Sociales los lunes, miércoles y viernes de cada semana. Espero que las disfrutéis.

ÍNDICE

  1. Introducción
  2. Dios hizo al hombre recto
  3. Hagamos al hombre
  4. A nuestra imagen y semejanza
  5. Y ejerza dominio
  6. Yo os he dado (primera parte)
  7. Yo os he dado (segunda parte)
  8. Y sopló en su nariz aliento de vida
  9. En Edén
  10. Y ordenó Dios al hombre
  11. Una ayuda idónea
  12. Se unirá a su mujer y serán una sola carne
  13. Estaban ambos desnudos
  14. Paseaban en el huerto al fresco del día
  15. De Él y para Él son todas las cosas

Nota: En esta serie he usado la versión de la Biblia de las Américas (LBLA).